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El cielo es el límite para una universitaria que tiene negocio de repostería

 Karla Zelaya piensa seguirse capacitando sobre repostería para presentar nuevas propuestas a sus clientes.

Karla Zelaya lucha contra toda adversidad para salir adelante.
Karla Zelaya lucha contra toda adversidad para salir adelante.

San Pedro Sula, Cortés.

“La única discapacidad en la vida es una mala actitud”, dijo Scott Hamilton, un saxofonista estadounidense de jazz.

Karla Zelaya Ordóñez (31) aún recuerda la noche del sábado 26 de julio del año 2010, episodio que le cambió la vida por completo.

Karla, muy ilusionada de recibir y mirar a su novio en el aeropuerto Ramón Villeda Morales, de La Lima, se trasladó junto con unos amigos de la familia desde la ciudad de La Ceiba, a bordo de un vehículo tipo Nissan y color gris.

Dato

Teléfono para apoyar con compra de dulces a Karla Zelaya: 8882-1273 y la página para seguirla de cerca es The CakePops Shop

Era las 6:00 de la tarde cuando llegaron al aeropuerto y recibieron información que el vuelo en el cual venía su novio (de quien prefirió omitir su nombre) desde China, tuvo un retraso, por lo que llegaría tipo 11 de la noche.

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Pasaron las horas y tras una larga espera, finalmente llegó el entonces futbolista de la Liga Nacional, quien estuvo realizando una prueba con un club de la liga china, la cual terminó sin éxito. Inmediatamente los medios de comunicación se desplazaron hacia donde él estaba, lo fotografiaron y lo entrevistaron mientras sujetaba la mano de Karla, una bella mujer, con sonrisa ligera, vistiendo un jean azul y blusa de color morado lila.

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Invitada por USAID a la celebración del Día de Mujer, para hablar de su microempresa como mujer con discapacidad.

Tras la agitante salida de la prensa, Karla y su pareja abordaron el automóvil y se colocaron en la parte trasera, mientras que don Felipe, el conductor, con su esposa iban en la parte delantera.

Karla recuerda que en ese momento recibió una llamada de su padre, sugiriéndole que mejor se quedara en San Pedro Sula, pero ella prefirió viajar.

-Un día que no olvidará-

El recorrido fue plácido hasta las 12 de la noche, momento en que transitaban por la Curva del Gato, entre Tela y La Ceiba. Estaba lloviendo muy fuerte y no había iluminación, de repente, el motorista perdió el control de carro y terminaron cayendo a una hondonada.

El turismo dio varias vueltas, don Felipe y su esposa no salieron lesionados porque llevaban puesto el cinturón, mientras que el futbolista apenas sufrió un golpe en la cabeza, no así Karla Zelaya, quien salió prácticamente volando y quedó debajo.

Karla terminó inconsciente, inflamada de su cuerpo y pálida. Ese mismo día, un tío de su pareja iba en camino hacia La Ceiba, entonces lo llamaron y fue así como la llevaron rápidamente al Hospital Vicente D'Antoni. La encubaron de emergencia porque una hemorragua interna la estaba matando y le colocaron un ventilador mecánico para respirar.

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Karla compartió una imagen que la refleja disfrutando con sus amigas y cuando aún caminaba.

Posteriormente la trasladaron al Insituto Hondureño de Seguridad Social (Ihss) de San Pedro Sula, donde permaneció en cuidados intensivos y en coma durante 27 días.

Por el accidente, Karla se dañó el hígado, las costillas, pulmones y tuvo tres fracturas en su columna vertebral. "Cuando desperté me dijeron que quedaría paraplégica y que necesitaba hacer terapias para seguir con mi vida, el médico me dijo que lo que seguía conmigo ya sólo quedaba en manos de Dios", pronuncia con nostalgia.

-Es ejemplo de superación-

"Todo mundo pensó que me iba a poner a llorar, pero asumí con valor la situación y les dije que había sido un milagro de Dios y que iba a seguir adelante cómo fuera", comenta la talentosa joven.

Su rehabilitación en San Pedro Sula duró seis meses y luego se trasladó a La Ceiba, donde después de un tiempo se casó y luego se separó. "No quise quedarme sin hacer nada y como siempre me gustó la repostería, entonces dije que era el momento para emprender en ello", menciona.

"Cuando le dije a mis papás no les pareció mucho, pero les enfaticé que sí lo haría porque tenía conocimientos de producción y cómo mercadear un producto, entonces, fortalecí mis ideas en internet y fui vendiendo poco a poco, primero con mis amigas, luego ponía fotos en mi red social y ahora el negocio se ha expandido", destaca mientras sonríe.

Karla comenzó la venta de repostería junto con su mamá y después las buscaban para eventos grandes, era tanta la demanda que tuvieron que pedirle a un pariente que se uniera y ahora tiene otro ayudante, siendo cuatro en total y exportando en grandes cantidades a lugares como Roatan.

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Algunos de los dulces que Karla elabora. Para poder mirar más de du trabajo puede buscarla en sus redes sociales.

ndiencia, pese a que mis papas podian ayudarme, decidi trabajar y salir adelante", menciona.

-Tiene su negocio-

Karla vende dulces para bodas, cumpleaños, celebraciones de 15 años, despedida de soltera, toda la materia prima la compra en Estados Unidos, país a donde viaje constantemente. Los precios varían del diseño y de la variedad, lasdocenas de dulces andan por los 400 lempiras y deben ser pedidos con antipación.

-Sépalo-

Karla estudió en la escuela San Isidro, situada en el centro de La Ceiba, posteriormente sacó un Bachillerato en Ciencias y Letras en el Instituto María Regina. A sus 18 años de edad inició su ruta universitaria en la Universidad Católica de Honduras, donde estuvo a tres clases de graduarse como ingeniera industrial.

Mientras estudiaba, Karla trabajaba como adminsitradora de una planta del area de ventas en una compañía de cable de la zona norte. "Siempre me gusto la independiencia, pese a que mis papas podian ayudarme, decidi trabajar y salir adelante", menciona.

Cierre

Karla se despidió con un inspirador mensaje, "la vida nos puede cambiar de un momento a otro, estoy agradecida con Dios y pude salir adelante. Mis papás, amigos, y la gente de La Ceiba me han apoyado mucho, no me quejo, una silla de ruedas no es impedimento para disfrutar la vida".

Porque la vida no se termina después de vivencias como las de Karla, hay otra vida, diferente, ni mejor ni peor, simplemente es la que toca. Hay personas que no hablan y tienen la gran capacidad de comunicarse con sus manos, con sus ojos o con sus piernas. Hay personas que no miran, pero son capaces de pintar la vida de color con sus palabras, hay personas que no pueden caminar, pero son capaces de mover el mundo que les rodea, una de ellas es Karla Zelaya Ordóñez, una destacada microempresaria de La Ceiba.