Magia, fe y adivinación, en las raíces hondureñas

<p>Faltaban pocos minutos para la medianoche cuando una mujer solitaria salió del cementerio General, ubicado al final de la avenida Los Leones.</p>

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Faltaban pocos minutos para la medianoche cuando una mujer solitaria salió del cementerio General, ubicado al final de la avenida Los Leones.

A pesar de la hora, ella andaba confiada. Detuvo un taxi y pidió ser trasladada a una casa del barrio Barandillas.

Al llegar al sitio dijo al motorista: “Sólo hago algo rápido y vuelvo, espéreme, le dejo mi anillo como garantía”.

Al regresar, la mujer le pidió que la llevara de nuevo al sitio donde la había recogido.

Al momento de bajarse, la dama dijo al taxista que no tenía dinero para pagarle la carrera, que se quedara con el vistoso anillo que le había entregado.

Por una circunstancia del destino, la familia de aquella dama supo de que el taxista tenía el anillo con el que su pariente había sido enterrada; comenzaron las acusaciones y aclaraciones que terminaron con el taxista fuera de sí y en un manicomio.

Esta historia urbana se ha arraigado como parte de la identidad sampedrana y se ha trasladado de una generación a otra, muchos aseguran que es mentira, pero otros le otorgan toda la veracidad.

La historia se ha repetido en muchos lugares con diferentes protagonistas y algunas variantes.

En busca del amor

Esa mente que nos hace creer esas historias, vivirlas y temerlas, también nos lleva a creer en infinidad de mitos y de acciones para promover actitudes en beneficio o en perjuicio de nosotros mismos o de otras personas.

Es común el secreto del puro que se acompaña con una oración que recitan las mujeres en cuartos oscuros, para atraer al hombre que aman.

Según Carlos, un joven que asegura haber sido víctima de una mujer despechada, “dan dolores de cabeza y uno se desespera por ver a la mujer y aunque no le guste, la busca”.

“Le ensartan siete alfileres al puro en el nombre del hombre que llaman y le piden al demonio que lo ciegue para otras mujeres”, comenta el connotado periodista y autor de los “Cuentos y Leyendas de Honduras”, Jorge Montenegro.

Creer en espantos, mitos y fórmulas mágicas para conseguir salud, dinero y amor no es nada nuevo, es parte de la cultura de los hondureños.

“En el noroccidente hay un montón de creencias. Lugares como Choloma o Santa Bárbara son muy conocidos por la existencia de brujos y hechiceros. En el barrio Medina había un homosexual que tiraba las cartas y tenía una clientela bárbara. Hubo otra señora que tenía una casa de citas, pero era famosa porque “amarraba” hombres”, recuerda el escritor.

Sin distingo

Montenegro destaca que en lo misterioso creen todos, tanto ricos como pobres. “Hay un santo que se llama San Simón y lo venden en los mercados, quienes creen en él le ponen un cigarro porque supuestamente el muñeco fuma y abajo de él le ponen guaro. Esa creencia se originó en Guatemala, pero allá tiene otro nombre, le llaman “El Santón”.

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En San Pedro Sula muchos taxistas conocen la leyenda. Algunos como Sergio Casasola han tenido sus propias vivencias misteriosas.

Otra de las creencias se basa en la lectura de las cartas para descifrar el futuro. Hay quienes creen en la mano poderosa. “Yo compré una enorme cantidad de oraciones para escribir un libro; hay oración para el ánima sola, para San Simón, dedicadas al gato negro, al garrobo, al puro, a San Miguel Arcángel, al mono, al gato, a San Lázaro y a San Antonio. Éste último ayuda a conseguir marido.

Montenegro explica que para el caso la oración del garrobo es para conseguir trabajo. Dice: “Garrobo, garrobo, tú que vives en lo alto y te tiras de las peñas y no te haces nada, ayúdame a conseguir trabajo en la empresa tal... abajo dice: Póngale fe a esta oración y tendrá trabajo en el menor tiempo posible”.

