Llegó decidido a rendirse ante el barbero, pero con los nervios de punta. Tenía que cumplirle la promesa a su amada aunque eso le costara la fama y decenas de botes de champú que por nueve años gastó en su frondosa cabellera.
Por amor, Jairo Andrés Torres, 25, más conocido como el “Afroman” dijo adiós a su cabellera, que acaparaba miradas en las calles y arrancaba risas, críticas y piropos.
Tomar la decisión de cortarse el pelo, que lo acompañó por nueve años fue difícil, confiesa Jairo. Nadie le creía, ni siquiera el barbero.
La cita era para el viernes pero Miguel Rivera, propietario de la barbería “Los amigos de Michel” se quedó esperando, Jairo no llegó. “Me quedé esperando, aunque no le creía que se iba a cortar el pelo porque siempre decía lo mismo”, dijo el fígaro.
Su esposa, Milvia Sabillón, no podía creerlo, su “afroman” le cumplió la promesa.
Las murmuraciones y las pláticas no se hicieron esperar: “¿crees que se lo corta?”, “no lo hace”, cada uno de los presentes opinaba de diferente forma. A las 3 de la tarde Jairo ocupó la silla, apreció por última vez su cabellera en el espejo y decidido le pidió al barbero que comenzara.
Auxiliado por un ayudante, el barbero, que cuidaba el pelo a Jairo desde que éste tenía 12 años, empezó a prepararse.
Operó la máquina eléctrica y rápidamente el cabello del “Afroman” inundaba la barbería. El rostro de Jairo reflejaba, nervios y mucha tristeza que contrastaba con la emoción del barbero y la risa de las personas que presenciaban el espectáculo. Jairo, famoso también por correr en la Maratón de LA PRENSA, dice que porque su esposa se lo pidió y porque ya es tiempo de madurar, decidió que utilizaran las tijeras.
Nueve minutos fueron suficientes para que don Miguel cortara el famoso afro de Jairo. El rostro del cliente empezó a despejarse y por primera vez en nueve años se le veían las orejas.
“No crea, voy a extrañar mi cabellera, me había acostumbrado a ella y hoy ya ni me conocerán”, dice. El asistente del barbero tomaba el pelo que cortaban y lo ponía en las manos de Jairo. Una inmensa bola de cabellos se formó en cuestión de minutos en las palmas del corredor. La prueba de fuego para él fue verse al espejo. Se miraba y remiraba impresionado de su nuevo “look”, como si no se reconociera.
El barbero le cobró 150 lempiras por cortar aquel pelaje que luego metió en una bolsa plástica para que se los llevara de recuerdo. Pesan como dos libras, dijo el peluquero.
Tras la transformación el joven abordó su motocicleta y se puso el casco que ahora sentía flojo. LA PRENSA lo acompañó a su casa donde su familia lo esperaba. Su esposa Milvia Sabillón, con quien vive desde hace un año y medio, salió a su encuentro. Lo miró y dijo: “te ves más guapo, aunque para mí seguirás siendo el mismo”. Luego se fundieron en un abrazo desbordante de amor.