Parece el nombre de una película de comedia pero no lo es. La Isla de los Locos existe y está en Puerto Cortés, enclavada en uno de los barrios más grandes y populares de esta ciudad: Pueblo Nuevo.
Aunque tiene medio siglo de estar habitada, la Isla de los Locos se dio a conocer la semana anterior cuando trascendió la noticia de que en esa localidad acechaba un jaguar. Sí, el mismo felino que se ahorcó cuando los bomberos intentaban atraparlo en el barrio Pueblo Nuevo y que conmovió a miles de hondureños dentro y fuera del país.
'Aquí no hay locos ni hubo un jaguar', dijo uno de los primeros vecinos que nos encontramos cuando fuimos en busca de la historia sobre el peculiar nombre de la isla.
De entrada el acceso al cayo es a pie, en lancha o en bicicleta.
Por sus estrechos callejones nunca ha pasado un carro señalan sus vecinos, quienes afirman no ofenderse cuando los tildan de trastornados. En su lugar se ríen y se mofan de quienes creen insultarlos. En el puerto los residentes de la isla son muy famosos.
Ni un pelo de locos
De músicos, poetas y locos todos tenemos un poco dice un viejo refrán; sin embargo, en la isla, aseguran que todos están totalmente cuerdos.
Marco Tulio Carías afirma que la historia sobre el nombre de la isla sólo es una y comenzó en el seno de su familia.
'En el puerto todos dicen que aquí sólo vivimos locos. No nos molesta para nada pero no es porque seamos retrasados mentales que la isla se llama así', señala al contar casi sin pausa que la transformación de la isla comenzó gracias a su padre.
Cuenta que allá por 1958 su papá Manuel Carías decidió construir la primera casa en la isla. El suelo era un verdadero fangal, lleno de mangles. El lodo llegaba a la cintura.
'Por venirse a vivir en esas condiciones la gente tildó de loco a mi papá y a nosotros'. El segundo 'loco' en ir a asentar su casa en la isla fue Medardo Aguilar, quien llegó 15 días después siguiendo a don Manuel.
'La decisión de venirse a vivir en esas condiciones la tomó por no tener dinero para seguir pagando alquiler. Mi papá se vino a la isla porque debía dos meses de alquiler y no tenía cómo pagarlos. En aquel entonces la renta mensual era de 8 lempiras y no tenía los L 16 para ponerse al día con la arrendadora'.
Las primeras casas eran de manaca y de caña brava. Como don Carías todo el tiempo de la construcción salía enlodado la gente le decía: 'Don Carías usted está loco'. Su hijo señala que nadie se imagina cómo era en el pasado la isla viéndola en la actualidad. Afirma que el cambio es tan dramático que hasta la compara con la capital de Moscú, Rusia.
Años de rellenarla
'La Isla de los Locos' no tiene escuela, centro comunal, ni alcantarillado sanitario pero si algunos callejones pavimentados. El servicio de agua potable es bueno pero el agua desechada se descarga en el ramal del río Medina que rodea la pequeña extensión de tierra.
Según Blanca Rosa Membreño, otra de las residentes, la isla ahora es transitable porque le han metido cualquier cantidad de relleno.
'Cuando no teníamos el puentecito salíamos y entrábamos en cayuco. Así fue como también traíamos el relleno. Los que vivimos aquí somos felices. El mal de uno es el mal de todos', recalca.
Una buena parte de los pobladores de la isla se dedica a la pesca y otro buen número trabaja en la maquila. Los vecinos coinciden que si en la isla hay un loco ése es un perro que se desvive por jugar fútbol. El can que tiene el nombre de un conocido político del país cabecea el balón en el aire mejor que Carlos Pavón.