Los servicios secretos del régimen comunista en Polonia espiaron a Karol Wojtyla durante más de 40 años, desde sus días como seminarista en su tierra natal hasta que se convirtió en el Papa Juan Pablo II, en Roma.
En el Instituto de la Memoria Nacional de Polonia, organismo que custodia los expedientes de la SB, Sluzba Bezpieczenstwa, servicio de seguridad del viejo régimen, aparecen informes de un tal “Wojdyla” en 1949, reveló el último número de la revista L’Espresso de Italia.
“Wojdyla, escrito así. En 1949 el futuro Papa era un nombre mal escrito en los informes a la Policía secreta, pero aprenderían a conocerlo muy bien y a no equivocarse en los siguientes 40 años, hasta la muerte del régimen”, escribió el periodista Gigi Riva.
Persecución
“Durante ese tiempo agregó que su vida fue escuchada, filmada, seguida, seccionada ‘horas 24’ como se dice en jerga militar. Día y noche. Donde sea. En Polonia y en Roma. En los aeropuertos y en los trenes”.
Explicó la publicación que en el espionaje a Wojtyla los polacos utilizaron “una tupida red” que involucró “decenas y decenas” de agentes infiltrados: sacerdotes, periodistas, obreros, empleados, intelectuales, secretarios y administradores.
Estos espías formaron una “telaraña extendida” en torno al seminarista que sucesivamente se convirtió en sacerdote, obispo, cardenal y Papa; porque “no podía ser de otro modo”, ponderó.
Arzobispo de Varsovia
El Instituto de la Memoria tiene un total equivalente a 90 kilómetros de documentos de entre los cuales salió la información que obligó el 7 de enero pasado al designado arzobispo de Varsovia, Stanislaw Wielgus, a renunciar a su puesto.
Esto tras haberse confesado como ex informante de la inteligencia polaca durante la época de la Guerra Fría y cuya dimisión ha desatado una fuerte crisis en la Iglesia de Polonia.
Entre las consecuencias del debate sobre el “colaboracionismo” voluntario o forzado, de miembros de la Iglesia Católica para con el comunismo, se ha desarrollado en Polonia una discusión especial sobre el extinto Papa Juan Pablo II.
El artículo estableció que hay un hueco inexplicable relacionado al atentado de Ali Agca del 1981, en donde se consignan “sólo pocos fragmentos, de escaso interés”.
Análisis
“El historiador Andrzej Friszke considera probable que los servicios polacos no tengan que ver con el atentado, habría sido para ellos demasiado riesgoso; si no hay ni siquiera un informe detallado, él invita a buscar en Moscú”, ponderó.
Sobre el tema Roman Graczyk, autor del libro “Tras las huellas de la SB”, señaló la necesidad de una “piedad humana” al estudiar casos en los cuales sacerdotes o laicos colaboraron con el comunismo aunque, dijo, esta piedad no significa “absolución”.
Indicó que “tampoco ahora que sabemos cómo terminó la historia: con Wojtyla en San Pedro y el comunismo derrotado podemos absolver porque en esos tiempos difíciles rebelarse era posible”.
“Lo demuestran los archivos, repletos de nombres de quienes se negaron”, sentenció el reportaje.