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09:26 PM

¡Una sobredosis de optimismo!

  • Actualizado: 24 febrero 2010 /

Adoptar unos sencillos gestos cotidianos puede bastar para restablecer nuestro bienestar o comenzar a recuperarlo.

Una persona puede pasar horas, días e incluso semanas dándole vueltas a sus problemas, conflictos e incertidumbres, y reflexionando sobre qué camino seguir o actitud a adoptar para salir del desánimo o el desasosiego que la embargan y amargan.

Pero, como propone la inagotable sabiduría oriental, si uno se encuentra en una habitación totalmente oscura, ¿cuál es la forma más sencilla y eficaz de salir de las sombras, orientarse y encontrar una salida? ¡Basta con encender una cerilla!

“En términos psicológicos, ello equivale a emprender una acción muy sencilla, pero que, sin embargo, puede tener una enorme trascendencia para el ánimo y rumbo de una persona, en tanto que le demuestra que puede sentirse mejor, modifica su percepción de la realidad y le sirve de estímulo”, señala María Campos Olivas, terapeuta.

    Adoptar unos sencillos gestos cotidianos puede bastar para restablecer nuestro bienestar o comenzar a recuperarlo.

    Una persona puede pasar horas, días e incluso semanas dándole vueltas a sus problemas, conflictos e incertidumbres, y reflexionando sobre qué camino seguir o actitud a adoptar para salir del desánimo o el desasosiego que la embargan y amargan.

    Pero, como propone la inagotable sabiduría oriental, si uno se encuentra en una habitación totalmente oscura, ¿cuál es la forma más sencilla y eficaz de salir de las sombras, orientarse y encontrar una salida? ¡Basta con encender una cerilla!

    “En términos psicológicos, ello equivale a emprender una acción muy sencilla, pero que, sin embargo, puede tener una enorme trascendencia para el ánimo y rumbo de una persona, en tanto que le demuestra que puede sentirse mejor, modifica su percepción de la realidad y le sirve de estímulo”, señala María Campos Olivas, terapeuta.

    Según Campos, se trata de pequeños gestos que, si se van incorporando a la cotidianidad, van arrojando luz sobre la vida de la persona afligida, iluminando su camino vital y mejorando su estado anímico y disfrute de las pequeñas cosas.

    “Incluso un buen día pueden venirle a la mente soluciones o salidas insospechadas para lo que antes parecían ‘callejones sin salida’ o descubrir que algunos de los problemas que antes le atribulaban no son tan importantes como parecían”, señala.
    Una de las “cerillas psicológicas” que recomienda Campos consiste en practicar la relajación a diario, una técnica que realmente alivia el estrés y la tensión. Una forma de relajarse, consiste en tenderse boca arriba, con los brazos a lo largo del cuerpo o sobre el pecho, o sentarse en una silla cómoda. En esa posición, hay que cerrar los ojos y respirar profundamente varias veces.

    Relajación y buenos sueños.

    Hay que relajar los pies, concentrando la mente en ellos, intentando “sentirlos”, para después ir subiendo por el cuerpo, haciendo lo mismo con los tobillos, piernas, muslos, nalgas, estómago, espalda y hombros. Se sigue con las manos, brazos, mandíbulas, mejillas, ojos, frente y cuero cabelludo. La idea es visualizar y sentir cada parte del organismo.

    Por otra parte, dormir de siete a ocho horas todas las noches es otro de los mejores y más sencillos antídotos contra el estrés, la ansiedad y el agotamiento. Para que el cuerpo se recargue de energía y estar en mejores condiciones para afrontar el día siguiente conviene irse a la cama media hora antes de lo usual y después de unas semanas añadir otra media hora adicional.

    Al acercarse la hora de apagar la luz, es bueno relajarse con actividades tranquilas como la lectura, la meditación o los estiramientos, y evitar el consumo de productos con cafeína, tabaco o alcohol.

    La decoración de la casa o el lugar de trabajo influyen en nuestro estado de ánimo. “Renovar el entorno cambiando la ubicación de espejos, cuadros, objetos, muebles y demás elementos ambientales, eliminándolos o sustituyéndolos, también renueva nuestra forma de ver y sentir las cosas y nos estimula, sacándonos de nuestro posible letargo”, aconseja Campos.

