Viagra, la primera píldora contra la impotencia en ser aprobada en Estados Unidos, cumplió diez años.
Sexólogos y médicos coinciden en que gracias a ella, la impotencia, cuidadosamente rebautizada como disfunción eréctil, ya no es un problema insalvable para el hombre.
Pero la posibilidad de llevar en el bolsillo una erección con la pareja casi garantizada también ha cambiado el modo en que los hombres se acercan a la sexualidad. Para bien y para mal.
El fármaco ha hecho que las dificultades salgan del silencio. 'La gente consulta ahora con más tranquilidad', explica el doctor Astobieta Odrizola, especialista en Urología del Hospital Galdácano de Bilbao.
La existencia de un remedio sencillo que promete cortar de raíz el problema relaja a los hombres y permite a los médicos dar recomendaciones para anticipar el problema.
El éxito de la pastilla azul se debe a que simplemente funciona. Un hombre con problemas para lograr una erección la obtendrá ingiriendo la píldora y poniéndose en una situación excitante. A quién recetar el medicamento y en qué circunstancias es lo que mantiene divididos a los expertos.
Salvo en casos de lesión, las dificultades para lograr la erección suelen ser un problema secundario, derivado un trastorno vascular anterior, como la hipertensión o un nivel alto de colesterol, o la diabetes. Estos son descritos como causas físicas.
El sexo también es una actividad mental, y la depresión, el estrés o el miedo a 'no dar la talla' pueden impedir que incluso un hombre joven logre excitarse.
Estereotipos
'Resolver el miedo a no dar la talla con una pastilla ha reafirmado la cultura de género', mantiene Julián López de Quero, sexólogo e iniciador de la Fundación Sexpol para el Desarrollo del Bienestar y la Salud Sexual.
'No hay más que ver las series y el cine de ahora mostrando al macho potente y depredador y a la mujer como objeto sexual al servicio del varón y recompensa de su trabajo', añade López de Quero, que acusa a los laboratorios de haber promocionado el uso de la Viagra más allá de la disfunción eréctil. También advierte de que la investigación sobre los efectos secundarios parece haber desaparecido de las revistas médicas. Los expertos coinciden en que la Viagra está aquí para quedarse, pero mientras los sexólogos se muestran preocupados por la facilidad con que se atribuyen causas orgánicas a toda disfunción eréctil, los urólogos ya se plantean afinar mejor los efectos del fármaco.
En 10 años, la píldora supera a otros fármacos como el Prozac en popularidad. Las farmacéuticas ya piensan en la 'viagra rosa' para mujeres, pero las pruebas no terminan de salir.
En el transcurso de un ensayo clínico de un fármaco contra la angina de pecho en 1994, el equipo de Pfizer recibió una reacción inesperada.
'Al principio probábamos el Sildenafil, que más tarde sería el principio activo del Viagra, como medicamento cardiovascular y por su capacidad de reducir la presión arterial, pero la gente no quería devolver los medicamentos sobrantes, porque uno de los efectos secundarios era tener erecciones más fuertes y más duraderas', explicó el médico de Pfizer Brian Klee.
El equipo tomó buena nota y la farmacéutica centró sus esfuerzos en el tratamiento de la disfunción eréctil. El resultado: en 1998 fue autorizada Viagra como primera píldora contra la impotencia autorizada en Estados Unidos.
Tendencia
En el pasado, los hombres con disfunciones eréctiles debían pasar todo tipo de pruebas.
Los que no tenían de cinco a seis erecciones por noche eran clasificados como problema físico, y los que tenían erecciones nocturnas se reenviaban a un tratamiento psicológico. 'Hoy la tendencia es no preocuparse en saber si (la disfunción) viene de lo emocional o de lo físico: se utilizan píldoras y el paciente está contento'.
Éxito sin precedentes
Más de 35 millones de hombres se han beneficiado de sus efectos y Pfizer ha obtenido 1,760 millones de dólares de beneficio sólo por Viagra.
Desarrollado casi por equivocación por los laboratorios Pfizer, el Viagra fue aprobado por la agencia estadounidense de medicamentos, FDA el 27 de marzo de 1998.