13/05/2026
01:09 AM

Madres solidarias, el rostro del amor y la compasión

Aunque lastimosamente hay madres que abandonan a sus hijos y otras los maltratan, por suerte son más las mujeres abnegadas que trabajan, luchan y sufren por sus vástagos.

Aunque lastimosamente hay madres que abandonan a sus hijos y otras los maltratan, por suerte son más las mujeres abnegadas que trabajan, luchan y sufren por sus vástagos.

Audiogalería: Madres en el olvido

Hoy, en el Día de la Madre, vale destacar esos buenos ejemplos como la historia de Mercedes Garay, una extraordinaria mujer que no sólo ha criado a los que engendró en su vientre, sino también a más de 30 menores a quienes Dios les regaló el amor de esta ejemplar madre.

La labor de Mercedes es digna de admirar, a sus 54 años cuida actualmente a cinco pequeños que sólo se suman a la lista de otros niños a quienes ella ha decidido dedicar su vida.

“Toda la vida me han gustado los niños, ellos son mi fuerza”, expresó Mercedes, quien forma parte del programa Madres Solidarias del Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia, Ihnfa.

Todo empezó en 2001 cuando su esposo y dos de sus hijos se fueron a Estados Unidos.

“Sentí que me estaba quedando sola y una amiga me habló del programa, llené los requisitos y empecé a cuidar a estos pequeños que son como mis hijos”, relató la ama de casa.

Mercedes recuerda uno a uno los nombres de los pequeños que han vivido a su lado, algunos sólo un par de meses y otros se han quedado varios años.

“Ella es Estephany, Carlitos, Brenda, Juan, Lusvin, Miguel, Cristian, a todos les tomo fotos”, menciona mientras muestra un álbum donde guarda las fotografías de los que han vivido en su hogar. Su consuelo es que los niños siempre la llamen vía teléfono y saber sobre sus vidas.

Las despedidas, su tristeza

Aunque los niños se han encargado de llevar felicidad a la vida de Mercedes también le han causado enormes tristezas.

“Cuando nos explican los requisitos para ser madre solidaria nos dicen que no podemos quedarnos con los niños, pero cuando se van es muy difícil y lloro en cada despedida”.

La más reciente partida que sufrió Mercedes fue la de una niña hace unos meses.

“Cuando se llevaron a la niña no podía ni dormir y hasta me quiso dar un derrame porque la empecé a cuidar desde que tenía siete días de nacida y cuando se la llevaron iba a cumplir cuatro”, recuerda acongojada.

El lazo que une a Mercedes y a los pequeños que ha cuidado no tiene fronteras, pues la llaman desde España, Estados Unidos o el país a donde los lleven.

“Mamá”

Para Mercedes todos son sus hijos y para los niños ella es su tía o su mamá. Y aunque a todos los cuida con el mismo anhelo, Lusvin es “‘la niña de mis ojos”.

La menor sufre epilepsia y lleva casi cinco años bajo los cuidados de Mercedes, ella se encarga de llevarla a consulta y comprarle sus medicamentos.

Aunque Lusvin tiene dificultades para el aprendizaje, hay algo que entiende muy bien y es que en cualquier momento puede ser desprendida de los brazos de Mercedes.

“Lusvin ha visto ir a muchos niños y cuando vamos de paseo no quiere ni salir de la casa porque tiene miedo de no regresar”, relató.
Cuando alguien le pregunta a la pequeña por su madre, ella inmediatamente y sin vacilar repite sólo un nombre: Mercedes.

Ella es una verdadera madre en todo el sentido de la palabra. Además de criar a sus tres hijos biológicos adoptó a dos de los más de 30 que han estado bajo su cuidado.

Ellos son Juan y Brenda, ambos ya son mayores de edad y viven con ella. Los dos jóvenes están en el colegio y aman a la mujer que durante muchos años ha sido su única familia.

Aunque Mercedes se considera una madre alcahueta, dice que cuando le toca exigir lo hace.

“Ellos ya no son del Ihnfa, son míos. Yo los aconsejo y les digo que después de que se titulen pueden hacer lo que quieran, pero mientras no”, manifestó.

Según el programa Madres Solidarias las mujeres que cuidan de los niños pueden hacerlo hasta la edad de 58 años. Sin embargo, Mercedes se resiste a dejar de cumplir esta loable labor. “No me quiero jubilar porque quiero cuidar niños hasta que ya no tenga fuerzas”, expresó.

Felicidades en su día

Así como Mercedes, hay muchas madres hondureñas que hoy y todos los días merecen ser amadas y consentidas.

Felicidades a esas abnegadas mujeres que día y noche cuidan y velan por sus hijos. ¡Dios bendiga a las madres hondureñas!
Historia de una merecida celebración

Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.

Los romanos llamaron a esta celebración La Hilaria cuando la adquirieron de los griegos y se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se hacían ofrecimientos.

Los primeros cristianos transformaron estas celebraciones en honor a la Virgen María.

En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que se mantiene en la celebración del Día de la Madre en algunos países como Panamá.

En Inglaterra hacia el siglo XVII, tenía lugar un acontecimiento similar, también a la Virgen, que se denominaba Domingo de las Madres.
Los niños concurrían a misa y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras.

En Estados Unidos, la celebración tiene sus orígenes hacia 1872, cuando Julia Ward Howe, autora del Himno de batalla de la República, sugirió que esa fecha fuera dedicada a honrar la paz, y comenzó celebrando cada año encuentros en Boston, Massachusetts.

Ana Jarvis en 1905 comenzó a enviar cartas a políticos, abogados y otras personas influyentes solicitando que se consagrara el Día de la Madre el segundo domingo de mayo y para 1910 ya se celebraba en muchos estados, así en 1912 logró que se creara la Asociación Internacional Día de la Madre. En 1914, el Congreso de EUA aprobó la fecha como el Día de la Madre y la declaró fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el presidente Woodrow Wilson. Más tarde otros países se adhirieron a esta iniciativa y pronto Ana pudo ver que más de 40 países del mundo celebraban el Día de la Madre en fechas similares. En Honduras se decretó la fecha el 25 de enero de 1927.