Migdonia Ayestas: “Mi pasatiempo favorito es el Observatorio de la Violencia”

Hay 32 indicadores que definen si un país es violento. Honduras aún debe mejorar en la investigación criminal.

Migdonia Ayestas ha laborado como docente y luego llegó a la Unah.
Migdonia Ayestas ha laborado como docente y luego llegó a la Unah.

Tegucigalpa, Honduras.

Se crio en la aldea Santa Cruz, del departamento de El Paraíso, en las faenas de la agricultura y arriando el ganado de la pequeña hacienda familiar. Hoy Migdonia Ayestas es una voz respetable en asuntos de seguridad pública y desde hace varios años dirige el Observatorio Nacional de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).

¿De dónde son sus orígenes?

Nací en una aldea llamada Santa Cruz, del departamento de El Paraíso, el 12 de octubre de 1967, recientemente cumplí 50 años.

¿Quiénes eran sus padres?

Ya fallecieron, pero me dejaron un gran ejemplo de honestidad y responsabilidad por este país. Mi madre se llamaba Lucía Serna y mi papá Gudelio Ayestas. Mi mamá era ama de casa y mi papá agricultor, todavía conservamos las tierras que él sembró y nos heredó trabajar en la agricultura.

¿Cómo fue la infancia con su familia?

Con una familia muy constituida, padre y madre responsables dedicados a la agricultura y ganadería y, además de eso, en un ambiente de confianza, de una comunidad donde todos se respetaban, en donde los adultos nos protegían y en las mañanas ocuparse por ir a buscar las vacas o ir a la labranza, y de regreso a las ocho de la mañana, lista para ir a la escuela hasta la once y después a la una regresar a la escuela. Vivía tan cerca de la escuela, a dos minutos, fue una niñez feliz, jugué fútbol y todos los juegos tradicionales.

¿Dónde cursó sus estudios?

Después de cursar el sexto grado pasé a estudiar al instituto Alejandro Flores, de El Paraíso, allí cursé hasta tercer curso. Luego estudié en la Escuela Normal España de Villa Humada, viajábamos de El Paraíso a Danlí, me gradué de maestra de educación primaria en esa escuela.

¿Cuáles han sido sus trabajos?

Ejercí como docente en una escuela rural, fui una maestra unidocente en la escuela Luis Andrés Zúniga, en la aldea Las Vegas, El Paraíso, cruzaba una aldea llamada Cullí, y a dos horas y media a pie iba a dar clases, luego me dediqué directamente a estudiar y me gradué en la Unah de licenciada en Pedagogía con orientación en Planificación. También ejercí como docente en colegio y escuela de Tegucigalpa, regresé como directora distrital de Danlí, El Paraíso y Yuscarán. Concursé para trabajar en un proyecto que dirigía la exrectora de la Unah Julieta Castellanos, un proyecto de armas pequeñas, seguridad y justicia. Desde 2004 hasta 2008. En ese mismo año inicié desarrollando una propuesta de prevención de violencia en la escuela y la familia dirigida a trabajar contra la violencia en padres de familia, docentes y alumnos de centros educativos públicos de varios departamentos del país.

En 2010 llegué a la Unah para asumir la dirección del Observatorio de la Violencia.

¿Qué la motivo a asumir este cargo?

En principio por el conocimiento, yo venía de trabajar en prevención de violencia, que es una parte del Observatorio de la Violencia, porque es una labor preventiva que da información para poder buscar alternativas de solución al problema de violencia y criminalidad. Esto fue un paso seguido de asumir el Observatorio luego de que la rectora se vino a la Universidad y por lo tanto confiaron en mí para poder desarrollar y emprender el nuevo reto, que fue asumir la dirección del Observatorio Nacional de la Violencia, y avanzarlo a fortalecer capacidades en los centros regionales de la Unah para poder tener observatorios locales y regionales.

¿Son realmente confiables sus informes?

La confianza la garantizamos a la ciudadanía precisamente porque para la Unah y para el Observatorio de la Violencia es importante conocer y ser objetivos en brindar información, la cual es basada en un método científico que da cuenta del tiempo, persona y el lugar donde ocurre cada uno de los hechos delictivos, ya sea homicidio o muertes por causa externa, delitos contra la vida y delitos contra la propiedad que ocurren en el país.

¿Los casos se resuelven o quedan impunes?

Creo que hay algo importante y es que tiene que avanzar la investigación criminal porque no se resuelven cuando no se investigan y tampoco se judicializan. El juzgamiento es la parte final de un proceso y este inicia desde el hecho e investigar quiénes son los responsables.

¿Cuáles son las recomendaciones que dan al Gobierno?

Ya se avanzó en el control y disuasión del delito, en las capturas y en enviar a las cárceles a muchas de las personas que están involucradas en actividades delictivas, pero también es importante enseñar a los niños y niñas decir no a la violencia, y eso solo pasa por la prevención

¿Cómo califica la labor del Observatorio?

Es una labor importante de evidencia científica, objetiva, que ha sido reconocida a nivel nacional e internacional.

¿Dejó Honduras de ser el país más violento del mundo?

En tasa de homicidios sí, y quiero ser enfática en establecer en cómo se mide a cada uno de los países en el mundo. Es a través de la tasa de homicidios que se define si sos violento o no, aunque hay 32 indicadores más como la violencia intrafamiliar y trata de personas.

¿En qué debe mejorar el Observatorio de la Violencia?

En qué deben de mejorar las instituciones diría yo, y es en mayor acceso a la información a todas las organizaciones de la sociedad.

La recomendación con el Observatorio es hacer un proceso de mejora continua.

¿Dónde se ve Migdonia Ayestas en los próximos años?

Me encanta trabajar en el Observatorio porque creo que es una labor loable para dar cuenta de lo que pasa en el país, yo sé que siempre no le gusta a la gente lo que decimos ni lo que hacemos, y me preguntan si soy tan valiente para decirlo, y la verdad que cuando se tienen las pruebas puedes ser valiente para hacerlo.

¿Cuáles son sus pasatiempos favoritos?

Mi pasatiempo favorito es el Observatorio de la Violencia, casi dedico 20 horas a trabajar en él por una apuesta a la Universidad de ser una institución fortalecida, y si yo puedo poner un grano de arena dentro, lo hago.

La Prensa