09/01/2026
12:01 AM

'La literatura me dio identidad hondureña”

Es catalogada por algunos como “la madre de las letras hondureñas”. Helen Umaña, quien se ha convertido en una especie de arqueóloga de la literatura nacional, aprendió a vivir entre dos países a raíz de la política represiva que predominó en Centroamérica en la década de 1980.

Es catalogada por algunos como “la madre de las letras hondureñas”.

Helen Umaña, quien se ha convertido en una especie de arqueóloga de la literatura nacional, aprendió a vivir entre dos países a raíz de la política represiva que predominó en Centroamérica en la década de 1980.

Su venida a Honduras, 1981, la devolvió a las raíces de la patria de sus padres, quienes en 1944 salieron exiliados hacia Guatemala.

Es catedrática en el Centro Universitario Regional del Norte, Curn, en la carrera de letras y los fines de semana viaja a su casa en Guatemala para visitar a sus hijos y nietos.

Como proyecto cumbre planea escribir la historia de la literatura hondureña, un trabajo planeado a 10 años.

¿Cuéntenos sobre sus padres y su exilio?

Por datos que me dio un tío sé que después de la masacre de 1944 en San Pedro Sula, los liberales que vivían en Ocotepeque se sumaron a la protesta.

Mi papá era muy joven y demostró su rechazo. Eran tres hermanos, dos se fueron para El Salvador y mi papá a Esquipulas, Guatemala.

Él era maestro en la aldea de La Encarnación, allí conoció a mi mamá, quien era originaria de Siguatepeque.

Se casaron y soy la primera hija del matrimonio.

¿Qué recuerda de su padre?

Era progresista y por eso salió exiliado.

Cuando la situación política mejoró decide quedarse allá pues ya tenía un negocio.

Fue el primero en llevar el cine a Esquipulas y otros inventos modernos.

De allí nace mi pasión por el cine.

¿Cómo afecta su vida la vitalidad de su padre?

Siempre estaba al día con algunas revistas como Life, Bohemia o Selecciones.

A la casa llegaba un periódico de mucha prosapia llamado “El Imparcial”, el cual tenía una sección muy importante, una página literaria dirigida por el poeta César Braña.

¿Desde niña le gustó la lectura?

Me fascinaba la página literaria. Aún recuerdo títulos de artículos que me gustaban.

A veces no entendía mucho, pero así conocí a Gabriela Mistral o escritores de Guatemala y nunca pensé que me iba a dedicar a eso.

Yo tenía nueve años y cuando llegaban las cinco de la tarde estaba ansiosa de leer el periódico.

Recuerdo incluso que mi papá me castigaba porque extendía la página en el mostrador, llegaba un cliente y yo no lo oía, entonces él me daba mis nalgadas.

¿En algún momento dudó sobre qué estudiar?

Vacilé entre la historia y la literatura. Pero no tuve dudas de mi vocación humanística.

¿Cómo conoció a quien luego sería su esposo?

En la Universidad de San Carlos cuando ingresé a una asociación católica, un frente estudiantil con orientación socialdemócrata, dentro de la línea de la teoría de la liberación.

Por cierto, quien estaba muy vinculado a ese frente es el actual cardenal Rodolfo Quesada Toruño, él nos casó.

Mi esposo ha sido una persona amorosa y solidaria.

Hemos llegado a conquistar una especie de amistad luego de más de cuarenta años de casados.

En 1981 sale exiliada de Guatemala, ¿por qué?

Yo era profesora de la Universidad San Carlos, tenía ocho años de trabajar en la facultad de humanidades.

La violencia terrible del general Romero Lucas García se dirigió a tres focos principales, una de ellas era esa universidad. Con sólo asumir una postura consecuente era motivo para estar en peligro.

¿Fue amenazada?

