Por su sólida convicción católica y su ferviente admiración y devoción por la Virgen de Suyapa le han encomendado la honrosa tarea de organizar la fiesta que cada año se celebra en honor a la Morenita en la catedral San Pedro Apóstol.
Don Raúl Acosta Amaya cumplirá, este martes 3 de febrero, 25 años al frente de la orden de los Caballeros de Suyapa.
Como comendador de la Orden pesa sobre sus hombros la misión de organizarle la fiesta a la Patrona de los hondureños; sin embargo, asegura que cada año espera con más emoción la llegada de ese día pues así como crece su fe, también lo hacen las manifestaciones de la Virgen en él y su familia.
El sentimiento que embarga a don Raúl cuando habla de los milagros que la Virgen la ha concedido no tiene descripción. Ver a su nieto caminar y perfilado como un hombre de bien es lo más grandioso en su vida, dice.
Asegura que ver nacer al primer nieto de su familia es el uno de varios milagros que la Morenita le ha concedido.
Confiesa milagros
La primera vez que la Patrona de los catrachos obró en su familia fue en 1987. La Virgen de Suyapa original fue traída desde su hogar en la Basílica de Tegucigalpa a un recorrido por el Valle de Sula.
El 3 de febrero de ese año se hizo una apoteósica celebración en la catedral, pero cuando llegó el momento de devolverla a su santa sede, se produjo el anuncio del milagro.
Él recuerda que fue un día lluvioso, de mucho trajín. En una esquina de la urna donde se trasladaba a la virgen encontró un objeto que parecía el cuerpecito de un niño.
'De inmediato supe que mi hija podría hacer realidad el sueño de tener su hijo y así fue. A los meses quedó embarazada de Norman Leonel Howard, que ya cumplió 21 años'.
Otro milagro que la Virgen le ha concedido es más personal. Don Raúl dice que logró sanarse de una hernia cancerosa que le diagnosticaron hace ya varios años.
'Creo que la Virgen podría realizar en mí otro milagro. Recientemente, de la nada, vi que su imagen de la catedral tenía la coronita de lado. En su urna, allí donde está, no le entra aire ni nadie la ha movido. Y ya he visto lo mismo dos veces. Sé que algo va a pasar', asegura con gran fe.
Todo un caballero
La Orden de Caballeros de Suyapa se fundó el 14 de marzo de 1954. De los 38 fundadores originales sólo Henry Franzen padre sobrevive, heredando un gran legado.
Don Raúl comenta que antes de servir a Suyapita, en Tela su ciudad natal, él ya se había enfilado a la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro. Su misión cada Viernes Santo era llevar en sus hombros, junto a 30 compañeros, el cuerpo de Cristo a su morada final.
'Siempre he sido católico, pero mi deseo de servir a la Santa Iglesia comenzó en 1944, cuando el cura Roque Posh me invitó a colaborar en la misa como monaguillo. Allí me enseñó cómo se celebraba la liturgia y desde esa fecha hasta hoy sigo sirviendo también como coordinador de los ministros de la Comunión de la Catedral'.
Don Raúl es Caballero de Suyapa desde 1984. Actualmente la orden se ha reducido de 30 a 12 integrantes. La mayoría ya fallecieron y a los jóvenes no los atrae el servicio a la Virgen.
Para ser Caballero, los únicos requisitos que piden es estar casado por la Iglesia, tener reputación intachable y ser buen católico. Don Raúl es padre de seis hijos, tiene seis nietos y por casualidad vive en el barrio Suyapa.
Inicia peregrinaje
En 1925, el Papa Pío XII declaró a Nuestra Señora de Suyapa Patrona de la República de Honduras y se escogió el 3 de febrero como día de la celebración patronal, con misa y oficio propios.
A 262 años de su hallazgo en la quebrada del Piligüín, la devoción por la pequeña, pero milagrosa Virgen, ha perdurado.
Afuera de la Basílica en Tegucigalpa ya empiezan a acomodarse cientos de peregrinos que buscan cupo para pernoctar en sus cercanías a fin de participar en la tradicional alborada.
Según archivos de la Iglesia Católica, el primer milagro notable, atestiguado notarialmente, ocurrió en el año de 1796.
La primera ermita se bendijo en 1780 y el templo actual, de enormes proporciones y capaz de albergar a las multitudes que peregrinan a Suyapa, recibió la visita de Juan Pablo II en 1983.
La diminuta imagen de Nuestra Señora de la Concepción de Suyapa fue hallada un sábado de febrero por Alejandro Colindres, joven y humilde labrador, y por el niño de ocho años Jorge Martínez, quienes regresaban a la aldea de Suyapa, cansados de trabajar todo el día en la cosecha del maíz.
Según la historia, ya llevaban la mitad de la jornada cuando les anocheció. Habían llegado a la quebrada del lugar para pernoctar. Allí se acostaron en el duro suelo. Enseguida Alejandro sintió que un objeto, al parecer una piedra, le impedía acomodar la espalda. A oscuras lo tomó del suelo y lo arrojó lejos.
Curiosamente, al recostarse nuevamente sintió aquella molestia en el mismo lugar y esta vez no lo tiró sino que, intrigado por lo acontecido, lo guardó en su mochila.
A la luz del amanecer descubrió sorprendido que el misterioso objeto era una pequeña imagen de Nuestra Señora tallada en madera de cedro. La Virgen mide sólo 6 centímetros y medio y sus diminutas manos están en actitud de oración.