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Los Xatruch queman droga en el Bajo Aguán

  • Actualizado: 20 agosto 2011 /

Las operaciones de registro en autobuses y camiones siguieron ayer; aún no han dado con ningún tipo de armamento prohibido.

    Transportados en camiones verde olivo y llevando armas de guerra, cientos de militares y policías ocuparon ayer el extenso y fértil Valle del Bajo Aguán para tratar de poner fin a la violencia entre campesinos y guardias de las fincas invadidas.

    Vea Especial: Terror en el Bajo Aguán

    Unos 600 uniformados bajaron de los camiones y se distribuyeron en grupos para instalar retenes en las rutas de acceso a las verdes fincas de palma africana, algunas de las cuales están ocupadas por los campesinos.

    De cada vehículo que pasaba, los uniformados pedían identificación a sus ocupantes y los hacían bajar para revisar su interior, con el fin de asegurarse de que no llevaran armas.

    “Uno de nuestros objetivos es que no haya más personas muertas entre los campesinos y los guardias de los hacendados”, dijo el comandante de la operación Xatruch, el comisionado de policía Julio Espinal.

    Mientras supervisaba a los efectivos desplegados en este fértil valle cerca del Caribe, Espinal explicó que estos refuerzos incluyen a agentes de la Dirección Nacional de Investigación Criminal, que tratarán de verificar si los campesinos tienen armas de guerra.

    Los campesinos han ocupado varias fincas (unas 4,000 hectáreas en total) como parte de los reclamos de tierra con base en la reforma agraria comenzada en los años 70.

    El Bajo Aguán es también santuario de narcotraficantes que trasiegan droga desde Sudamérica a Estados Unidos, lo que ha ayudado a desarrollar un mercado local de cocaína y marihuana.

    Precisamente, los militares y policías de la Fuerza de Tarea Xatruch ayudaron a funcionarios judiciales a incinerar droga decomisada en los últimos días.

    En las fincas invadidas

    Ante la llegada de los uniformados, campesinos del Valle del Bajo Aguán dicen que aguardan con temor las acciones en la zona para frenar la ola de violencia por disputas de tierras, que han dejado once muertos esta semana y más de 50 en los últimos meses.

    Los militares y policías “no vienen a hacer nada en favor de nosotros; vienen a proteger los delincuentes” (guardias de los terratenientes), declaró el portavoz del Movimiento Unificado Campesino del Aguán, MUCA, Vitalino Álvarez.

    “Ellos no vienen a hacer nada en favor de nosotros, sino a ayudar a los sicarios de los terratenientes, a matar gente”, aseveró Pedro García en la comunidad de La Confianza, un asentamiento en medio de los cultivos de palma del Bajo Aguán.

    Los campesinos han invadido algunas fincas en las que han establecido sus hogares.

    Un ejemplo de ellas es La Confianza, dominada por chozas con techo de paja seca; tiene una escuela en una tienda de campaña con el techo de lona azul, así como una capilla católica y otra evangélica.

    Como consecuencia de la ocupación de tierras, guardias armados de los terratenientes protegen las otras fincas.

    Según las autoridades policiales, los campesinos, agrupados en el MUCA y otras organizaciones, están armados hasta los dientes, incluso con fusiles AK-47, y han sido entrenados militarmente por “infiltrados” venezolanos y nicaragüenses.