La 41 edición del Super Bowl, el juego de campeonato de la liga profesional de fútbol americano, la mayor celebración deportiva del país norteamerica, también se convierte en una fiesta del espectáculo.
Antes de dar comienzo el juego y en el intermedio son invitadas cada año algunas de las estrellas más destacadas del panorama musical para entretener a los espectadores.
Este año, los cantantes Billy Joel, que interpretó el himno nacional antes del partido, y Prince fueron los encargados de poner la nota musical a una final que, en años anteriores, ha contado con Sting, Paul McCartney y U2.
También Britney Spears o Janet Jackson, cuya aparición en 2004 desató la polémica al destapar Justin Timberlake uno de sus senos.
El intérprete de Purple Rain deleitó a los espectadores con un popurrí de sus temas más conocidos desafiando al agua que el domingo caía sobre el Dolphin Stadium, en una de las mejores actuaciones que se recuerdan.
La fiesta Miami Beach
El Super Bowl sirve igualmente de excusa para que, todos los años, se organicen fiestas previas por las que pululan algunas de las celebridades más rutilantes del cine.