El primer ministro británico, Tony Blair, empezó a prepararse para una larga y seguramente dolorosa despedida, al tiempo que su ministro de Finanzas, Gordon Brown, se presentó ayer como su sucesor en la reunión del Partido Laborista en Manchester, noreste de Inglaterra.
Para los dos hombres más poderosos de la política británica, cuya amistad y rivalidad han marcado la historia del laborismo en los últimos 20 años, este Congreso es histórico: para Blair, es la despedida, pero para Brown supone el comienzo de una era en la cual ya no estará a la sombra del primer ministro.
Despedida
Ante miles de delegados laboristas, Brown presentó su visión de la Gran Bretaña después de Blair, quien ante crecientes presiones en las filas laboristas se vio forzado a anunciar hace unas semanas que ésta sería la última Conferencia Laborista a la que asistiría como líder y primer ministro.
Unas 24 horas después de la intervención de Brown, Blair subirá al podio para pronunciar un discurso de despedida en el cual evocará su legado y, según pronósticos de un experto del Foreign Policy Centre, un centro de análisis cercano de los laboristas, será “el mejor de su vida”.
Brown, por su lado, dejó claro en un discurso catalogado como “el más importante de su vida” que se considera el mejor aspirante para liderar a los laboristas y hacer frente al líder de los tories, David Cameron, el preferido en los sondeos para las próximas elecciones generales, que se prevé tendrán lugar en el 2009.
Brown sentó el tono de una nueva era unitaria, rindiendo un encendido tributo a Tony Blair.