    Cambiar de ambiente y conocer otros lugares, permite desconectar del ritmo diario de trabajo. Introducir nuevas prendas en nuestro vestuario ayuda a romper la rutina, mientras que elegirlas según nuestro físico y edad nos hará vernos mejor. Incluso los cambios de imagen, por ejemplo de peinado o maquillaje, también nos renuevan por dentro. Conocer gente nueva también es positivo: al hacer amistades regeneramos una parte de nosotros que deseamos compartir. “La consigna es ¡cambiar, cambiar, cambiar!”, señala.
    La risa es curativa, porque reduce el estrés, nos permite ver el mundo de forma más realista y sin distorsiones emocionales, y beneficia la salud en general. Para aprovechar esta auténtica medicina natural, hay que determinar nuestros gustos en materia de humor; por ejemplo, descubrir el estilo de comedia, actor o humorista que preferimos, conseguir sus videos y mirarlos a menudo. Si algunos amigos o familiares nos hacen reír, hay que buscar ocasiones para compartir con ellos.

    Limpieza de la mente.

    “Para evitar que en nuestra vida se acumulen conflictos y tensiones que nos desequilibren emocionalmente, conviene practicar la higiene mental”, sugiere la terapeuta. Para ello, hay que buscar momentos de reposo, silencio y soledad para reflexionar sobre nuestros defectos y cualidades, actitudes y sentimientos, acciones y omisiones; para conectar con nuestras necesidades, problemas y recursos.

    “Conviene buscar estímulos culturales o sociales, como aficiones, deportes o actividades artesanales, en vez de aturdirse con la radio, Internet o la televisión, o llenar el tiempo con obligaciones o trabajos que en realidad son tapaderas de nuestro malestar”. Para María Campos, cada tanto hemos de regalarnos a nosotros mismos un día entero lejos de la rutina habitual para dedicarnos a actividades que nos gratifiquen y ayuden a reencontrarnos.
    No hace falta darse prisa ni tratar de aplicar todos estos cambios al mismo tiempo ni cuanto antes. Cambiar de la noche a la mañana no sólo es imposible, sino que se convierte en un desafío tan enorme que sólo nos disuade de emprenderlo. Lo mejor, según la experta, es comenzar por aplicar un gesto o práctica que nos resulte sencilla. “Cuando se convierta en hábito y disfrutemos de sus beneficios, podemos agregar otra, y así sucesivamente”.

    Las tres claves

    1. La autoestima
    Se construye con cuatro elementos: el físico, el psicológico, el social y el cultural. Se trata de aceptar el propio cuerpo, reconocer y cuidar lo que le gusta de él; incluso si hay partes que no te agradan tanto, intentar mejorarlas es válido. El objetivo es sentirse bien con uno mismo. Respecto a la parte psicológica, hay que considerarse inteligentes, capaces de adquirir conocimientos y de expresar sentimientos. En lo social, hay que estar seguros de que establecer contacto interpersonal es algo que vale la pena, estar abiertos a relacionarnos, cultivar amistades antiguas y estar abierto a otras nuevas.

    2. El perdón
    Las personas con buena autoestima suelen tener confianza en sí mismas y pueden salir adelante de las situaciones adversas que en una sociedad tan vertiginosa son cosa de todos los días, comenta Rojas. Esta actitud de vida solo se consigue echando mano del perdón. “El que sabe perdonarse y disculparse a sí mismo, puede hacerlo con los demás; quien no se perdona nada y es muy estricto es alguien obsesivo, perfeccionista y tiene mal pronóstico porque significa que vive con baja autoestima”, dice Enrique Rojas Montes, psiquiatra.

    3. La felicidad
    “Hace pocos días hablaba con un señor que tiene una tienda de frutas y me decía: ‘mire, yo no tengo una carrera universitaria, pero en mi tienda están las mejores frutas de la ciudad, estoy feliz con lo que hago y físicamente me siento bien’; en su autoevaluación, este hombre se dio una nota muy alta porque se sentía feliz”. Una persona insegura, reservada, crítica consigo misma, que ve más lo malo que lo bueno y siempre tiene una nota negativa con respecto a su personalidad, no hubiera podido decir lo mismo.

    Tómalo en cuenta....
    A. Todos tenemos errores, pero si uno es demasiado crítico consigo mismo, siempre estará mirando al de más arriba, al que tiene más en lo económico, lo físico o lo social; en cambio, la persona sana no mira a los demás, se mira a sí misma y siempre trata de sacar lo mejor de sí.

    B. A la capacidad de perdón se le debe sumar la de hacer todo lo posible por alcanzar la felicidad, que comparte su característica de subjetividad con la autoestima, porque cada persona tiene sus propios parámetros para definirlas. La felicidad es una condición más sencilla de alcanzar cuando, según el psiquiatra, se establecen objetivos reales en el proyecto de vida.

    C. Para lograr construir la autoestima, sin caer en el narcisismo, te recomendamos esta fórmula: “querer y aceptar las partes corporales que no puedan cambiarse; construirse un proyecto de vida coherente y realista que incluya amor, trabajo y cultura, tener capacidad para superar las adversidades y heridas del pasado y echarle sentido del humor a la vida personal”.