Más de un centenar de ciudades chinas, incluida Pekín, celebraron este sábado el 'día sin autos' con el objetivo de concienciar a los ciudadanos en la lucha contra la contaminación y el exceso de tráfico, aunque las calles de la capital albergaron los habituales embotellamientos de siempre.
A pesar de la jornada reivindicativa, la clase media china volvió a subir a sus coches para ir a comprar o para viajar, tal como hace habitualmente, sin hacer caso a las recomendaciones de dejar el vehículo en casa.
Algo parecido sucedió en las 107 ciudades chinas que participaron en la jornada festiva, principalmente en Shangai y Wuhan, una gran ciudad industrial en el centro del país.'Es lo mismo de siempre, no veo la diferencia', se quejó Dong Yongjun, un taxista de la capital.
En Pekín y algunas otras ciudades de China, algunas calles se cerraron al tráfico y sólo pudieron circular, el sábado de 7.00 (23.00 GMT) a 19.00, los peatones, los ciclistas, los taxis y los autobuses.
Con el fin de ver la capacidad de regeneración del aire, con vistas a la celebración de los Juegos Olímpicos el próximo año, la capital china llevó a cabo otra iniciativa con mucho mayor éxito: se prohibió la circulación de más de un millón de coches al día durante un periodo de cuatro días.
La gran diferencia fue que esa iniciativa era oficial, con 6.500 policías multando a los infractores, mientras que 'el día sin coches' fue voluntario. A la jornada sin coches se unió otra iniciativa: la semana del transporte público. Se celebró en toda China excepto en la ciudad sureña de Cantón, que cuenta con 10 millones de habitantes y un millón de automóviles.
Las autoridades de Cantón justificaron su negativa a participar en esta iniciativa en el hecho que 'el sistema de transporte público de la ciudad no está preparado para soportar esta presión extra', publicó el Southern Metropolitan Daily.
Muchos cantoneses apoyaron esta decisión con el argumento de que 'el día sin automóviles' es meramente testimonial y su repercusión en el medio ambiente es mínima.
China se ha convertido en uno de los países de mayor crecimiento económico e industrial en los últimos años, a costa de las políticas de conservación del medio ambiente.
Una de las industrias punteras del país es la automovilística. La producción de vehículos en China creció el 32,7% en julio pasado con respecto al mismo mes del año anterior. Esta cifra tiene una doble lectura: por un lado ayuda al desarrollo económico de la nación, pero por otro tiene un alto coste ecológico.
Un estudio de la Administración Estatal de Protección Medioambiental asegura que el 79% de toda la contaminación en China está provocada por los humos de los coches.