Hay historias que merecen contarlas al mundo con gran orgullo. Hoy, Día del padre, Vivir en Rosa comparte tres hermosos ejemplos de amor y vida protagonizados por hombres insuperables.
Fue una tarea difícil convencerlos, pero al final el resultado es magnífico y cada uno de ellos ha compartido la emoción de ser papá, el amor incondicional por sus hijos y más aún cuando los pequeños vinieron al mundo con retos especiales que gracias al apoyo de sus progenitores han vencido con entereza.
Karim Qubain, Erasmo Santos y Roberto Ortiz tienen muchas cosas en común: son hijos, esposos, padres y, lo más importante, fieles amigos de sus hijos. Hoy nos conmueven con su lección de vida.
Admirable
La pequeña Alice Kubain Khamis nació con síndrome de Down. Verla desenvolverse en público es contemplar la dulzura de un ser puro. Con su hiperactiva y noble personalidad, la pequeña se convierte en la reina absoluta del ambiente.
La de Eramos Santos Saybe es otra conmovedora historia. A pesar de que nació normal, a los siete años le diagnosticaron una terrible enfermedad. Padece de insuficiencia renal crónica, pero este mal le ha dado fuerzas para demostrarle al mundo que con el amor de sus padres lo puede todo.
Robert Ortiz Posse también tiene mucho que decirle al mundo. Nada es imposible y aunque nació con serios problemas en el tubo neural y fue sometido a una intervención quirúrgica apenas a dos horas de haber nacido, el tiempo ha pasado y a sus 14 años se muestra feliz, pues su padre le ha dado el apoyo incondicional para que su ejemplo sea imitado por otros.
Cada uno de estos hijos especiales tiene un ángel que los cuida acá en la tierra. Son sus padres que los han acompañado en los momentos más tortuosos de sus vidas y que ahora tienen la satisfacción de verlos adaptados a la vida cotidiana gracias al amor que les han brindado.
Ejemplar
Han sido muchas las lágrimas que han derramado estos padres en noches de desvelo e interminables oraciones a Dios en la búsqueda de una respuesta médica y de apoyo emocional para las necesidades especiales de sus hijos.
El camino no ha sido fácil, pero ha valido la pena recorrerlo y continuar por los senderos del destino con la firme convicción de no dejarse vencer, porque siempre el amor triunfa, y más aún si ese sentimiento viene del seno familiar.
Hoy, Día del padre, Vivir en Rosa celebra la fecha tan esperada rindiéndole un merecido tributo a ejemplares hombres que dedican su tiempo y esfuerzo a sus hijos y que han sabido sobrellevar los infortunios que la vida les ha dado para ser la calma en medio de la tormenta.
La hija que reina en su gran corazón
síndrome de down Contemplar a esta pareja de padre e hija no tiene precio. Ahí hay amor, se palpa a simple vista la inocencia de una hermosa niña y, sobre todo, el orgullo de un padre ejemplar.
Alice es la séptima hija de los esposos Qubain Khamis. Nació hace seis años, con síndrome de Down. “Al principio todos nos asustamos por no saber bien sobre este mal y nos preocupamos aún más por ella”, afirma su padre Karim Qubain.
A medida que avanzaba el tiempo, junto a su esposa fueron conociendo más sobre el síndrome de Down y fue cuando comenzaron a buscar soluciones con la firme convicción de integrar a Alice a la sociedad de forma activa.
Gracias a la experiencia que día a día vive este padre ejemplar se ha convertido en un apoyo incondicional de su hija y de muchos pequeños que nacieron con este padecimiento. Por ello es parte invaluable de la fundación Integrar, la institución especializada en los casos infantiles con síndrome de Down.
“Los niños con este padecimiento necesitan atención especial y permanente con terapia física y revisión médica.
Nuestra hija tiene programas intensos diariamente para asegurarnos de que cuando crezca sea una independiente totalmente y preparada para enfrentar al mundo como cualquier persona”, afirma.
