28/05/2024
02:03 PM

Marejada deja millonarias pérdidas

Alzando su voz por quienes no la tienen y evidenciando “la pobreza detrás de la minería”, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez se convirtió en el portavoz de la Alianza Cívica por la Reforma de la Minería, para lanzar una campaña ambiental en contra de la explotación minera a cielos abiertos.

Alzando su voz por quienes no la tienen y evidenciando “la pobreza detrás de la minería”, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez se convirtió en el portavoz de la Alianza Cívica por la Reforma de la Minería, para lanzar una campaña ambiental en contra de la explotación minera a cielos abiertos.

El objetivo es que los hondureños envíen inicialmente 100 mil cartas a los ejecutivos de la casa matriz de la compañía minera Entremares, en Nevada, Estados Unidos, solicitándole asumir una serie de compromisos, a fin de evitar nuevos daños como los causados en el Valle de Siria, Francisco Morazán.

El Cardenal hizo un nuevo llamado al Congreso Nacional para prohibir el método de explotación a cielos abiertos y urgió la aprobación de las reformas a la Ley de la Minería.

“Avanzar hacia mayores condiciones de justicia requiere de nuestros gobernantes una actitud solidaria, es decir, una decisión firme para modificar las condiciones en que se explotan nuestros recursos naturales, pero esa decisión debe traducirse en acciones concretas”, señaló el jerarca católico.

Recordó cómo en los últimos seis años ha denunciado con insistencia las injusticias en contra de inocentes, a raíz de las explotaciones mineras, que calificó como carentes de ética.

Cedeño, Marcovia. Pérdidas millonarias se estima que dejaron las marejadas que sufrieron varias comunidades de la costa del Pacífico, entre ellas, la población de Cedeño, donde fueron afectadas unas 698 personas.

De forma extraoficial se dio a conocer que las pérdidas superan el millón de lempiras, pues, además de las casas derrumbadas, se dañaron electrodomésticos y los equipos de pesca de varios pescadores en la zona.

El Comité de Desarrollo Municipal y otros organismos evalúan los daños para tener datos oficiales y gestionar ayuda para quienes sufrieron el impacto.

Hasta el momento se ha hecho presente con ayuda humanitaria la Cruz Roja Hondureña, organización que llevó algunas raciones con artículos de aseo personal y utensilios de cocina.

La Comisión Permanente de Contingencias, Copeco, entregó unas 300 raciones de alimentos, más unas 100 colchonetas y utensilios de trabajo, como palas, guantes y carretas, para que los vecinos limpien sus viviendas.

La Cruz Roja Hondureña llevó brigadas médicas que atendieron a quienes padezcan enfermedades contagiosas, como infecciones en la piel y respiratorias.

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A los afectados de la zona sur no les ha llegado el apoyo del Gobierno, sólo el de los técnicos de Copeco.

Según los datos disponibles, unas 824 personas fueron afectadas en tres comunidades de la costa del Pacífico: Cedeño, El Edén y Los Delgaditos.

Las autoridades de la zona no han logrado controlar la evacuación de quienes están en las viviendas afectadas y corren peligro, incluyendo menores, ancianos y mujeres.

Las autoridades mencionaban usar la fuerza si el mar amenazaba con olas más fuertes, pues no se expondría la vida de los pobladores, en su mayoría niños.

En el informe se dijo que no hay personas en los albergues habilitados porque la mayoría se encuentra en las casas de los familiares no afectados por la marejada.

Juan Carlos Elvir, comisionado de Copeco, dijo que la alerta amarilla declarada para la zona, desde Punta Condega hasta Los Delgaditos, se mantiene por el mal tiempo y se podría extender hasta el 25 de junio.

“Instalamos un contingente de personas, conformado por representantes de varias organizaciones, para monitorear el comportamiento del mar y, si es necesario, las personas deberán ser evacuadas a la fuerza”, dijo Elvir.

Pidió a las autoridades municipales reubicar a quienes están en las zonas afectadas para evitar que otras familias sean perjudicadas por las posibles marejadas.

Dato

Un grave problema en la zona es que la mayoría de la población vive de la pesca y -por el mal tiempo- nadie puede salir a pescar, por lo cual no tienen forma de alimentar a sus familias.