Comentan ancianos de la ciudad de Siguatepeque que hace muchos años ocurrió un hecho sobrenatural en una casa que posteriormente se convirtió en mercado. José Trinidad y su familia alquilaron una vieja vivienda ubicada donde hoy se levanta el mercado municipal. él, su esposa y sus dos hijos adolescentes comenzaron a instalarse.
Don José se dedicó a colocar las cortinas en el baño y mientras ponía un recipiente para los cepillos dentales sobre el lavamanos escuchó que las cortinas se corrieron sobre el tubo metálico del baño. Pensó que era su imaginación y no le dio importancia al suceso.
Doña Lencha colocó la ropa de cama en su habitación. Con un trapo húmedo limpió la mesita de noche y colocó sobre ella un pequeño florero. Se fijó en que las almohadas estaban caídas en el suelo. Estaba segura de haberlas puesto bien en la cama, pero su esposo pensó que no las había colocado bien y no le dio importancia a lo sucedido. Cuando se habían instalado completamente, las cosas marcharon bien y no hubo más incidentes raros.
Una noche, las gallinas armaron un gran alboroto, la señora se levantó y despertó a los hijos.
-Lleven el rifle y la luz. Hay un guazalo en el gallinero.
Los muchachos y el papá rodearon el gallinero y alumbraron por todos lados. No había ningún agujero por el que pudiera meterse un guazalo.
-Aquí no hay nada, papá -dijo Paco, el hijo mayor-. Ya conté las gallinas y están completas. De seguro algún animal se asomó por la tela metálica y las asustó.
Siguió corriendo el día y mientras doña Lencha preparaba una sopa sintió una respiración detrás de su cabeza.
-Ya venís a fregar, Trino. Déjame ponerle las verduras a la sopa.
Al darse vuelta sintió un ligero estremecimiento porque su esposo no estaba ahí. Cuando le metía leña al fogón, alguien invisible sopló las brasas y las chispas que se levantaron casi le queman el rostro a la señora, que de inmediato se puso a bajar todos los santos del cielo.
Sus hijos Paco y Rony y su esposo estaban trabajando la tierra y Rony preguntó:
-Paco, ¿vos me agarraste el azadón?
-No -respondió Paco-, debe estar debajo de ese ocote.
Cuando Rony iba a buscar el azadón, el instrumento de labranza apareció bajo sus pies. Se confundió un poco, iba a decir algo y prefirió callar. Al mediodía regresaron a la casa, sintiendo el delicioso aroma de la sopa.
Todo estaba normal durante el almuerzo hasta que sintieron que alguien caminaba sobre el techo y quebraba las tejas. Los hombres salieron a ver quién era el responsable y pensaron que encontrarían las tejas despedazadas, pero no fue así: estaban intactas. El asunto se tornó serio cuando don José Trinidad les habló a sus hijos y a su esposa.
-Desde que nos pasamos a esta casa he sentido la presencia de personas invisibles. Cuando almorcemos vamos a ir a pedirle consejo al padre de la iglesia. Aquí hay algo malo, muy malo.
De inmediato todos contaron qué les había sucedido y haciendo la señal de la cruz se prepararon para ir a la iglesia.
Al cerrar la puerta principal de la casa escucharon unas risas burlonas que los obligaron a ir más deprisa a la iglesia. Le narraron al sacerdote lo sucedido y éste, al conocer la dirección de la casa, comentó:
-Ya sé dónde están viviendo. Esa casa está maldita. Allí vivieron unas personas que se dedicaban a practicar magia negra, hasta que un día llegó un hombre al que se supone que le habían hecho una brujería. Desenfundó su pistola y los mató a todos.
Luego abandonó la ciudad. No se preocupen y espérenme para ir a bendecir la casa y pedirle al creador que esos fantasmas desaparezcan para siempre.
A las cinco de la tarde se encontraban todos en la casa y el sacerdote sacó de un maletín una Biblia y un bote con agua bendita y comenzó a bendecir la casa. Puertas y ventanas se cerraron y una niebla apareció dentro de la vivienda y una voz ahuecada dijo:
-¿Por qué te metes con nosotros, infeliz? Todos ustedes van a morir.
El sacerdote le pidió a la familia que se colocara detrás de él y comenzó a decir en voz alta:
-En el nombre de Dios todopoderoso les ordeno, engendros del infierno, que busquen su lugar y dejen a esta familia en paz. Y tú, el que hablas, recibe la bendición del espíritu santo.
Acto seguido, el sacerdote lanzó el agua bendita al sitio de donde provino aquella terrible voz, se escucharon lamentos y, mientras las puertas y ventanas se abrían solas, la casa agarró fuego.
Salieron precipitadamente a la calle, mientras las llamas consumían el inmueble.
En aquel barrio se sintió un olor fétido que provenía del incendio. En pocos minutos, la casa fue pasto de las llamas y todos dieron gracias a Dios por lo sucedido.
Luego se vio la solidaridad de los vecinos; le prestaron su ayuda económica a la familia, que al día siguiente abandonó la ciudad de Siguatepeque. Muchos años más tarde, en aquel solar baldío fue construido el actual mercado, donde se asegura que por las noches se oyen lamentos.