Otras creencias van desde confiar en herraduras, baños de ruda o bolsitas con hierbas y oraciones para la protección, y hasta en San Antonio de cabeza para encontrar marido.

Consecuencias

El profesional de la sicología, Jaime Ponce, explica que creer en lo que no existe forma parte de una cultura, pero se propaga debido a la falta de información.

“Creen en cualidades sobrehumanas y en dioses que no existen. Creer en lo enigmático está ligado a la personalidad paranoide, pues se apropia de tabúes, de lo misterioso y ocasiona trastornos en menores y adolescentes, dijo.

“Esto ocurre por falta de información. Le creen más al pensamiento mágico”, concluyó.

¿Realidad o fantasía? ¿Fe o necesidad? La Prensa presenta desde hoy una serie de reportajes donde se revela en qué creen los hondureños.

Nota de Redacción

La Prensa enfoca un tema difícil de manejar por la pasión inmersa en él.

Toca la fe, las creencias -muchas de ellas ancestrales- y la esperanza de infinidad de personas que no encontrando otra vía de escape a su realidad, depositan en lo desconocido la solución a sus problemas; tales circunstancias nos llevan a no emitir juicios.

Presentamos los hechos con los protagonistas e incluimos la posición de profesionales, en aras que clarifiquen y equilibren un panorama al margen de esos dos conceptos.

Voces expertas

Esta situación es peligrosa pues afecta la salud mental. En los niños crea trastornos y miedos que a veces no saben superar. Al adulto lo afecta en la toma de decisiones. Crean enfermedades paranoides, piensan que todos le quieren hacer daño, por ello buscan lo mágico. Esta situación es producto de la poca formación”.

Jaime Ponce • Sicólogo

“Unas cosas son las creencias populares y otra la vivencia que tienen las personas en contacto con el satanismo, a través de adivinos, brujos o hechiceros, que los llevan a cosas oscuras”.

Jorge Montenegro • Escritor

"Es una enfermedad crónica": Eliseo Fajardo

El historiador y director del Archivo Histórico de San Pedro Sula, Eliseo Fajardo, señala que la fusión de dos culturas como producto del sincretismo religioso trae consigo también una subcultura, que son las creencias en dioses míticos y poderosos a quienes en la actualidad se les sigue creyendo.

Muchas personas le tienen fe a amuletos que pueden ser desde una cruz, una semilla usada como amuleto, hasta los poderes de un animal. Muchas personas los retoman y lo lleven a la vida práctica, dice Fajardo.

Hoy en día en la sociedad sampedrana, existen cuatro o cinco programas en la radio que hablan de todo lo que puede hacer una persona a nivel de curación. Ellos pierden la óptica de la realidad al hablar de curación física, espiritual y moral.

Como la población en sí está dependiente del exterior y no de lo que tiene adentro, su mentalidad mítica le impide ver la realidad, explica el historiador.

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Por ejemplo: “Si compro el 32 porque soñé con mi abuela voy a ganar en la chica o el solterón empedernido que dice: ‘con un trabajito que me haga un curandero me podré conseguir una mujer’, y cosas de ese tipo; pero lo que más refleja esa tradición mítica es la inseguridad colectiva que tienen en el interior los hondureños.

Buscan lo que está fuera de ellos para explicar la realidad”, aduce. Fajardo asevera que la vida mítica del hondureño se ha convertido en una enfermedad crónica, en una enfermedad sicológica que impacta en la vida económica, en la sanación espiritual y moral del individuo.

“Esta situación no es buena porque nos señala como personas con un alto grado de analfabetismo y en segundo lugar violentando la naturaleza del criterio y de la lógica. Todos creemos en Dios pero no podemos dejarle a Él todo, tenemos que creer más en nosotros mismos”, dijo.

La Prensa