Los Ángeles, Estados Unidos.

Aunque a sus 50 años la actriz Halle Berry sigue siendo considerada como una de las celebridades más atractivas de la actual escena cinematográfica, en sus inicios trató de evitar a toda costa que se la etiquetara como un mero mito erótico.

“No quería que se me tratara como la típica chica guapa a la que solo le dan papeles para que luzca su físico. Venía del mundo del modelaje, de los concursos de belleza. Por eso, al principio solo elegía personajes en los que la apariencia no tenía demasiada importancia, y eso me sirvió para ir ganando reputación en la industria”, explicó a la revista W.

Tanto es así, que la oscarizada intérprete tuvo que esforzarse al máximo a la hora de convencer al director Spike Lee de que, en lugar de darle el papel de agraciada esposa en su cinta Fiebre salvaje (1991), le permitiera sacar a relucir su versatilidad como actriz afrontando el complejo papel de una mujer adicta al crack.

“Spike Lee quería que en las audiciones leyera el guion que le correspondía a la esposa, lo hice y creo que me salió bastante bien. Pero después me acerqué a él para comentarle: ‘¿Sabes? La verdad es que me gustaría mucho poder interpretar a esta adicta al crack, ¿me permitirías presentarme al casting para ese papel?’. Me dijo que no, que no me veía haciendo eso. Pero al final le persuadí para que me lo diera y fue genial, arrancar mi carrera con un papel protagonista en una cinta de Spike Lee”, reveló.