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Honduras: muere ‘pulmón’ sampedrano

  • Actualizado: 21 febrero 2011 /

La montaña del merendón ha sido descuidada. Lea los beneficios que los sampedranos perdemos al no cuidar este hermoso recurso natural.

Agua… agua por doquier. El líquido brota cuando se escarba un pie de profundidad a pesar de las numerosas laderas con inclinaciones de hasta 140 grados. Más allá está la exuberancia de las montañas, montañuelas y los inmensos cultivos de maíz, papaya, café y cardamomo.

En un par de meses vendrán los frijoles, el plátano, patastes, malanga, yuca y la caña de azúcar con sus moliendas para fabricar el dulce de panela y la cachaza.

La montaña de El Merendón da de todo y para todos. En medio de la neblina de las diez de la mañana parece una simiente eterna, basta sólo tirar la semilla y el fruto brota alegre y fuerte.

Estábamos cerca de la cúspide de la cordillera que nace en Ocotepeque y corre por Copán, Santa Bárbara y pareciera que se lanza al mar Caribe a inmediaciones de Omoa, Cortés. Hay quienes que afirman que las Islas de la Bahía formaron parte de ella.

También estábamos contemplando la cara que la montaña no muestra hacia el oriente, hacia San Pedro Sula, Choloma, Puerto Cortés y decenas de comunidades cuyos habitantes se nutren, por ahora, de sus inagotables fuentes de agua. Éste es el antifaz que pocos conocen.

Abrir el grifo del baño, darle vuelta a la perilla del sanitario, regar los frutales del patio, lavarse las manos… ese milagro se lo debemos a El Merendón, una región que ocupa cerca de 40,000 hectáreas, con una población difícil de calcular pero que oscila entre 70,000 personas, con vías de acceso difíciles, incluso con vehículos todoterreno, y con agua que corre y se precipita abajo entre los peñascos.

Hay aquí pocos centros de salud, muy mal dotados y atendidos por enfermeras. Aunque no hay estudios sobre el desarrollo humano, su valor debe estar muy por debajo de la media nacional de Honduras que para 2006 era de 0.664.

En el campo de la educación existe tanto un déficit de escuelas primarias como de maestros. Los niños deben recorrer varios kilómetros todos los días para acudir a las aulas y muchas veces no asisten los educadores por falta de incentivos. Cuando hay maestro, éste practica un plan básico de enseñanza que permite una cultura general, pero no un aprendizaje completo.

Por supuesto, no hay colegios secundarios, lo que de alguna forma obliga a los jóvenes a trabajar dentro de la unidad familiar o -como suele ser más frecuente- emigrar de la zona, primero a San Pedro Sula y después a otros destinos más lejanos.

Pero cuando las familias emigran hacia lugares más poblados por falta de trabajo, otros llegan en busca de la vida, ya sea de los departamentos de Santa Bárbara, Copán, Lempira y el sur del país. El fragor de las maquilas es para los jóvenes adolescentes como la miel a las abejas, dejando arriba a los abuelos, padres y hermanas.

Los objetivos de las instituciones encargadas de proteger El Merendón es complementar la enseñanza actual con una semiprofesionalizada, dirigida a formar a los alumnos en la tecnología necesaria para el aprovechamiento primario de la tierra y características propias del lugar para lograr la sostenibilidad del sistema y la mejora del medio ambiente. ¿Cuándo ocurrirá? Aún no se sabe y sabiendo cómo se trabaja en Honduras quizá llegue cuando las fuentes de agua y los rumorosos árboles se hayan agotado.

Problemas más comunes

El uso inadecuado de recursos como el agua, el suelo y el bosque ha generado efectos ambientales, económicos y sociales, como ocurre en casi todas las zonas protegidas. Es muy común, en este caso, que haya efectos como deforestación, más para leña, pérdida de suelo, disminución de la biodiversidad, escasez y contaminación de las aguas por el uso de agroquímicos.

En los países subdesarrollados se producen grandes flujos migratorios hacia o desde las ciudades que son el resultado de crisis económicas, guerras, falta de recursos, alta densidad de población, etcétera. Las cantidades de población hacia las grandes ciudades motivan que la periferia de éstas se degraden debido a que tienen que satisfacer las necesidades de leña y agua de todos los habitantes, por lo que la frontera urbana va extendiéndose más y más.

La emigración hacia las ciudades de gente proveniente del campo en busca de una forma de subsistencia a partir de actividades de tipo agropecuario, o simplemente el desarrollo demográfico producido, causan que la frontera agrícola vaya extendiéndose de forma incontrolada en detrimento de la flora y la fauna.

La situación se agrava si consideramos que la gran mayoría de la población practica actividades agropecuarias de subsistencia, poco eficientes productivamente y muy dañinas para el ambiente, y más si consideramos la fragilidad de los ecosistemas en los que se producen.

País montañoso

En Honduras, un 85% del territorio tiene características de ladera o montaña, donde vive el 60% de la población, o sea que hay un escaso terreno para la agricultura.

Esto, unido a las malas prácticas agrícolas, causa, no sólo un bajo rendimiento en la producción sino un daño irreparable en el ambiente.


El uso descontrolado de los recursos de las cuencas de los ríos y riachuelos ha tenido un impacto negativo sobre el crecimiento económico y en la capacidad de respuesta de la zona para enfrentar los desastres naturales y las condiciones de los recursos naturales.

Ante esta situación es necesario proponer nuevos sistemas de producción agropecuaria y de recursos energéticos que sean rentables económicamente y en concordancia con el entorno.