31/03/2026
09:26 PM

Margie, una luz de alegría que se apagó

El calor no importó con tal de acompañar hasta su última morada a la joven de 26 años que dejó corazones consternados y sin poderla ver por última vez, ya que su ataúd no pudo abrirse para admirarla.

Mientras su prometido Mark Goldstein era velado ayer en medio de una multitud de personalidades, Margie Gonzales era sepultada por las pocas personas que siempre vieron en ella a la mujer noble, sencilla y sincera de la cual se enamoró el hombre que junto a ella, la muerte se llevó.

El calor no importó con tal de acompañar hasta su última morada a la joven de 26 años que dejó corazones consternados y sin poderla ver por última vez, ya que su ataúd no pudo abrirse para admirarla.

La canción “Want sweet day” o “Quiero un dulce día” de Mariah Carey, su artista favorita, dio la bienvenida a aquéllos que con rosas y globos blancos, lágrimas y dolor indescriptible se reunieron para decirle “te amaremos siempre”.

Remembranzas

Imágenes de la vida de “La reina de los niños”, gracias a su programa de televisión Chiquiclub, revivieron a la Margie que se caracterizó como una mujer intensa, alegre y extrovertida, a quien sus amigos recuerdan como una persona de buen corazón que no devolvió ofensas a aquéllos que la adversaron.

“El que se enoja se envejece rápido”, “qué importa, el mundo no va a cambiar porque la gente mala siempre estará allí”, “no tengo nada que cambiar de mí porque soy feliz y Dios me hizo así”, eran las frases con las que Margie retribuía a quienes intentaron opacar su brillo.

Su única hermana Melanie, su hija Alanis Montserrat, su padre José Rolando y su madrastra Jenny la lloraron inconsolables ayer, así como pocos amigos de la mujer sencilla y orgullosa de sus raíces.

Recuerdos

En la escuela María Argentina Cruz de la colonia El Carmen fue el lugar donde vivió una niñez plena. Ya en secundaria en los institutos San Vicente de Paúl y Patria de La Lima, aquella chica llena de ilusiones y entusiasmo, se volvió el rostro obligado en todos los espectáculos estudiantiles. Su talento para animar, cantar y ser el alma de las fiestas la caracterizaron siempre.

De niña, “inquieta, tremenda, pero muy aplicada en los estudios”, así la recuerda su inseparable hermana Melanie.

De su padre, lo mejor. Era todo para ella. Amigo, consejero, papá, compañero de baile y hasta cómplice de sus sueños, ya que vio en él a la figura materna que la abandonó siendo tan sólo una bebé.

Hace casi siete años conoció al hombre que le transformó la vida hasta llegar a la muerte: Mark Goldstein, un empresario que la amó sin importar la crítica ni la clase social a la cual pertenecía su prometida. Tenían tantos planes juntos.

Ella adoraba jugar tenis todas las mañanas en las canchas del Hotel Copantl, ayudar a los necesitados sin pregonar su altruismo, preparar su programa infantil y disfrutar de la sincera amistad de Natascha Fleischmann de Canahuati.

Margie partiría a Las Vegas, EUA, en abril para celebrar los 50 años de Mark, pero el viaje a la eternidad se adelantó días antes, llevándose estas dos almas que ni la muerte los pudo separar.