Dolarización en El Salvador cumple 13 años con exiguos resultados

El cambio de moneda bajó las tasas de interés, pero afectó la capacidad adquisitiva de la gente y cercenó la política monetaria de El Salvador.

En los mercados y centros comerciales la moneda de curso legal es el dólar. El colón desapareció.
En los mercados y centros comerciales la moneda de curso legal es el dólar. El colón desapareció.

San Salvador, El Salvador

Lleve, lleve a “cora” a “cora” los sorbetes y las espumillas, invita Martha Miriam Rosales cada vez que un cliente se acerca a su puesto de ventas en la calle Rubén Darío, en las cercanías del Mercado Central, en pleno centro de San Salvador.

La “cora” es el nombre que los salvadoreños le dan en su spanglish a la moneda de cuarto de dólar (0.25 centavos) que circula en el mercado local desde el 1 de enero de 2001, cuando entró en vigor la Ley de Integración Monetaria (LIM).

La dolarización de la economía salvadoreña cumple el 30 de noviembre próximo 13 años de haberse aprobado por parte del gobierno del entonces presidente Francisco Flores.

El cambio entró formalmente en vigor el 1 de enero de 2001 y desde esa fecha, la divisa estadounidense se convirtió en moneda de curso legal en el vecino país, al punto que hoy es una tarea casi imposible encontrar un colón en el mercado.

Trece años después la vendedora Martha Miriam Rosales sigue añorando la moneda nacional. “Yo prefiero el colón porque el dinero nos rendía más y ahora todo se ha vuelto caro. Hay que trabajar duro para hacer 50 dólares diarios”, comentó con pesimismo al periodista de LA PRENSA.

Precisamente una de las críticas que se formulan a la dolarización es que redujo la capacidad adquisitiva de la mayoría de las familias salvadoreñas.

Otra de las desventajas que se le achacan es el hecho que el Banco Central de Reserva de El Salvador perdió su capacidad de definir la política monetaria del país y quedó a expensas de los cambios formulados por la Reserva Federal de Estados Unidos (FED por sus siglas en inglés).

Para los economistas que defienden este proceso, el mismo no ha resultado del todo malo en vista que hubo un mayor acceso al crédito personal e hipotecario con tasas de interés mucho más bajas y a plazos más largos.

También contribuyó al acceso del financiamiento internacional por parte de las empresas y los bancos, generando mayor disponibilidad de recursos para la inversión y el crédito de consumo en el país.

No obstante, los economistas señalan que la mayoría de los salvadoreños no tienen acceso al crédito barato y se ven obligados a buscarlo a través de microcréditos y cooperativas con intereses más altos, por lo que no se percibe el beneficio que trajo el cambio de la moneda.

Se estancó el crecimiento

El Gobierno y los promotores de la medida confiaban que con la dolarización, la economía salvadoreña experimentaría un repunte y un franco crecimiento en los años subsiguientes, pero eso no fue así.

Además pensaron que con este régimen monetario se reducirían los constantes déficits de cuenta corriente de la economía.

Antes del cambio de la moneda, El Salvador venía registrando importantes tasas de crecimiento, al punto que muchos economistas se atrevían a denominarla como “el tigre de Centroamérica”.

Después de alcanzar una tasa promedio anual de 6.5% durante el período 1991-1995, la economía cayó a una tasa de 3.3% durante 1996-1999, para luego descender a una tasa promedio de 1.8% durante 2000-2001.

Del 2005 en adelante el crecimiento económico pasó de 3.3% a 3.6%; en 2006 bajó a 3.9%; en 2007 fue de 3.8%; luego en 2008 bajó a 1.3%, en 2009 pasó a -3.1%; y para 2010 alcanzó el 1.4%.

Para el analista Ricardo Olmos, quien publica una columna periódica en el diario La Prensa Gráfica, los resultados indican que la Ley de Integración Monetaria (LIM) no propiciaron mayor crecimiento económico en El Salvador.

Según Olmos, en términos globales y ya con la economía dolarizada el país no superó el 3.6% de crecimiento del mundo; ni el crecimiento promedio de América latina de 3.1% ni el 3.9% de crecimiento promedio a lo largo de los últimos 20 años.

En cierto momento el FMLN, férreo opositor al cambio de la moneda, consideró desdolarizar y retornar al colón, pero la medida prácticamente se ha descartado ante la posibilidad de que sean mayores los perjuicios que los beneficios.

En general, el sentir de la ciudadanía, el empresariado y los economistas es que la dolarización en estos 13 años ha estado marcada por medianos y relativos resultados.

