Una joven estudiante de medicina originaria de El Progreso, Yoro, llegó a Tegucigalpa en busca de alojamiento en una casa que está ubicada en el barrio Morazán. La acompañaba su padre.
Me hice amigo de ella porque conocía al papá y supe que era una excelente estudiante que en poco tiempo se había ganado el cariño de sus compañeros en la universidad.
Lea: Especial Cuentos y Leyendas
Una mañana ella llegó a buscarme a la emisora donde yo trabajaba y me contó su problema: 'Vea Jorge, quiero que me haga un favor, présteme dinero, es que quiero abandonar la casa donde me dejó mi papá, la que está cerca del Estadio Nacional. Es... es urgente que me salga de ahí'. Vi el pánico en sus ojos, su cuerpo temblaba de pies a cabeza.
Le pregunté si alguien le había hecho algún daño en esa casa, si la habían ultrajado o amenazado.
'Como usted sabe, yo vivo sola en una habitación, la muchacha que me acompañaba se fue con el novio y quedé sola. Desde hace una semana cada vez que me acuesto siento que alguien se sienta en mi cama y ya no me puedo mover, es algo espantoso, quiero gritar y no puedo, una fuerza extraña lo impide. Como puede verlo, me estoy volviendo loca', me dijo.
Me contó, además, que había encontrado una compañera y que juntas buscaron un apartamento para compartirlo, posteriormente le ayudé a trasladar sus cosas al nuevo lugar.
Cuando el papá de la joven estudiante vino de El Progreso para cancelar la deuda que su hija tenía conmigo me contó que había descubierto cosas terribles en la casa del Morazán donde habitó la muchacha.
'Me contó mi hija que ahí se escucha que arrastran cadenas, y que sentía que un animal se paraba detrás de la puerta de su habitación. Le doy gracias por haberle ayudado a ella', expresó.
La joven de este relato dejó sus estudios de medicina al involucrarse con un delincuente, torció una vida llena de promesas y esperanzas al haberse enamorado locamente de aquel hombre que al final perdió la vida trágicamente. Ella también falleció, él cuando la policía se batió a balazos con unos ladrones de carros a cuya banda ella pertenecía. Trágica historia, ¿verdad? ¿Tendría algo que ver la influencia diabólica que recibió en la vieja casa del barrio Morazán?
En mi libro 'Misterios y algo más' agregué un cd que contiene 19 relatos, entre ellos el de una mujer que explica con detalles lo que sucedía en esa casa. Posiblemente ustedes conozcan en San Pedro Sula, La Ceiba, Trujillo y Puerto Cortés datos sobre casas donde se ven 'cosas' o se escuchan ruidos a medianoche. Si aún no han comprado el texto, búsquenlo en las librerías para que escuchen de voz de una de las protagonistas lo que sucede en la casa maldita.
¿Por qué asustan? ¿Por qué el terror se ha estacionado ahí? ¿Qué originó la presencia de seres de la oscuridad? Regresemos en el tiempo cuando la casa estaba recién construida y conozcamos de cerca lo que ahí sucedió.
Fue a vivir ahí un hombre que se dedicaba a las malas artes, fue él quien dejó una legión de demonios y fantasmas. Compartía sus negros y tenebrosos conocimientos con dos mujeres, dos hechiceras, esas personas fueron los primeros inquilinos que habitaron ahí por muchos años.
Cuentan quienes conocieron de cerca a esas personas que gente de dinero llegaba a visitarlas, así como individuos de diferentes clases sociales; se estacionaban generalmente carros de lujo frente a la casa. Las mujeres y el hombre eran expertos en tirar las cartas españolas, el Tarot, las Piedras Ruinas y consultaban una rudimentaria tabla güija a través de la cual se hablaba con los espíritus del más allá, se hacían conjuros y maleficios. Los acólitos de Satanás tenían contacto con los seres de las sombras que se presentaban para hacerle daño a cualquier personal que llegara a consultar al trío maldito.
Después de permanecer durante mucho tiempo en la casa del Morazán, el hombre y las dos mujeres desaparecieron misteriosamente, meses después la casa fue alquilada por otras personas que no duraron mucho en ese lugar. Dicen que a medianoche no los dejaban dormir, les halaban las cobijas, miraban sombras, los despertaban con quejidos y ruido de cadenas que se arrastraban por toda la vivienda. Aquello era un verdadero infierno, no se sabe cuáles fueron los motivos que obligaron a los brujos a dejar la casa, pero su influencia maléfica aún está ahí.
Los propietarios de la vieja casona la remodelaron y cuando estaba recién pintada y como nueva, colocaron un rótulo que decía 'Se alquilan habitaciones'. Muchas familias la alquilaron desconociendo todo lo que ahí había sucedido, a los 15 días de haber ocupado la casa se desplomó una pared pintada de la cocina porque habían visto a un hombre extraño que vestía de negro y al que no conocían. Otra familia se quejó de que su carro se había vuelto húmedo de repente, como si alguien le echara agua.
Encontraban ratas muertas sobre las mesas, salían alacranes debajo de los ladrillos, cada día ocurrían cosas extrañas, todo eso obligó a los inquilinos abandonar esa casa.
Cuentan que un grupo de estudiantes se enteró que en esa casa asustaban, así que decidieron quedarse una noche ahí. Se pusieron a cantar y a tomar licor hasta que se durmieron, a medianoche una fuerza extraña estrelló las guitarras contra las paredes, arrastraron cadenas por unas gradas y escucharon los lamentos cerca de una pila. Los espantados estudiantes ni cuenta se dieron de a qué hora salieron corriendo desesperados por la calle principal del barrio Morazán.
Ha pasado el tiempo, la casa embrujada está ahí, algo hicieron porque se asegura que ya no asustan, sin embargo, siguen las dudas.