Coronavirus: Ancianos que viven solos se quedan sin alimentos

Recomiendan crear redes de voluntarios para auxiliar con alimentos y medicinas a los ancianos que son los más vulnerables.

En los países europeos, la mayoría de víctimas mortales del coronavirus son los mayores de  60 años. (Photo by ORLANDO SIERRA / AFP)
En los países europeos, la mayoría de víctimas mortales del coronavirus son los mayores de 60 años. (Photo by ORLANDO SIERRA / AFP)

San Pedro Sula.

Después de una semana de encierro, cientos de personas mayores de 60 años que viven solos se encuentran ante una gran encrucijada: salir a buscar comida y correr el riesgo de contagiarse de coronavirus o mantenerse en la casa hasta consumir el último alimento.

Por ejemplo, a Antonio García, con 85 años, con problemas auditivos y de visión, el toque de queda lo agarró desprovisto de dinero y alimentos y en este momento está angustiado porque “la poca comida es para un día más”.

El martes, horas después de que el Gobierno anunciara el toque de queda, con el poco dinero que tenía, García salió de su apartamento, ubicado en el quinto piso de un edificio del centro de San Pedro Sula y logró comprar en una pulpería cercana unos espaguetis, agua, pan, unos litros de leche y queso.

Además
1. El Gobierno entregó agua y otra ayuda humanitaria a los habitantes de las colonias capitalinas Abraham Lincoln y San Juan Bosco, que están en cuarentena por sus nexos epidemiológicos con el coronavirus.

2. Las Fuerzas Armadas están colaborando en el resguardo de la zona, así como con la fumigación de los carros una vez que salen de las colonias luego de realizar las entregas de la ayuda humanitaria.

“Yo compré poca comida porque dijeron que el toque de queda solo sería de una semana, ahora estoy en problemas porque no tengo qué comer y tampoco tengo comida para darle al perrito que tengo”, dijo.

En la tarde de ayer, García manifestó que en cualquier momento saldría a caminar por la calle a buscar comida porque no está dispuesto a morir de hambre por un toque de queda que, según él, “aunque sirve para evitar la propagación del coronavirus, no ha estado acompañado de medidas para ayudar a las personas mayores de edad”.

Hasta ahora ninguna institución gubernamental ha recorrido las calles de las ciudades buscando y atendiendo a los adultos mayores que viven solitarios en apartamentos o casas y que han decidido confinarse en vista de que son los más vulnerables ante el Covid-19.

Desde el pasado 4 de marzo, cuando ingresó a Honduras la primera paciente con Covid-19, no ha habido ninguna defunción, sin embargo, los mayores de 60 años son vulnerables, “porque lo que se ve en otros países, como Italia y España, son los más afectados”, dijo García.

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Algunos adultos mayores se vieron ayer en la necesidad de salir a comprar y visitaron los establecimientos que estaban abiertos en mercados de Tegucigalpa y San Pedro Sula. La población de mayores de 60 años supera los 700,000 en Honduras.

García, quien tiene un teléfono inteligente, ha escuchado que las personas pueden “comprar en línea”, lamentablemente él no logra hacerlo “por no ver bien la pantalla del celular”.

En otras ciudades aledañas a San Pedro Sula como Choloma, la situación es mucho más crítica pues gran parte de los mayores de 60 años viven lejos del centro y en zonas que, en condiciones normales, rara vez son visitadas por las autoridades, tanto locales como centrales.

“Hace dos días vino una señora a pedirme ayuda para una señora que es no vidente y vive sola en una casa que está en un cerro. Aquí en Choloma muchos adultos mayores están teniendo problemas porque se les acabaron los alimentos”, dijo Fredylinda Laínez.

Laínez, quien es miembro de una iglesia pentecostés y fiscal de la Comisión de Transparencia Municipal de este municipio, es del criterio que “el Gobierno, organizaciones no gubernamentales y las iglesias deben formar grupos de voluntarios para ayudar a estas personas”.

Rafael Herrera, un hondureño residente en Suiza, considera que en Honduras las “autoridades y la comunidad deben buscar nuevas formas de solidaridad y cooperación, fuera de esa lógica de recibir dinero por servicio prestado”.

“En Honduras deben crear redes de voluntarios debidamente registrados, que se ofrezcan a ayudar a la gente mayor a realizar las compras. Las Iglesias, tanto la católica como protestante, deben ayudar”, dijo.

Para Herrera, cuya madre tiene más de 60 años y vive sola en San Pedro Sula, esta pandemia debe llevar a los gobiernos y comunidades “a apelar a la solidaridad, a realizar actos simbólicos para estimular a las personas que trabajan en esta crisis, como a los médicos, pues no sólo se trata de darle órdenes a las personas de quédense en la casa, es importante aprender a gestionar la crisis”.

“Con lo que estamos viendo en estos países de Europa, le puedo recomendar a los jóvenes de Honduras que se queden en sus casas, que no salgan. Los jóvenes son los grandes transmisores, pero no son las víctimas y desgraciadamente, cuando el sistema de salud es desbordado, los médicos prefieren darle el respirador al joven (por tener mayores posibilidades de vida) que al adulto mayor que se quedó en la casa respetando la cuarentena”, dijo.

La Prensa