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Historias aladas de septiembre

  • Actualizado: 19 septiembre 2010 /

El martes me levanté muy temprano para iniciar mi caminata diaria por la carretera a Santa Lucía. Pero no estaba solo…

Arriba de mí, cientos de aves pequeñas volaban en círculos. Comencé a escudriñar los cielos y lo que vi me maravilló. A gran velocidad, muchísimas, tal vez miles de aves, revoloteaban rápidamente sobre mi cabeza y entre los cerros cercanos.

Parecía que habían dormido en los bosques mixtos que rodean mi casa y comenzaban su día intentando reagruparse, encontrar un orden. ¿Aves migratorias? Sospecho que sí y hasta me atrevería a asegurar que eran golondrinas.

Pero no siendo un verdadero especialista, les comparto el beneficio de la duda.

Ese día regresé a mi casa y desperté a mis hijos para que vieran el espectáculo y tomáramos algunas fotografías. Fue la segunda vez que miramos una bandada tan numerosa de aves migratorias en nuestros cielos del municipio de Santa Lucía, Francisco Morazán.

La primera vez fue el año pasado y parecían ser halcones que arribaban por el noreste. Centenares de poderosas rapaces que llegaron en ordenadas y largas columnas; luego se agrupaban en círculos casi perfectos, como descansando, como tratando de orientarse.

Tras unos minutos, el círculo comenzaba a desintegrarse y las aves cambiaban de dirección, ahora con rumbo al sur y siempre en filas largas. Esto pasó una y otra vez durante una hora aproximadamente. Quizá se dirigían a los bosques de mangle a orillas del Golfo de Fonseca en el Pacífico de Honduras.

El bosque de mangle en el golfo es uno de los destinos tradicionales de las aves migratorias provenientes de Canadá y Estados Unidos.
Huyendo de los fríos invernales, miles de aves llegan a Honduras en busca de alimento, calor y un sitio donde anidar. Aquí permanecerán hasta finales de enero y luego emprenderán el largo retorno. Tal vez, estas golondrinas estaban haciendo esta ruta.

Estos visitantes anuales comparten las montañas de Santa Lucía con otras aves más permanentes. Por ejemplo, las chachalacas.

La chachalaca común (plain chachalaca en inglés) es el nombre común de la Ortalis vetula, su verdadero nombre científico. Lo interesante de estas aves (además de que se comen) es que tienen una voz tan fuerte como ruidosa y desagradable. De ahí la frase: “Habla y habla como chachalaca…”.

Pero la chachalaca no es la única ave que suelo ver en mis alrededores. A veces llegan los orioles (chorchas), pericos, cerequeques, palomas grises o garzas (a orillas del cercano río Chiquito que baja de La Tigra). Pero también es frecuente ver cazadores formidables, como el gavilán de camino.

El gavilán de camino (roadside hawk en inglés) es un ave muy común en Honduras. Buteo magnirostris es su nombre científico y existen numerosos reportes de su presencia en Copán Ruinas o La Ceiba (y la foto que acompaña este artículo la tomé al día siguiente de ver las golondrinas)

El turismo de observación de aves es una de las áreas del turismo que nos falta explorar. Pero no sólo es importante como una forma de generación de ingresos.

También es vital para que aprendamos a reconocer nuestro patrimonio natural; riquezas que también forman parte de nuestra identidad nacional, al igual que nuestros próceres y nuestros símbolos nacionales.

El martes, cerca de las ocho de la mañana, todas las golondrinas habían desaparecido. Me quedó la alegría de haber visto uno de los espectáculos más maravillosos de la naturaleza. Y como suelen ser todas las cosas buenas de la vida, no me costó un cinco. Sólo ver con el corazón.