21/05/2024
12:01 AM

La maldición de los Fajardo

El temor de que les abarque la maldición del misionero Manuel de Jesús Subirana, mantiene en vilo desde hace siglo y medio a toda una familia de Trinidad, Santa Bárbara.

El temor de que les abarque la maldición del misionero Manuel de Jesús Subirana, mantiene en vilo desde hace siglo y medio a toda una familia de Trinidad, Santa Bárbara.

Cuenta la historia que fue allá por el año de 1857 cuando el religioso español llegó con la Santa Misión a esta comunidad y habría lanzado aquella imprecación contra Leandro Fajardo y todos sus descendientes hasta la quinta generación.

Hay varias versiones de lo que sucedió en esa ocasión en la pequeña comunidad formada por familias descendientes de españoles, entre ellas los Fajardo, según relatan vecinos como el profesor Luis Fajardo.

El misionero escogió como su sede la comunidad de Trinidad, para poder realizar su trabajo de evangelización que abarcaba también las comarcas vecinas, como Chinda, Ilama y Concepción del Norte. Eso significaba que los misioneros viajaban a lomo de mula a esas comunidades y luego regresaban a Trinidad.

/home/laprensa/imagenes/fotos/2006/interiores/16640.jpg

El escritor Iván Fajardo se ha dedicado a recopilar la genealogía de la familia Fajardo.

En el tiempo

Leandro Fajardo era un hombre irreverente, muy rico y con fama de ser implacable.

Dicen que cierta vez le metió fuego a unos predios cultivados, dejando sin su patrimonio a muchas familias. Cuando llegó la Santa Misión alguien le sugirió que pasara por la iglesia para que recibiera la bendición de Manuel de Jesús Subirana.

Leandro soltó unas palabras que tal vez fueron las que hicieron que se ganara la maldición. “Mejor díganle al sacerdote que me bendiga y me confiese un novillo que voy a destazar el Viernes Santo”, habría sido la contestación que dio Fajardo.

Hay quienes aseguran que tuvo el atrevimiento de llevar el animal hasta el templo en el momento en que el padre oficiaba la misa, para que le diera los sacramentos. Fue entonces cuando Subirana indignado sentenció contra el sacrílego: “Serás maldito tú y tus descendientes hasta la quinta generación”.

Esa maldición abarcaría a descendientes directos de Leandro que todavía viven en la comunidad, como el escritor Iván Stanley Fajardo. “Yo soy su bisnieto, es decir que soy de la cuarta generación”, dice.

Una de las versiones que más cree el profesor Iván es que aquella supuesta maldición vino de una desavenencia que tuvo su bisabuelo con el padre Subirana.

Resulta que Leandro le alquiló al religioso unas bestias de su hacienda para que los misioneros fueran a evangelizar a los pueblos vecinos, con la condición que le pagara el alquiler a los tres días.

Cuando se cumplió el plazo el misionero le pidió otra oportunidad al hacendado para pagarle, pero éste como respuesta mandó a recoger sus animales, pues era hombre de una sola palabra como son los Fajardo, explica el maestro.

De allí habrían venido otros hechos como el del novillo que Leandro llevó a la iglesia. En esa oportunidad, el misionero también le habría profetizado que si destazaba la res no podría vender su carne, ni siquiera se la comerían los animales de la tierra ni del mar. Dicen que Leandro terminó lanzando la carne a un río.

Iván manifiesta que él no ha sentido el peso de la supuesta maldición, aunque sí el de los comentarios de toda la comunidad que ha ido condimentando con agregados el acontecimiento a través del tiempo.

Incluso, cuando hace 37 años, fue a pedir a la que hoy es su esposa, un sacerdote que iba dentro de la comitiva, le advirtió a la novia, entre broma y serio: “Tenga cuidado que es descendiente de Leandro Fajardo”.

Hay familiares que dicen estar fuera del alcance de la maldición, porque Leandro pertenecía a otra rama del árbol genealógico de los Fajardo, pero la generalidad coincide en que el linaje es el mismo.

Para su tranquilidad, si es que tiene temor de ser víctima de la imprecación del padre Subirana, deben saber que la misma va dirigida únicamente a los descendientes en línea directa de Leandro, manifestó Iván. A la familia de él, solamente le falta una generación para quedar libre de aquella premonición que se cuenta de generación en generación.

Relatos

Leandro Fajardo tenía la cualidad de ser un hombre de una sola palabra, dicen algunos de sus descendientes.

/home/laprensa/imagenes/fotos/2006/interiores/16641.jpg

La iglesia de Trinidad comenzó a construirse en 1885 y fue terminada en 1912. Enfrente está una cruz de ocote fino que data de hace dos siglos.