“La tumba de los Cano está en aquel cerro”, dijo el alcalde de Ilama, Agustín Muñoz, mientras señalaba la lejanía a través de la reducida ventana de su despacho, en la parte trasera del cabildo municipal.
Se refería a los dos ex soldados de Francisco Morazán que fueron fusilados en la plazoleta de la comunidad después de un brevísimo juicio hecho por las autoridades municipales, luego de acusarlos de ser brujos.
Era tanto el odio que les tenían los vecinos a los dos hermanos, que buscaron a enterrar sus cuerpos masacrados lo más lejos posible del poblado, más allá del confín del municipio.
Cruzaron con los dos muertos el río Ulúa en una balsa y subieron el cerro El Pelón, también conocido como Quitasombrero, porque allí el viento es tan fuerte que a cualquiera destapa, dice la gente.
Los hermanos Cipriano y Doroteo Cano habían sido fusilados la tarde del 4 de abril de 1843 frente a la Cruz del Perdón, que aún se conserva en Ilama como testigo de aquella barbarie cometida por la ignorancia y la superstición de un pueblo.
El recorrido
Con las indicaciones del alcalde y la colaboración de vecinos y estudiantes de la comunidad que se ofrecieron a guiarnos, subimos el empinado cerro entre una vegetación húmeda y sembradíos de pimienta.
Unos veinte minutos a pie desde la carretera pavimentada tarda el recorrido para llegar a la tumba, localizada en la jurisdicción de Colinas.
Apartando la vegetación puede divisarse desde el lugar la plazoleta frente al santuario de Ilama, donde los Cano fueron ajusticiados porque tenían tanto poder maléfico que eran capaces de convertirse en animales para hacerle daño a los lugareños, según las acusaciones que les formularon en aquel entonces.
“Como temiendo que sus facultades diabólicas traspasaran los umbrales de la muerte y se volcaran como un maleficio sobre el pueblo, los enterradores colocaron dos lápidas de un material conocido como pizarrín sobre los cuerpos de los llamados ‘Brujos de Ilamatepeque’ después de lanzarlos al hueco”, dijo el historiador de Ilama, Rigoberto Maradiaga.
La tumba estaba perdida entre los matorrales hasta que fue descubierta en 1984 por Elvis Fajardo, bajo un árbol de Barrabás.
En el tronco de la planta fue grabada una cruz para que sirviera como referencia del sitio y no volviera a desaparecer. También estudiantes de Colinas colocaron una plasta de mezcla rodeada de piedras para que la maleza no la volviera a cubrir.
Desde el cabildo municipal se observa el cerro El Pelón, donde fueron sepultados los soldados que habían acompañado al héroe Morazán.
El viejo conserje de la municipalidad de Ilama, Antonio López, quien ha subido varias veces al lugar del sepulcro, comentó que desconocidos han querido profanarlo porque corrió el rumor de que los Cano fueron sepultados con las espadas con las cuales pelearon al lado de Morazán.
Manifestó que encontró cerca del lugar un martillo y un desarmador que habrían utilizado los profanadores tratando de sacar los implementos de guerra.
La historia se ha encargado de hacer justicia a los Cano, porque ahora se sabe que no eran brujos, sino personas que tenían otras ideas y un conocimiento más amplio del mundo por haber recorrido, junto al héroe, el istmo centroamericano, comentó el historiador.
Los Cano regresaron al pueblo con otra forma de hablar y vestir, poniendo en práctica nuevas técnicas de irrigación, lo cual hacía que sus milpas reverdecieran más que las de los otros vecinos.
La envidia se conjugó con los prejuicios y terminaron acusándolos de hechiceros, hasta que les dieron muerte y después arrastraron sus cuerpos por las calles del villorio.
“Actualmente, la historia de los Cano, descrita en el libro ‘Los brujos de Ilamatepeque’ del reconocido escritor Ramón Amaya Amador, forma parte de la identidad de Ilama, junto con su santuario y su guancasco”, dice el alcalde.
Por eso es conveniente que la tumba se convierta en un monumento histórico de fácil acceso. Del hecho queda como testimonio también el expediente donde está la inicua sentencia.
Desde el cabildo municipal se observa el cerro El Pelón, donde fueron sepultados los soldados que habían acompañado al héroe Morazán.