25/05/2026
05:34 PM

Adolescentes hondureños a merced del alcohol y las drogas

Algunos menores de edad comienzan a consumir sustancias prohibidas desde muy temprana edad. Este tipo de prácticas dañan su desarrollo.

Las neuronas de los adolescentes estarán muy agradecidas si dejan de exponerlas a los efectos de beber alcohol, una conducta cada vez más extendida en la juventud.

Tomar de viernes a domingo con el estómago vacío puede dañar el cerebro y se relaciona con pérdida de memoria, atención, autocontrol y capacidad de planificación y, por si fuera poco, predispone a convertirse en alcohólico.

Ciertos estudios indican que los perjuicios del alcohol son irreversibles porque el cerebro está en desarrollo hasta los 21 años. Si un joven empieza a beber los fines de semana a los 13 años, en plena preadolescencia, tiene 25% de posibilidades de volverse adicto a la bebida cuando sea adulto.

Beber alcohol en exceso los fines de semana puede causar en el cerebro juvenil daños similares a los que padecen los bebedores crónicos en períodos más prolongados y en algunos casos pueden ser equiparados con los adultos que toman alcohol frecuentemente. Ésta es una conclusión de otra investigación sobre los efectos del alcoholismo de fin de semana en la corteza prefrontal.

Los jóvenes hondureños tienen fácil acceso a bebidas alcohólicas y cigarrillos y, en algunos casos, a drogas. El problema, en vez de resolverse, parece ir agravándose.

Yaneth Bardales, directora del Centro Integral de Atención Psicológica de Honduras, dijo que un menor de edad puede estar en peligro o en riesgo social si está expuesto al consumo de bebidas alcohólicas o drogas.

La psicóloga explicó que los adolescentes tienen muchas necesidades afectivas que no son satisfechas, pues hay una demanda de atención y mediante las adicciones buscan disminuir sus ansiedad y depresión.

Bardales detalló los factores que contribuyen a que los adolescentes tengan una visión distorsionada de lo que está bien. Hay una subcultura en que ciertas conductas se miran normales, una subcultura de antivalores en la que a lo malo se le llama bueno. El joven sabe que hay cosas que no debe hacer, pero, como mira que todo el mundo las hace, las imita de forma espontánea y natural, aunque les pueden causar dolor o daño emocional y aún así no se detienen porque se sienten adaptados con sus amigos.

Severas consecuencias

La neuróloga Eunice Ramírez dijo que las drogas, el alcohol y otras sustancias dañinas son perjudiciales para los menores de edad porque están en etapa de desarrollo.

“Los efectos de las drogas y el alcohol son múltiples y quizás no todos a corto plazo; podemos mencionar los accidentes automovilísticos y embarazos no deseados.

A largo plazo, la adicción al alcohol puede desencadenar encefalopatías hepáticas y debido al consumo demasiado alto de bebidas embriagantes estamos viendo a pacientes muy jóvenes con cirrosis”.

La neuróloga reveló que, por su comportamiento alterado, los jóvenes incurren en acciones que los exponen a otro tipo de peligros. “Por el alcohol y las drogas pueden bajar las defensas y vienen la susceptibilidad, virus, hepatitis, enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo el VIH, cuya incidencia aumenta entre adolescentes. Estamos viendo pacientes de 15 ó 18 años con VIH”.

La médica explicó que muchos padres prefieren negar la situación y así dificultan encontrar soluciones para el problema.

“Muchas veces, los padres no quieren ver los efectos y prefieren pensar que su hijo no tiene un problema, pero un joven que usa algún tipo de droga puede empezar a mostrar alteraciones conductuales como agresividad, enojo, disminución de la capacidad de atención y concentración, afectación de la memoria, alteraciones en el ciclo del sueño y desencadena otras enfermedades”.

Según la neuróloga, lo que comienza como un juego o una simple diversión puede terminar en adicción.

“Cuánto tiempo lleva desarrollar una adicción depende de cada persona; por eso no se puede decir en cuánto tiempo se crea. Puede depender del tiempo y de la cantidad de consumo de una droga o sustancia. Los jóvenes muchas veces no saben que pueden convertirse en adictos cuando menos lo esperan”.

Cuando los padres no están pendientes de sus hijos, aumenta la posibilidad de que los menores “tropiecen” en este tipo de adicción.

Difícil, pero no imposible

Para la neuróloga Eunice Ramírez, cuando una persona ha desarrollado una adicción debe tratar de comenzar el tratamiento lo antes posible.

“La recuperación de alguien que ha consumido drogas depende del tiempo que la consumió, qué tipo y cantidad de droga usó. Dependiendo de eso, uno puede utilizar pruebas neuropsicológicas que nos digan dónde está la afectación. Con terapias cognitivas puede mejorar, pero cuando se trata de casos severos es muy difícil porque el paciente entra como en una demencia y lo que se puede hacer es mejorar su estilo de vida”.

Con el riesgo que corre la adicción a las drogas, el alcohol y otro tipo de sustancias, la juventud avanza hacia la madurez. Es deber de autoridades del Estado, padres de familia y sociedad tratar de enderezar el camino.

Padres e hijos deben ser conscientes del riesgo que entraña la arraigada costumbre social de “beber el fin de semana” y no quitarle importancia al asunto.

Fiscalía de la Niñez puede actuar de oficio en casos de riesgo social

Mayela Rodríguez de la Fiscalía Especial de los Derechos de los Niños y Adolescentes confirmó que muchos jóvenes están tomando bebidas alcohólicas o algún tipo de droga.

La fiscal expresó que los jefes de familia que no protegen a sus hijos de estas situaciones pueden ser requeridos por la ley.

“Los padres son los llamados por la ley a velar por la integridad de los menores, por su educación, sus principios y todas las cosas necesarias para un desarrollo integral del joven o del niño y cuando el padre no hace nada para que esto se cumpla es llamado ante la ley para que explique por qué no ha hecho nada, ya que están los maltratos y en esos casos sería un maltrato por omisión”, manifestó.

Rodríguez aseguró que, aunque no exista una denuncia, actúan de oficio cuando identifican un caso en que menores de edad están consumiendo alcohol o drogas.

“Podemos actuar por nuestra cuenta, pero, en la mayoría de los casos, los padres llegan a pedir ayuda”. La fiscal aclaró que toda persona puede denunciar un caso en que un menor de edad esté en situaciones que atenten contra su integridad.

“Como esto es una situación de interés público, todos somos llamados ante la ley a denunciar si tenemos conocimiento de un caso de este tipo porque estamos hablando de riesgo social.

Se debe recordar que el adolescente que toma alcohol y drogas o fume no comete un delito, sino que está en riesgo social. Por eso no lo acusamos, sino que buscamos su bienestar”.

Rodríguez se refirió al problema de los negocios que venden bebidas alcohólicas a menores de edad. “Se les advierte a las personas que no puede estar sucediendo esto porque es una violación clara de la ley”.