Un padre, dos muletas y un gran ejemplo
deficiencia neural Robert es el primogénito del matrimonio Ortiz Posse. El pequeño nació con un grave problema en el tubo neural del cual tuvo que ser intervenido quirúrgicamente apenas dos horas después de haber nacido.
“Con fe en Dios y mucho amor, sumado al apoyo incondicional de familia, amigos y médicos, nunca dudamos que nuestro hijo saldría bien librado del hospital. Quince días más tarde y dos cirugías, por fin lo llevamos a nuestro hogar”, cuenta su orgulloso padre Roberto Ortiz.
Hace 14 años los médicos fueron claros y el pronóstico para el pequeño Robert era reservado para la medicina de ese tiempo, ya que podría haber un sinnúmero de complicaciones. “No olvido las palabras del especialista: ‘prepárenlo para el mundo, porque el mundo no está preparado para él’”.
Fueron 54 los doctores que examinaron al bebé en ese tiempo y tras varias cirugías, 14 años después y gracias a un estricto control que ha mantenido, Robert es un joven que vive una vida plena, llena de logros y satisfacciones y con una capacidad de sobrellevar cualquier tipo de limitantes, afirman sus progenitores. Roberto y su hijo Robert comparten su pasión por el fútbol.
Gracias al apoyo cristiano que ofrece el movimiento católico Camino, del cual es miembro Roberto, a su hijo le ha inculcado valores y amor al prójimo. El pequeño ya forma parte y apoya especialmente al hospital de ortopedia pediátrica para niños de escasos recursos, Cure. Roberto considera que hoy “es muy fácil tener hijos, lo difícil es ser papá”. “Amo a mis tres hijos y estoy orgulloso de ellos. Ya me di cuenta de que cuando uno empieza a descubrir que su papá lo sabe todo, es el mismo momento en que mis hijos comienzan a creer que yo no entiendo nada”.
El amor de padre no tiene límites
insuficiencia renal Erasmo Santos tenía solamente 20 años cuando su primogénito nació. Lo bautizó con su nombre y es así como empieza la historia ejemplar de Erasmo Santos Saybe.
Hasta los siete años fue un niño normal. “Comenzamos a notar que aunque se dormía bien temprano en las noches, amanecía cansado. Se le hicieron exámenes aquí y después de cinco meses lo llevamos a Miami, donde le detectaron insuficiencia renal crónica”, cuenta el padre.
El única tratamiento para esta enfermedad es la diálisis o la cura está en un trasplante de riñón. Es ahí cuando inicia el viacrucis de Erasmo y su hijo. “Comenzamos a hacerle en casa las diálisis y seis meses después nos hicimos las pruebas de compatibilidad mi esposa Giselle y yo para donarle uno de nuestro riñones”.
Ambos salieron compatibles, pero el amor de padre pudo más que todo y Erasmo de inmediato le donó un riñón a su hijo.
En 2004 retornaron a Nueva Orleans para el trasplante. Ambos estaban en la cirugía y aunque todo parecía que saldría perfectamente, no fue así. “La operación no funcionó porque se formó un coágulo que no permitió que le llegara sangre al riñón paterno ya en el cuerpo de Erasmito”, afirma. Una vez más reanudaron las tortuosas diálisis y Erasmito fue colocado en lista de espera en EUA para buscar un donante. En 2005 llego una buena noticia.
Encontraron un riñón compatible y vino un segundo trasplante, pero la desgracia volvió a tocar la puerta de los esposos Santos Saybe y le detectaron un tumor canceroso a Erasmito y tuvo que estar en quimioterapia 8 meses. El gran temor del pequeño era perder el cabello. Así fue, pero el amor del padre pudo más que todas las tristezas y él también se rasuró la cabeza para que su hijo supiera que en el mundo no está sólo. Hoy, Erasmo sólo le pide a Dios que llegue un tercer y definitivo trasplante.