Mary Ann Paz de Kafati es una guerrera por la vida del próximo. Nunca está vencida y peor si es en busca de un sueño, mismo que este ángel solidario está a punto de alcanzar con la entrega del edificio que albergará el primer hospital para quemados del país.
Desde muy pequeña heredó el altruismo de su madre Ruth Paz, mujer que se dedicó a servir a los más necesitados y que su hija honró años después de su fallecimiento creando y bautizando una fundación con el nombre de esta ejemplar dama.
No ha sido un camino fácil y mucho menos corto para ella y su más cercanas y fieles colaboradoras. Cuenta Mary Ann que este anhelo 'comenzó después de que su madre palpara la gran necesidad médica entre las personas de escasos recursos. Junto con el doctor Luis Bueso trajeron la primera brigada en 1969'.
Allí comenzó la trayectoria de ayuda. Día a día, las necesidades salían más y más, haciendo que la inmortal Ruth Paz se comprometiera a si misma a seguir sirviendo a los que más necesitaban de un sensible corazón.
En 1992, después de muchos años de solidaridad y centenares de niños atendidos, el esposo de Mary Ann, Camilo Kafati, consiguió que el Estado le otorgara la personería jurídica al grupo de trabajo humanitario y así nace y se establece la prestigiosa fundación Ruth Paz de hoy.
Lección de amor
El 24 de octubre de 1996, hace exactamente 12 años, uno de los días más tristes en la vida de Mary Ann y cientos de necesitados llegó. Fallece la mujer que inició todo este sueño, hoy a punto de ser una realidad.
La tristeza invadió a la hija de esta loable dama con el fallecimiento de su progenitora y una severa depresión se agudizó durante un año en el corazón de la hija ejemplar.
Pero este ángel no dejó el legado de su madre a medias. En ese importante momento estuvo rodeado a otros ángeles que la alentaron y uno de ellos fue su esposo Camilo. El le dio el gran consejo que le inyecta energía día a día para continuar. 'Si quieres sentirte cerca de tu mami y honrarla como se lo merece, levántate de esa cama y continúa su legado'.
Esas palabras calaron fuerte en lo más profundo de su ser y hoy son el motor que impulsa sus días, el sol que ilumina sus mañanas y el fuego que no se apaga en su interior en busca del calor altruista que muchos claman en Honduras.
Increíble esfuerzo
Un año más tarde, exactamente en 1997, se reúne con sus colaboradoras que la nombran como presidenta oficial de la institución.
Unidas, comprometidas y sobre todo dispuestas a servir desinteresadamente, fusionan esfuerzos e ideas y comenzaron con actividades para reunir fondos y ayudar a más.
Trajeron brigadas altruistas, atendieron más niños y adultos, se solidarizaron con los menos protegidos y hasta surgió un nuevo y grave problema: los niños quemados.
Pero el corazón de Mary Ann no podía resistir el dolor de las pequeñas víctimas del fuego y comenzó a pensar en cómo ayudar a los lacerados por quemaduras y es ahí como nace la visión de construir un hospital para niños quemados.
Pero ¿y el dinero? Ésa fue la primera pregunta que se hizo ella y el grupo de trabajo. No era tarea fácil reunir 20 millones de lempiras que costaba sólo el proyecto, pero tampoco imposible recaudarlo si se contaba con el esfuerzo de amigos y solidarios.
Fue así como poco a poco se comenzó a analizar el panorama financiero de la institución y a ver las soluciones efectivas en busca de captar dinero para la obra hospitalaria, ya que, el que se reunía mes a mes, servía para las brigadas médicas y atención de los enfermos de urgencia.
Bingos, carnavales del niño, rifas, el famoso Redondeo de amor, eventos que empresas realizaban para reunir fondos para esta institución, alianzas de corporaciones, donativos y hasta fiestas benéficas en Miami son parte de la interminable agenda de eventos que la directiva prepara durante el año para recaudar fondos.
Con algo de finanzas recaudadas y la donación del terreno a un costado del hospital Leonardo Martínez, la fundación inicia la construcción oficial del inmueble en julio de 2006.
Pero todo esto no ha sido suficiente, porque el problema de las quemaduras en pequeños creció y la institución no tenía más remedio que ayudar.
Poco a poco el dinero fue menor para levantar el hospital y se redoblaron esfuerzos por todo el equipo de trabajo sacando a flote la construcción.
La fundación a tenía una responsabilidad más y muy importante: salvar vidas. Es así como hace alianzas con el hospital Shriners en Boston y Cincinnatti en Estados Unidos para llevar a los pequeños quemados de gravedad y así salvarles la existencia.
Con esta nueva misión se urgía de más dinero. 'Llevamos niños a través de pasajes aéreos que algunos nos donan y de empresas como Continental, Taca, Delta y American Airlines que también se han unido y gracias a ello hemos logrado rescatar hasta la fecha a más de mil niños', recuerda mientras sus ojos se colman de nostalgia.
En los años 2005, 2006 y 2007, Mary Ann recibe más ayuda de parte del gobierno del presidente Ricardo Maduro así como de la industria maquilera a cargo de Jesús Canahuati y hasta los empleados solidarios de grupo Alcon se unieron a la causa con dinero y apoyo logístico y poco a poco fueron levantándose desde los cimientos, las primeras paredes de este centro asistencial.
El sueño se cumple
Ya han pasado dos años y varios meses desde que se puso la primera piedra del hospital y cientos de situaciones han surgido en el largo camino en busca de esta meta que está a punto de ser realidad.
Mary Ann sigue trabajando fuerte porque en enero, el edificio estará culminado y será entregado, por ello, su misión es ahora encontrar el personal que con toda solidaridad se una en la misión de vivir para servir.
En las últimas semanas, sus días comienzan más temprano que de costumbre, pero nada es obstáculo para seguir en busca del personal perfecto que atenderá a los pequeños en el hospital una vez que esté equipado con lo último en tecnología clínica.
Gracias a su trabajo, su esposo Camilo y sus hijos Nicole, Mary Ann y Camilo jr la apoyan de inclaudicable manera, inyectándole entusiasmo para seguir.
Este ángel sin alas visibles, vuela a donde sea con el firme propósito de ayudar y eso es lo que demuestra día a día con una sonrisa, con una mano amiga, con un poco de cariño y con la ilusión de ver una mejor Honduras, sin niños quemados ni caras tristes por no tener ángeles como ella.