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Infractores de Renaciendo planeaban ejecutar matanza

  • 19 febrero 2016 /

Tegucigalpa, Honduras.

Permanecer las 24 horas del día sin hacer nada productivo para su vida, más que dormir, comer y hacer sus necesidades fisiológicas han causado estragos en los internos, al grado de llegar a planificar una matanza en el centro de internamiento para menores infractores Renaciendo en el valle de Támara.

Fuentes ligadas a la “correccional” revelaron ayer que los pandilleros de la 18 habían planificado la matanza desde hace varios días en venganza al asesinato de tres de sus compañeros el 23 de agosto de 2015.

Este centro tiene una población de 152 internos, de los cuales 74 son integrantes de la pandilla 18; de la banda los Chirizos son 27, y el resto se divide entre los miembros de la banda El Combo que no se deja y los denominados Cristianos o Paisitas, es decir, expandilleros.

La fuente reveló que el jueves, día del amotinamiento que dejó la muerte de Milton Martínez (17) alias Colocho, Yery Portillo (17), el Chele Fuga, y ocho menores resultaron con heridas de bala y de arma blanca fue algo planificado por la pandilla. Sin embargo, el macabro plan no solo incluía el asesinato de los dos Chirizos, sino de los 27 integrantes de esa banda criminal. “Ellos convencieron a los del Combo (que no se deja) y a los cristianos para que los apoyaran y lo hicieron, es por eso que todos están encerrados en ese pabellón y nadie puede entrar”, dijo la fuente.

En total son 125 infractores los que se aliaron para matar a los Chirizos.

Foto: La Prensa

El Estado tiene bajo su cuidado 304 menores infractores.
Embestida

El día de la reyerta, los pandilleros aprovecharon que en las instalaciones se realizaba una jornada de evangelización por parte de varios miembros de una iglesia evangélica, por lo que los parlantes estaban en volumen alto y comenzaron a lanzar piedras al pabellón donde permanecían los Chirizos.

El reloj marcaba las 12:00 m cuando los pandilleros abandonaron su pabellón y sin dejar de lanzar piedras ingresaron al de los Chirizos, adonde antes estuvieron ellos manteniendo el control por más de cuatro meses.

Durante ese tiempo ellos tenían en su poder armas de fuego que al ser sacados del lugar y trasladados a donde permanecen actualmente dejaron escondidas sin que las autoridades lograran encontrarlas a pesar de hacer trabajos de reconstrucción del centro.

En ese entonces, los jóvenes reclusos destruyeron la cocina luego que les lanzaron sapos muertos a las cocineras y destruyeron las paredes internas dejando agujeros en todas las paredes para poder moverse libremente sin tener que usar las puertas.

El jueves, durante la reyerta mientras algunos de los pandilleros lanzaban piedras junto con sus aliados, otros se dirigieron a los lugares adonde tenían ocultas las armas de fuego y las sacaron disparando en contra de sus rivales. Al ver a los más de cien jóvenes que los atacaban, los 27 menores comenzaron a correr y gritar pidiendo auxilio, por lo que el personal administrativo y de seguridad rápidamente abrió los portones para que salieran del lugar, aun así algunos recibieron heridas de bala y otros de armas blancas.

En el caso de los dos muertos: uno murió devarios disparos y otro fue atrapado por varios pandilleros que lo asesinaron a pedradas, al grado de destruirle el cráneo y dejarlo irreconocible.

Los cadáveres de los dos menores quedaron a una distancia de unos 50 metros uno del otro, según fuentes del lugar.

De inmediato, los agentes Cobras y de las Fuerzas Armadas que resguardan el perímetro exterior ingresaron para tratar de controlar la situación, por lo que los atacantes se resguardaron en su pabellón junto a sus aliados.

Foto: La Prensa

Por medio del decreto se les asignó un presupuesto de ocho millones de lempiras para atender a los centros de menores.
Sin control

A más de 24 horas de ocurrido el ataque, las autoridades del centro de internamiento no habían logrado ingresar al pabellón adonde permanecen los 125 aliados.

“Solo hemos podido entrar para darles la comida y luego salimos”, dijo.

Los infractores mantienen el control del lugar, pues nadie puede entrar sin su permiso y tampoco lo hacen porque están armados.

La ingobernabilidad en el lugar llega al grado que los pandilleros caminan por el techo del establecimiento, y se sientan en el muro perimetral de su pabellón y vigilan los movimientos de las autoridades civiles, policiales y militares.

Los Chirizos permanecen en una carpa colocada en la entrada del centro adonde mantienen el resguardo de policías y militares. Sin embargo, esta medida de prevención fue condenada por algunos representantes de Derechos Humanos, según empleados del lugar. “Ellos dijeron que los ‘niños’ no pueden estar en esa carpa, que no son las condiciones adecuadas y que deben regresarlos al pabellón”, mencionó la fuente.