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La Lima de Vargas Llosa

  • Actualizado: 08 octubre 2010 /

Convertida ahora en una ciudad con más de 8 millones de habitantes, Lima ha cambiado, pero de muchas maneras sigue siendo aquella ciudad que Santiago mira “sin amor”. Lea el PDF

Convertida ahora en una ciudad con más de 8 millones de habitantes, Lima ha cambiado, pero de muchas maneras sigue siendo aquella ciudad que Santiago mira “sin amor” desde las memorables páginas de “Conversación en La Catedral”.

Ciudad de neblina, gris, y muchas veces cubierta de una fina llovizna que cala hasta los huesos, sería injusto, sin embargo, dejar de destacar los atractivos de su arquitectura, su historia y su gastronomía.

Y aunque Santiago Zavala, “Zavalita”, personaje de “Conversación en La Catedral”, se sigue preguntando “¿en qué momento se había jodido el Perú?”, muchos limeños ahora piensan que se va dejando atrás aquel paisaje de “automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris”.

Quizá, por ese motivo, son cada vez más recurrentes las menciones a la geografía literaria que Vargas Llosa ha creado de la capital peruana, un tema que puede ser apasionante y que cualquier persona espabilada puede captar si aguza los sentidos.

La ciudad mítica

Desde cuentos como “Día domingo” a la novela corta “Los cachorros”; y novelas como “La ciudad y los perros”, “Conversación en La Catedral” y “La tía Julia y el escribidor”, los ambientes, las plazas y las calles de Lima son una presencia constante en la obra vargasllosiana.

Por eso, para encontrarse con la Lima de Vargas Llosa basta con recorrer las calles y esquinas del distrito de Miraflores, del Centro de Lima, el litoral de la Costa Verde, el barrio de La Victoria y el bohemio Barranco.

En la llamada “Quinta de los Duendes”, en un escondido pasaje miraflorino, el escritor vivió con su tía Julia Urquidi al poco tiempo de casarse con ella.

En la actualidad, la casa está ocupada desde hace seis años por los músicos peruanos Edson Leon y Carla Aldana, que se enteraron de su pasado “literario” cuando empezaron a relacionarse con los vecinos de la quinta.

En un barrio mucho menos acomodado, el de La Victoria, ya no quedan restos de los prostíbulos a los que acudían los cadetes de “La ciudad y los perros” para dar rienda suelta a sus deseos sexuales.

El famoso jirón Huatica ha cambiado su nombre por el de Renovación, en un intento de borrar el rastro de las prostitutas de todas las nacionalidades que en su época coparon la zona.

Ya en el centro de Lima, el viajero puede acudir hasta la antigua Casona de la Universidad de San Marcos, donde estudió el escritor, o al mismo hotel Bolívar, en cuyo bar “Grill” se dice que Vargas Llosa besó por primera vez, en la mejilla, a Julia Urquidi.

También puede acercarse a la deteriorada fachada del ya derruido bar La Catedral, que dio nombre a la novela preferida por el escritor y que actualmente alberga un terreno que sirve para estacionar vehículos.

Vargas Llosa estuvo internado durante la enseñanza secundaria en el Colegio Militar “Leoncio Prado”, un vasto edificio con estructura de cuartel donde ahora reciben instrucción niños de diversas procedencias sociales.

Pese al transcurso del tiempo, la geografía literaria concuerda con la geografía real porque los lugares existen, ahora ya consagrados por la obra de un escritor que si bien no nació en la antigua ciudad de Los Reyes, la hizo suya en libros que han pasado a formar parte de la historia de la literatura universal.

Relación con el cine

El autor mantiene una fructífera relación con el cine, disciplina en la que no sólo ha sido objeto de adaptación sino que también ha ejercido como guionista, director e incluso actor.

De 1973 data la primera adaptación cinematográfica de una obra del escritor peruano, en concreto la novela breve “Los cachorros”, que fue trasladada a la gran pantalla en una producción mexicana dirigida por Jorge Fons.

El momento de más cercanía de Vargas Llosa con el séptimo arte tuvo lugar en 1975, cuando a raíz del gran éxito de su obra “Pantaleón y las visitadoras” logró levantar un proyecto sobre un guión escrito por el mismo y que se atrevió incluso a dirigir, en colaboración con José María Gutiérrez Santos.