La angustia y la desesperación de los parientes de la joven comenzaron el fin de semana anterior cuando la madre de Ingrid, Osiris Varela, y otros familiares compararon una fotografía que salía publicada en LA PRENSA con una de las mujeres masacradas por Los Zetas.
Estaban seguros de que se trataba de Ingrid, que había viajado en busca del “sueño americano” el pasado 30 de julio.
Desde ese momento, parientes de la muchacha se trasladaron a la Cancillería en Tegucigalpa a notificar que la persona que aparecía acribillada junto a otros compatriotas era la progreseña.
Alegría y llanto
Como estaba previsto, parientes de Ingrid se alistaron con dinero y maletas para trasladarse a Tegucigalpa. Eran las dos de la tarde cuando pasaban por la ciudad de Siguatepeque y cayó una llamada al celular de doña Osiris. De inmediato contestó: era la voz de su hija la que escuchaba.
“Desde ese momento, la angustia que llevábamos porque íbamos a reclamar el cadáver de Ingrid se convirtió en la mayor felicidad que hemos pasado”, expresó Yamileth Banegas, su tía. Eran las 5.30 de la tarde de ayer. Cerca de 50 personas esperaban ansiosas la llegada de la joven. El taxi 72 se estacionó frente a la casa. En él venía la persona que los hizo llorar y que a la vez les ha dado la mayor alegría.
La primera en abrazarla hasta más no poder fue su hermana Jahaira y luego sus dos pequeños hijos que celebraban el retorno de su madre.
Besos, lágrimas y hasta vivas daban los familiares por la que en algún momento se pensó que había perecido en busca de mejor suerte, como lo había expresado su progenitora el pasado lunes, cuando dijo que el sueño de su hija era sacarla de la pobreza.
“No volveré a dejarlos”
Lo primero que Ingrid le expresó a su gente fue “gracias a Dios estoy viva; ustedes son los que más amo y no volveré a dejarlos. Ya no intentaré regresar a Estados Unidos”. La joven se veía cansada por el viaje, pero tuvo fuerzas para relatar que salió el 30 de julio de Tegucigalpa con un grupo de seis personas, sin “coyote”. Todo iba bien, pero cuando estaban en tierra mexicana se enteraron de la masacre en Tamaulipas y eso les causó miedo.
“Al ver que la situación estaba delicada, le dije a los demás amigos que nos regresáramos, pero sólo otra muchacha tomó mi decisión. Así, pidiendo jalón, llegamos el martes por la tarde a Honduras.
Siento que he vuelto a nacer. Pienso que aquí puede salir uno adelante sin necesidad de dejar botada a su familia. Con la experiencia que he pasado les aconsejo a las personas que están pensando irse ilegales que no lo hagan. En el trayecto cualquier cosa puede pasar, como les ocurrió a esos 71 migrantes que no regresarán”, expresó. Indicó que del resto del grupo no ha sabido nada, pero espera que Dios los cuide y lleguen a su destino y saquen a su familia adelante.
“Agradezco a mi familia. Los amo a todos por preocuparse. Hoy sí me siento muy amada por ellos. Prometo cuidar de mis hijos y de todos.
Son especiales”, indicó, mientras sostenía una rosa natural en sus manos, entregada por uno de sus sobrinos a su llegada.
La familia Pavón Varela asiste a una iglesia evangélica de la ciudad. Los feligreses hicieron anoche un culto para dar la bienvenida a esta compatriota que en medio de su nerviosismo y alegría prometió buscar las cosas de Dios. “Mi hermana ha vuelto a nacer. Todo se lo debemos a nuestro Señor”, expresó Jahaira, mientras se secaba las lágrimas.