Concretamente no. Dos meses antes de mi salida hubo signos que me alertaron. Yo trabajaba en un boletín de denuncia, era legal, no de proclama guerrillera, pero usted no podía denunciar secuestros ni asesinatos.

Cuando secuestraron y mataron a una periodista amiga mía, pensé que probablemente seguiría yo. No esperé el golpe.

¿Viajó alguna vez a escondidas a Guatemala?

No. Conocía bien el medio, la represión era tan brutal que si no tenía conciencia hubiera sido mujer muerta. Fueron años duros, mi hogar se fragmenta.

Mi esposo Francisco jugó un papel importante porque me iba a ver a la frontera con mis hijos.

Me llevaba los cuadernos para que yo viera cómo iban en sus clases y ellos me mandaban hasta fotografías de las flores.

¿Pensó en algún momento traer sus hijos a Honduras?

Me dolió tanto la separación de Guatemala que no quise someterlos a ese impacto de pérdida de su patria.

Ahora valoro esa decisión, aunque fue duro.

¿Se siente una mujer con dos patrias?

Sí. Me formé creyéndome guatemalteca, no olvido esa deuda. Cuando vine no me consideraba de este país.

La conciencia de formar parte de una comunidad la adquiero hasta que me vengo aquí y empiezo a leer a sus autores.

La literatura me dio sentido de identidad hondureña.

¿Por qué decide refugiarse en Honduras?

En su lecho de enfermo mi padre me decía: “váyase a Honduras, allá le va a ir bien”.

Trabajar por este país es una manera de honrarlo y decirle “no te equivocaste”.

¿Helen Umaña es reconocida como la voz más autorizada en las letras hondureñas?

Creo que es una exageración.

Para no creerse mucho uno no debe perder la perspectiva de lo que hacen otros en diferentes áreas.

Mi trabajo es un acto de justicia.

Me siento satisfecha de que mis libros le hagan ver a los lectores que hubo un fulano que escribió y que su obra es valiosa por tales o cuales razones.

Usted ha realizado un trabajo nunca hecho en la literatura hondureña, es como una arqueóloga, ¿ha sido difícil esa labor?

En Honduras no tenemos fuentes para investigar. He ido a la Biblioteca y al Archivo Nacional y uno se da cuenta de la pobreza de nuestras instituciones oficiales.

Mi trabajo ha sido una especie de calvario en el sentido de que uno debe andar rogando.

Falta una institución que se agencie las obras de los autores nacionales y las ponga al servicio de los investigadores.

En la carrera de letras de San Pedro Sula, cuando escucho decir clase de investigación literaria me parece ridículo.

Qué van investigar los alumnos si no hay dónde hacerlo.

Ganan el curso, pero en realidad no hay tal investigación.

¿Ha encontrado los mismos problemas para sus demás investigaciones?

Sí. He realizado mis trabajos porque he encontrado personas generosas que me han abierto sus bibliotecas.

Un investigador no debe andar pidiendo de por favor a gente privada que le permita sus libros, hablo del patrimonio hondureño.

En una entrevista usted dijo que antes de viajar dejaba instrucciones a su hija Isabel sobre la publicación de sus trabajos, ¿teme a la muerte?

Adquirí conciencia de la muerte, pero no en un sentido opresivo o como una carga.

Mi sentido de la muerte es diferente. Me indica que debo seguir trabajando.

El año pasado hubo rumores de que Helen Umaña se jubilaba...

Sí. Sólo espero cumplir 25 años de trabajo en la universidad.

Los cumplo el año entrante. Pero no veo mi jubilación como un descanso, quiero hacerlo porque desde San Pedro Sula no puedo investigar.

Para mí es un sufrimiento pedir permiso para ir a Tegucigalpa porque sólo allá hay hemeroteca y está el Archivo Nacional.

Pondré mi renuncia, no para ir a Guatemala, sino viajar a Tegucigalpa y realizar mi proyecto de vida.

Es muy ambicioso, no lo puedo hacer desde aquí y podría tardar 10 años.

