Mundialistas, mundialistas, otra vez mundialistas… Hola Sudáfrica mía, ya tengo el boleto, soy Honduras, viajo en tren expreso, abre tu puerta que ahí voy para dar guerra. Valió la pena esperar, 28 años no son nada porque la proeza, la gran gesta heroica se escribió en el lugar impensado: ¡en el estadio Cuscatlán¡... con letras de oro.
El Mundial llegó entre el drama, después del suspenso, de la duda, pero sin perder la fe. Olviden las penas catrachos, celebren por favor, esta alegría no tiene precio, no se compara con nada.
El fútbol es tan justo que con el tic tac del reloj ganamos 1-0 a El Salvador; pero también es tan dramático que Estados Unidos en el último suspiro empató a Costa Rica y nos arrastró consigo al destino soñado.
Así la ilusión se convirtió en realidad. Cuál repechaje, vamos directo a Sudáfrica, con boleto logrado con sangre, sin poner mucho fútbol, pero jugando con el corazón. !Que viva mi patria¡ Lindo el fútbol, volvimos a la élite y nos puso ahí el que fue villano ayer: Carlos Pavón fue el ángel que Dios eligió para escribir esa historia en ese 14 de octubre de 2009 que será imposible de olvidar por más que pasen los años.
Pero siendo sinceros, El Salvador no hizo sufrir; sin embargo, al final nos tuvo que hacer el pasillo, nos prestó su casa para la fiesta, para celebrar, para desahogar nuestros sueños rotos desde aquel Mundial España 82. Gracias a los que nos llevaron allá, pero es momento de hacerle el saludo a los “sudafricanos”.
Feliciten a los héroes por favor, han protagonizado una hazaña digna de enmarcarla, con sentimiento, con patriotismo, con convicción. Por eso Sudáfrica ya no es un sueño, es una realidad. Yo sabía, esta vez tenía que ser.
Gracias Reinaldo Rueda por cumplir su palabra, su promesa. Hoy recuerdo cuando el técnico colombiano dijo en aquel febrero de 2007 en su visita a Diario LAPRENSA: “Nos abrazamos en Sudáfrica”. Dicho y hecho. Gracias maestro, le otorgamos la nacionalidad catracha. Fue un partido en el que no brillamos, el triunfo vino más con garra que con fútbol lírico.
El rival nos quería llevar a la tragedia, pero no le dimos gusto. David Suazo como una bala rompió por el flanco izquierdo y en velocidad conectó con Carlos Pavón que como un fantasma a su estilo se levantó, conectó con la cabeza y el balón con la explosión de un misil traspasó la meta cuidada por el arquero Miguel Montes. Era el 1-0, minuto 62.
El ídolo escribía la historia de forma increíble porque tres días antes había derramado sus lágrimas por haber fallado un penal que nos impidió empatarle a Estados Unidos en el estadio Olímpico. Pero el fútbol le dio una revancha y Pavón respondió a la afición que lo respaldó con el regalo del Mundial.
Pero en un momento todos pensamos en el repechaje; el triunfo catracho en el Cuscatlán no ajustaba.
Costa Rica vencía a Estados Unidos y eso nos dejaba afuera, pero un tal Jonathan Bornstein nos hizo el favor y nos selló el boleto empatándoles a los ticos en el último minuto. Espéranos Sudáfrica, ahí vamos para hacer historia.