Simón o Simeón. Apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia.
Era un pescador del mar de Galilea, hasta que dejó su casa de Cafarnaúm para unirse a los discípulos de Jesús en los primeros momentos de su predicación.
Junto a él, se unieron a Jesús otros pescadores de la localidad, como su propio hermano Andrés y los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan.
San Pedro carecía de estudios, pero pronto se distinguió entre los discípulos por su fuerte personalidad y su cercanía al Maestro, erigiéndose en portavoz del grupo.
El sobrenombre de Pedro se lo puso Jesús al señalarle como la “piedra” -petra en latín- sobre la que habría de edificar su Iglesia.
“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.
Muerto Jesús, San Pedro se convirtió en el líder indiscutido de la diminuta comunidad de los primeros creyentes cristianos de Palestina por espacio de 15 años: dirigía las oraciones, respondía a las acusaciones de herejía lanzadas por los rabinos ortodoxos y admitía a los nuevos adeptos, incluidos los primeros no judíos.
Hacia el año 44 fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar y abandonó Jerusalén, dedicándose a propagar la nueva religión por Siria, Asia Menor y Grecia. En esa época, probablemente, su liderazgo fue menos evidente, disputándole la primacía entre los cristianos otros apóstoles, como Pablo o Santiago.
Se estima que San Pedro murió crucificado el 29 de junio del año 66, según textos históricos. Él no se consideraba digno de morir en la forma de su Señor y por eso lo crucificaron con la cabeza hacia abajo. Muy cerca del circo de Nerón, los cristianos enterraron a San Pedro.
“Lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.