A orillas de la vía férrea en la estación Medias Aguas, Acayucan, un grupo de centroamericanos, entre ellos, dos nicaragüenses y un hondureño, ayudaban a un guatemalteco que se bajó del tren a punto del desmayo, porque en su quinto día de viaje no había probado alimento.
Aunque no tenían mucho que ofrecer no dudaron en darle la única lata de atún que los acompañaba.
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“Voy de regreso para mi país porque en el tren me asaltaron y me robaron dos mil pesos, los que van sin dinero no pueden continuar porque los matan”, relató el chapín Juan Miguel Pascual, mientras comía desesperadamente.
El hondureño Juan Ramón Salvador dijo que desde hace tres meses emigró de La Flecha, Santa Bárbara, pero no pudo avanzar a la frontera porque tuvo problemas en el camino ya que las patrullas migratorias fortalecieron los operativos. “No es justo que nos discriminen, no somos delincuentes para que nos traten mal, en estas rutas no somos de ningún país porque sufrimos como hermanos”, manifestó el catracho.
Salvador lamentó que a los migrantes los miren como signos de pesos, porque son asaltados por policías, delincuentes y hasta los mismos transportistas les cobran dos o tres veces más los pasajes que a los mexicanos. “Nos sentimos acorralados y ya no hayamos para donde hacernos porque muchos hacen la fiesta con nosotros. Soy enfermero y maestro de inglés, pero hasta los profesionales no tenemos futuro en Honduras”, expresó.
Llegando a Medias Aguas, una patrulla de la Policía Estatal montaba vigilancia, pero no para capturar a los migrantes, sino para darles protección de algunas bandas que operan en el lugar.
Manuel Saldaña Martínez, comandante de la estación de la Policía Estatal en Medias Aguas, dijo que les dan apoyo a los migrantes para evitar que caigan en manos de bandas que operan en la zona. “La migración de mujeres y niños es muy fuerte, nosotros les damos agua y les decimos cuáles son los cuidados que deben tener en la ruta porque son muchos los peligros”, agregó el oficial.
Pero los migrantes no se fían mucho de los uniformados. Los hechos de un pasado reciente todavía los hacen desconfiar.
Entre 2010 y 2011, el Instituto Nacional de Migración despidió a más de 400 agentes por supuestamente aceptar sobornos, extorsionar a migrantes o no aprobar los exámenes de desempeño.
Más centros y más apoyo
José Antonio Meade, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, afirmó que ante la nueva política migratoria que ha adoptado México, lo que busca el Gobierno federal no es el que los migrantes no pasen por el territorio nacional, sino una visión integral para el tratamiento de esta problemática.
El funcionario dijo que además de una zona de paso hacia Estados Unidos “la gente hace vida cotidianamente en la frontera. Sin ánimo de internarse, pero con ánimo de compartir en lo familiar, en lo empresarial y los negocios”, por lo que se requiere un enfoque diferente de atender esta situación.
En entrevista con la periodista de Televisa, Denise Maerker, el canciller mexicano aseguró que, sin importar la finalidad de la estancia de los migrantes en México, se le tiene que dar atención, brindándoles albergue, atención médica, entre otros servicios.
Para ello se han abierto tres espacios de atención al migrante, y se crearán siete espacios más: dos en la frontera sur y cinco más en la frontera norte. En total hay unos 35 incluidos los de ong. Sin embargo, precisó Meade Kuribreña, dependiendo la situación migratoria de los migrantes, se determinará si son deportados o no, aunque su detención no será precisamente en los centros de atención, pues no son “espacios de fiscalización migratoria”.
El canciller dijo que buscan que se pueda hacer vida de frontera en los límites entre México con Guatemala y Honduras, previo a la identificación de quienes busquen internarse en territorio mexicano.