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Cardenal pide a gobierno ser bendición a Honduras

  • Actualizado: 04 febrero 2011 /

El templo de la Morenita volvió a lucir pequeño ante la masiva afluencia de fieles que querían lograr el mejor lugar para ver de cerca la pequeña y milagrosa imagen.

La fe no tiene fronteras, no distingue clases ni se doblega ante las dificultades. Muestra de ello fuela gran concurrencia de católicos que llegaron desde los más insospechados rincones de Honduras con un único fin: celebrar a lo grande el 264 aniversario de hallazgo de la Virgen de Suyapa, patrona de Honduras.

El templo de la Morenita volvió a lucir pequeño ante la masiva afluencia de fieles que querían lograr el mejor lugar para ver de cerca la pequeña y milagrosa imagen.

En presencia de miles de peregrinos, incluyendo a las máximas autoridades encabezadas por el presidente de la República Porfirio Lobo Sosa y la primera dama Rosa Elena de Lobo comenzó la solemne ceremonia.

A las nueve de la mañana su Eminencia, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, en su homilía exhortó al pueblo hondureño y a las autoridades gubernamentales a buscar la paz, la reconciliación y el perdón, valores fundamentales de una sociedad.

Sabor a misericordia

En 1925, el santo papa Pío XII declaró a Nuestra Señora de Suyapa Patrona de la República de Honduras y se escogió el 3 de febrero como el día de la celebración patronal.

“El nombre de la Virgen María de Suyapa tiene sabor de misericordia por parte de María y de reconocimiento de sus favores por parte del pueblo hondureño”, dijo el religioso al observar a los feligreses que con entusiasmo y devoción rindieron tributo a la Virgen de Suyapa.

El cardenal Rodríguez reflexionó que el mal puede parecer muy grande, pero es menos en comparación con el bien. “El mal parece que triunfase en nuestro país, pero no es cierto, porque es más la gente buena que quienes, tentados por la serpiente, quieren seguir en el camino del mal, pero tenemos que vencer el mal, no devolviendo mal con mal, sino devolviendo bien por mal”, expresó. Según el purpurado, en Honduras no somos hijos de distintos dioses, sino hijos del mismo Dios y Padre. Por consiguiente debemos respetarnos cada uno de nosotros, respetando la imagen y semejanza de Dios, que hay en cada uno de nosotros.

Piedad para Honduras

En presencia de los representantes de los tres poderes del Estado, la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas y cuerpo diplomático, el cardenal destacó en su mensaje: “Tenemos que apoyar a nuestros jóvenes y darles oportunidades para que no tengan que irse emigrando a pasar calamidades y vivir en esclavitud en otros países y por eso debemos pedirle a Dios que tenga piedad de nosotros”.

La piedad significa amor filial, amor paternal y amor fraternal. Por eso, al unísono, el grupo de presbíteros dijo: “El Señor tenga piedad de Honduras, nos bendiga y que ilumine su rostro entre nosotros”.

“Ese salmo sea como una oración que repetimos cada día y se convierta como un programa de vida a la luz de la madre de Suyapa. Anoche en esa alborada y en estos cantos de alegría pedimos que Honduras se alegre.

La alegría es el gran secreto del cristiano. La alegría es un don de los demás. Ojalá podamos difundir la alegría. Alegría sólo puede brotar donde hay amor; donde hay odio sólo hay amargura, tristeza y dolor”, expresó el cardenal.

En la homilía también aludió a reflexiones del santo padre Benedicto XVI sobre las familias. “Que la palabra de Dios sea la palabra al despertar y la palabra de Dios sea la última palabra al acostarnos. Guiados por la palabra sentiremos el gozo y la alegría de vivir cerca de Dios”, dijo.

Ungidos por la Virgen

El cardenal exaltó lo bondadoso que ha sido Dios con los hondureños.

“Dios ha bendecido la tierra y ha bendecido a nuestra Honduras y la mayor bendición no son los recursos naturales; la mayor bendición es cada hondureño, pero eso no es automático. Cada uno de nosotros tiene que convertirse en una bendición para su esposa, para sus hijos, para sus hermanos, para sus amigos y amigas. Que desde hoy sintamos que la virgen María nos bautiza con otro nombre.

Entre nosotros se acostumbra que nuestros padres nos ponen dos nombres y a unos hasta tres y hoy quiero que nos vayamos del santuario llevando un nuevo nombre que nos dio la Virgen María y por eso, señor presidente don Porfirio, la Virgen María le otorga el nombre de bendición, doña Rosa Bendición y cada uno de ustedes, ministros amigos, lleven este nuevo nombre: Bendición, para que sean bendición para todos y cada uno sintamos esa misión de ser una bendición para Honduras”, expresó el máximo jerarca de la Iglesia católica.

En su homilía, Rodríguez, que cumple este mes diez años de haber sido nombrado cardenal por el papa Juan Pablo II, exaltó los valores que durante las celebraciones de los últimos días han formado parte de las plegarias a Dios a favor de Honduras.

El máximo representante de la Iglesia católica en Honduras exhortó a la población a vivir en paz, reconciliación y perdón, “valores que hoy queremos poner a los pies de la madre del Cielo para que ella toque todos nuestros corazones”.

Alrededor de 2.5 millones de fieles visitaron el santuario de Suyapa

El papa Juan Pablo II afirmó en su única visita a Honduras, el 8 de marzo de 1983, tras contemplar la serena belleza de la imagen de la Patrona de Honduras: “Aquí el nombre de la Virgen de Suyapa tiene sabor de misericordia por parte de María y reconocimiento de sus favores por parte del pueblo hondureño”.

Y es en honor de tantas bondades recibidas, favores realizados y grandes bendiciones, que el fervor, la devoción, la admiración, el respeto y la veneración se estrecharon la mano con motivo de la celebración del 264 aniversario del hallazgo de la imagen de Santa María de Suyapa.

La feligresía católica se unió ayer para festejar la gran fiesta nacional en honor a su fiel patrona y soberana, la Morenita de Suyapa.

Desde el rinconcito más apartado de Honduras, que ni por cerca pensamos que existe, y los sitios cercanos llegaron alrededor de 2.5 millones de peregrinos a venerar la imagen que en 1747 fue encontrada por el labrador Alejandro Colindres y el niño Lorenzo Martínez en el cerro de El Piligüín.

El santuario de Suyapa y la pequeña ermita resultaron insuficientes para recibir a los miles de devotos que llegaron para celebrar este gran acontecimiento. Las calles adyacentes a ambos santuarios estuvieron llenas de personas que iban y venían de un lado a otro, motivadas por un mismo ideal: compartir con la Virgen.

La plaza de la aldea de Suyapa se convirtió ayer en espacio de fiesta, devoción y tradición. El ingreso en el santuario fue difícil, pero no imposible, y millones de feligreses se apiñaron para visitar a su santa madre. En un ambiente festivo, los visitantes de diferentes puntos del país se dieron cita en un solo lugar para venerar a Santa María de Suyapa.

Ningún visitante se limitó a la hora de estar junto a la Virgen Morena. Unos cargaban sobre sus hombros a sus pequeños hijos para que vieran el rostro de la diminuta imagen.

Algunos visitantes entonaban cánticos religiosos y otros no dejaban de encender velas en honor a la Madre de Dios.

Por la necesidad de llegar al altar mayor y ver aunque fuera un instante a la Patrona, muchos feligreses sufrieron desmayos debido a las aglomeraciones. Las entradas laterales estaban tan llenas que miembros de los cuerpos de socorro tuvieron que ingeniárselas para ayudar en las labores de rescate.