¿Cuál es ese proyecto?

La historia de la literatura hondureña.

¿Qué esperamos de Helen Umaña para este año?

Tengo cuatro proyectos. Un libro sobre el micro-relato en Honduras, lo tiene la editorial para hacer el presupuesto.

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La escritora es apasionada a la cocina y disfruta prepararles alimentos a sus nietos.

Un texto sobre la poesía hondureña, probablemente se titulará “La palabra iluminada”, frase tomada del poeta Antonio José Rivas; pero para publicarlo necesitaré el financiamiento de una institución educativa porque son más de 800 páginas.

En un 90 por ciento tengo “La historia de literatura infantil en Honduras”.

Y otro, la parte hondureña de un diccionario de autores que va a publicar la Universidad de Costa Rica.

Algunos consideran que es demasiado condescendiente con ciertas críticas...

Si hago un panorama general de la novela, incluiré hasta los malos libros.

Pero mis textos no son la última palabra, sino un punto de partida.

Antes de mi libro sobre la novela, la mayoría creía que los autores en este género no pasaban de cuarenta.

Más que una crítica taxativa son un panorama de lo producido en el país, doy líneas generales.

Este trabajo se me ha reconocido en el extranjero.

Extractos

Génesis

“La página literaria de El Imparcial fue mi primer acercamiento a la literatura. Recortaba los artículos y los pegaba en un álbum. Estoy en deuda con esa página literaria”.

Trabajo

“Todos los nueve hermanos ayudábamos en el negocio de mi papá. Eso fue fundamental porque me acostumbré a trabajar desde pequeña”.

Flores

“Era apasionada de las azaleas, pero cuando salí al exilio se me descuidaron. Mi casa era una explosión de color. Cuando me jubile voy a retomar esa pasión por las flores”.

Recuerdo

“En cuarto grado tuve un periodiquito impreso que se llamó ‘Adelanto cultural’. Desde allí tenía inquietud por transmitir lo que conocía”.

Inagotable

“Mis hijas dicen que soy trabajonómana. Para mí la felicidad está cuando estoy escribiendo. Puedo decir que no tengo vacaciones”.

Infancia

“No me considero una mujer con una infancia de amargura. Mis papás eran un matrimonio bien constituido y todos estábamos en el negocio de mi papá y eso nos daba sentido de unidad familiar”.

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La vida de Helen Umaña gira en torno a la literatura y es una de las autoridades de las letras hondureñas.

Sus frases

“El periodismo es vital como elemento que va a despertar en una cantidad de personas inquietudes hacia el arte y la literatura. Deberían tener un suplemento cultural”.

“Empecé a coleccionar libros hondureños hace veinte años. Antes sólo compraba lo que me gustaba, ahora compro lo bueno y malo”.

“En San Pedro Sula urge una institución que, si no le da el libro al ciudadano, le dé una fotocopia o un microfilmado”.

“Para mí un día satisfactorio es cuando ingreso algo a la computadora. Cuando no escribo ni una línea siento culpa”.

“El arte tiene que ver con el gusto particular. A veces la crítica le dice que ciertos autores son grandes, pero a usted no le dicen nada, emocionalmente no son de su subjetividad.”.

Su perfilNombre: Helen Umaña.

Profesión: Licenciada en literatura.

Lugar y año de nacimiento: La Encarnación, Ocotepeque, 1942.

Estado civil: Casada.

Esposo: Francisco Aguilar.

Hijos: Francisco, Amílcar, Cecilia e Isabel.

Al vuelo

Cultura: Motor de desarrollo integral.

Literatura: Un valor estético.

Patria: Trabajo por ella.

Juventud: La esperanza de este país.

Catedrática: Voluntad de trabajar bien.

Virtud: El trabajo.

Libros: Pulmones para existir.

Sueño: Una biblioteca

pública para San Pedro

Sula.