No es la panacea

Luis Membreño, economista y uno de los grandes opositores a la dolarización desde que se comenzó a hablar del tema en 1994, explicó a LA PRENSA que después de varios años de convivir en una economía dolarizada hay varias conclusiones: Una de ellas es que la desdolarización es muy difícil porque se tiene que dar en una circunstancia de crisis.

Por otro lado, para alcanzar los resultados esperados debe haber equilibrios macroeconómicos, situación que no se ha dado en El Salvador en donde el déficit fiscal es bastante alto y solo este año rondará los 1,200 millones de dólares, según estimaciones de los economistas.

“La dolarización es un sistema monetario y este sistema debe estar interrelacionado con un sistema fiscal y con un sistema económico en su totalidad” afirmó.

Indicó que el sentir de la población es que actualmente tiene un menor nivel de vida porque las cosas son muchos más caras y el dinero alcanza menos para satisfacer muchas de sus necesidades.

“En general, a la gente no le agrada la dolarización porque cree que es la causante de que su nivel de vida no mejore, en síntesis no percibe que hay empleo, que las cosas son caras y que no le alcanza el dinero”, acotó

El experto insistió que mientras haya un déficit fiscal tan alto y existan desequilibrios económicos, la dolarización no es sostenible, porque esta requiere de la disciplina fiscal para que tenga resultados positivos. Membreño resumió en cuatro puntos el éxito de la continuidad de la dolarización: el primero que exista una suficiente cantidad de dólares en reserva, segundo que no debe darse una crisis financiera internacional, tercero que haya equilibrio macroeconómico, particularmente que no haya un déficit fiscal crónico y creciente y cuarto, que exista flexibilidad laboral.

“Ese es el problema de El Salvador porque en la medida que existe un desempleo grande y que no se logra reducir, eso porque no hay una actividad económica que lo sustente, los precios se van volviendo más caros y la gente va achacando a la dolarización el problema”, afirmó.

En conclusión, el economista insistió que una dolarización no es la gran panacea y en sí misma no produce ningún beneficio más que bajar las tasas de interés, que dependiendo del riesgo del país puede ser de dos puntos.

“Ese es el problema de fondo, mientras un país dolarizado tenga un déficit todos los años, entonces tienen que endeudarse y al endeudarse la relación deuda y PIB se va incrementando, entonces se vuelve insostenible”, afirmó.

Panorama incierto

Los empresarios coinciden en que la dolarización no puede verse como un tema aislado porque se trata de una política macroeconómica que debe estar acompañada de austeridad en la parte fiscal.

El director ejecutivo de la Anep, Arnoldo Jiménez analizó que los resultados de la dolarización han sido relativos, porque simplemente lo que hizo fue generar un poquito de certidumbre sobre la alteración cambiaria y bajar las tasas de interés, pero eso no resolvió todos los problemas estructurales de El Salvador.

Comparó que en estos últimos años, El Salvador pasó de un 30% de endeudamiento sobre el PIB a un 65% y prácticamente perdió la calificación de grado de inversión que antes compartía con Chile y México, pasando a ser una nación con problemas en el pago de su deuda.

Criticó que los últimos dos gobiernos de Arena y FMLN han endeudado el país, ya que la mayoría de los recursos se han destinado a gasto corriente y al mantenimiento de una enorme burocracia estatal.

“Nos hacemos la pregunta: si ya entramos en problemas de endeudamiento, ¿qué hubiese pasado sino estuviéramos dolarizados?, posiblemente el Banco Central de Reserva ya hubiese echado a andar la máquina de hacer dinero y esta es hora de que tuviésemos inflaciones de dos o tres dígitos”, anotó.

En ese sentido, el empresario justificó que si algo positivo ha tenido la dolarización es que salvó el poder adquisitivo de los trabajadores y el poder adquisitivo de los ahorros en los bancos y de las pensiones.

Por otro lado, Jiménez aseguró que las exportaciones han experimentado un crecimiento a razón del 12% anual y es uno de los sectores donde están encontrando mercados, pero donde imperan los problemas es en el mercado interno debido a la incertidumbre jurídica y política que prima en el país.

En materia de inversiones, el representante empresarial dijo que se ha venido creciendo y en este momento andan en un 12% con respecto al PIB.

Aclaró que las inversiones básicamente se centran en mantener la capacidad instalada de las empresas, modernizar las fábricas y no perder competitividad en el mundo; sin embargo, “no vemos grandes inversiones de nuevas industrias porque El Salvador sigue estando en un panorama político muy incierto”.

Jiménez, asimismo, destacó que con la dolarización de la economía las tasas de interés cayeron del 3 y 8% en préstamos y se evitó también que las remesas familiares siguiesen afectando las exportaciones del país.