Donar Antonio Ramírez Espinal salió de Choluteca hace cinco años en busca del “sueño americano”. La empresa donde trabajaba fue cerrada y de la noche a la mañanase quedó sin empleo. Empezó a buscar trabajo, visitó varias empresas en Tegucigalpa, pero la respuesta siempre fue la misma: “venga dentro de un mes, por ahora no tenemos plazas vacantes”.
Su preocupación era su familia, una madre y hermanos que mantener. Cuando las deudas lo ahogaban planeó junto a siete ex compañeros de trabajo irse “mojado” y buscar nuevos horizontes en Estados Unidos.
Le prestaron dinero para realizar el viaje y en la medianoche de un día de julio de 2004 Donar y sus amigos ya estaban cómodamente sentados en un autobús que los llevó a la frontera con Guatemala.
“Dios tenía un propósito”
En ocho horas llegó a Agua Caliente. El sureño sabía que ése era apenas una parte del viaje, que lo peor venía en camino; pero estaba listo para la aventura y la meta próxima era llegar a Tecún Umán, Guatemala. “Iba con muchas ilusiones, sólo pensaba que pronto iba a conseguir trabajo. Lo que más deseaba era enviarle dinero a mi familia”.
Pero en segundos el tren marcó su vida... Han pasado cinco años de la tragedia y Donar recuerda ese día trágico como si fuera ayer; al revivir esas escenas, el dolor asoma en su rostro.
Suspira y dice que ahora entiende por qué pasó. “Dios tenía un propósito para mi vida”. Vuelve a suspirar y rememora la pesadilla.
“Después de esperar varias horas en Arriaga, México, me alegré cuando escuché el pito del tren. Era el anuncio que pronto la máquina comenzaría su viaje rumbo a Ixtepec.
De inmediato me subí al techo del tren junto a cientos de migrantes y me acomodé para emprender el viaje. Eran las diez de la mañana cuando la máquina arrancó, transcurrieron varios minutos y de pronto, a la altura de Chahuite, sentí un movimiento brusco, perdí el equilibrio y me caí.
El tren me arrolló las dos piernas, yo quería librarme pero no pude. Me trituró de los tobillos a la rodilla. Fueron cinco segundos de terror.
La máquina me arrastró, quedé tirado boca abajo; como pude logré darme vuelta y me senté.
Cuando vi cómo tenía las piernas quería llorar, no podía creer que aquello me ocurriera a mí. Estaba en el Chagüite solo, mis compañeros ni se enteraron que me había caído.
Tenía 35 minutos de estar tirado en la línea férrea cuando uno de los vecinos de la comunidad me auxilió, se quitó una sudadera que llevaba puesta y con ella me amarró los dos muñones.
Luego quedé inconsciente, sólo escuchaba las voces. Al verme tan mal corrió y llamó a una ambulancia que llegó 20 minutos después y me trasladaron a un hospital de Arriaga, donde me atendieron de emergencia.
Me operaron y desperté dos días después. Mi familia se enteró de la tragedia a los ocho días, pero como somos tan pobres no pudieron trasladarme a Choluteca. Estuve trece días hospitalizado, no me había recuperado cuando me sacaron por ser migrante y fui llevado al albergue Jesús El Buen Pastor, donde he pasado cinco años de mi vida ayudando a otros migrantes que han quedado mutilados”, narró Ramírez.
Donar Antonio Ramírez Espinal salió de Choluteca hace cinco años en busca del “sueño americano”. La empresa donde trabajaba fue cerrada y de la noche a la mañanase quedó sin empleo.