Ser jurado en un concurso de fotografía tiene sus bemoles. Algunas veces ve uno imágenes que impactan de lleno en el centro de la envidia propia y lo primero que uno piensa es: ¿por qué no tomé yo esta foto?
Bien, eso me pasó ahora (y repetidamente debo confesarlo) en la selección de las fotografías ganadoras del concurso promovido para celebrar las bondades y armonías naturales del parque nacional La Tigra.
A Dios gracias, la responsabilidad la compartimos con Paúl Martínez y Rubén Montoya y entre aplausos espontáneos y satisfacción por ver el surgimiento de nuevos valores de la fotografía, logramos terminar una jornada que más que maratónica, fue altamente placentera (ver buena fotografía hondureña es siempre un placer).
El evento fue organizado por Javier Maradiaga, un reconocido biólogo con una pasión por la fotografía y el registro documental de la vida silvestre. Uniendo esfuerzos con Amitigra, la organización encargada del manejo y protección del parque, lograron crear las bases del concurso al que llamaron “Buscando la armonía”.
Cerca de medio centenar de fotógrafos participaron. Tres categorías se abrieron buscando dar participación a diferentes autores con diferentes intereses temáticos. Y puedo decir que ha sido la mejor producción fotográfica sobre un parque nacional que he visto en los últimos años en toda Honduras.
La Tigra es un espacio maravilloso donde la vida salvaje y los escenarios idílicos se encuentran siempre ahí, a la espera de ser registrados en el alma y en el papel.
Sus aportaciones en oxígeno, agua y panorama escénico son vitales para todos los capitalinos y las otras 60 a 70 comunidades que viven en sus alrededores.
Este parque nacional fue la primera área natural protegida por Ley en Honduras, en la década de los años 50 y aunque es un parque relativamente pequeño en extensión geográfica (si se compara con la Biósfera del Río Pátano o Pico Bonito), tiene una historia minera que lo caracteriza y que lo vuelve único en el país.
En 1877, gracias a los intereses particulares del doctor Marco Aurelio Soto, presidente de la República, en la Rosario Mining Company, se le adjudicó a la compañía una concesión que terminó en 1954. Aquí se estableció la primera embajada de Estados Unidos, la primera planta eléctrica del país y la primera embotelladora de refrescos de cola en toda Centroamérica: Pepsi.
Gracias a concursos como estos, ahora Amitigra tendrá suficientes imágenes para continuar promocionando (y protegiendo) las bondades naturales del bosque nublado; un ejemplo digno de ser imitado a lo largo y ancho de todos los parques nacionales y áreas protegidas del país.
Pero más importante aún es el hecho de confirmar a la fotografía y a los fotógrafos como verdaderos creadores estéticos con vocación de protección a la naturaleza.
En este caso específico, todos ganamos. Felicidades a todos los fotógrafos que participaron; en realidad, ustedes ven con el corazón.