03/02/2026
04:03 PM

Catrachos: 'invisibles” a los ojos del español

A la situación de los inmigrantes en España cabe aplicarle un refrán popular que indica que las cosas nunca son tan sencillas como parece que es ‘aquí no se atan los perros con longaniza’. Al igual que en todo el mundo ‘desarrollado’ crearse un futuro es posible, pero trabajoso y complicado, y más aún si se intenta la aventura de la inmigración ilegal.

    A la situación de los inmigrantes en España cabe aplicarle un refrán popular que indica que las cosas nunca son tan sencillas como parece que es ‘aquí no se atan los perros con longaniza’.

    Al igual que en todo el mundo ‘desarrollado’ crearse un futuro es posible, pero trabajoso y complicado, y más aún si se intenta la aventura de la inmigración ilegal. A esta situación no escapa la comunidad hondureña a la que se suma una circunstancia que acentúa su dificultad que es la de tener poca presencia independiente.

    Mientras colombianos, ecuatorianos o norteafricanos, por ejemplo, cuentan con un apreciable grado de organización interna, las asociaciones de inmigrantes hondureños son embrionarias, salvo la excepción de la de residentes en Cataluña; mientras que los representantes del Estado hondureño en España, léase embajada, tampoco parece que sean demasiado próximos a los residentes.

    Así opina Benilda Cruz, de 56 años y natural de Santiago Puringla, en el departamento de La Paz, que trabaja como auxiliar de enfermería en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Ésta, que ha vivido todas las etapas de la inmigración en España, pues llegó aquí en 1980, señala que 'antes tenían un trato más próximo.

    nviaban cartas personalizadas y daban más apoyo, pero eso se fue perdiendo'. Benilda llegó a España hace 28 años y ha pasado por todas las etapas de la inmigración, tanto propia como en lo relativo a la observación de la situación en España. Inicialmente su destino era México pero una hermana que residía aquí le animó a venir a estudiar. Primero estudió magisterio y luego auxiliar de enfermería pero trabajó en multitud de ocupaciones. Es, de hecho, presidenta nacional de SEDOAC (Asociación Española de Servicio Doméstico Activo), cuya función es reivindicar los derechos laborales de los trabajadores del hogar.

    Benilda señala que 'quien viene a inmigrar trae la idea de trabajar duro, de hacer dinero rápidamente para ayudar a los suyos en Honduras. Pero por buenas que sean las intenciones nada es rápido. Si eres inmigrante legal las cosas son más sencillas, pero si no es muy complicado. No puedes acceder a muchos trabajos por no tener papeles. Te dicen que no a muchas cosas por no tener residencia legal, y acabas abocado a trabajos duros y mal pagados'.

    Tampoco los estudios son garantía porque 'aunque seas inmigrante legal la convalidación de estudios para ejercer aquí tu profesión es complicada. Es posible y se hace, pero es un trabajo burocrático que lleva tiempo por lo que se tarda bastante. Es decir, que aquí se puede prosperar pero no tan rápidamente como se piensa'. En cuanto a la consideración social de la inmigración, Benilda también ha vivido todas las etapas. Hoy la inmigración está más normalizada, pero cuando ella llegó España había dejado hacía muy poco de ser un país del que emigraba la gente para empezar a recibir inmigrantes.

    Como decía la también hondureña Zayra Leyva, en la entregua de ayer, no se siente la persecución al inmigrante que sí se aprecia en Estados Unidos, pero Benilda sí recuerda los tiempos en que 'los inmigrantes eran mirados por buena parte de la sociedad con temor... decían que veníamos a quitarles el pan de la boca'. Hoy las opiniones están repartidas. En general el pueblo español convive sin problemas con la inmigración, sobre todo con la latinoamericana, sin más roces que los normales de la convivencia, aunque sigue habiendo un porcentaje de población xenófoba al igual que en todos los países del mundo, dándose además en España la circunstancia de que fue el país de Europa occidental más encerrado en sí mismo hasta hace poco más de cuarenta años.

    Alejandra Iveth Álvarez Castro tiene 29 años y es de Tegucigalpa. Vino a España a la Universidad Carlos III, a seguir estudios de Comunicación Audiovisual y consiguió ser seleccionada para el prestigioso Master de la Universidad Complutense, estudios que cursa ahora y por los que trabaja en los informativos de Telemadrid, la televisión autonómica de la capital. Alexandra sí percibe que 'un porcentaje de la población española no ve con buenos ojos a la inmigración.

    Yo lo percibo en mí misma, pero cuando esta gente sabe que soy estudiante ya me mira con otros ojos. A mí me parece totalmente injusto porque yo soy tan inmigrante como los demás. Sólo que otras personas vienen a mejorar su situación con el trabajo y yo con mi formación'. Alejandra, de hecho, no tiene planes de establecerse en España sino de volver a Honduras al finalizar sus estudios. Para ella el famoso ‘choque cultural’ sí existe aunque 'el idioma lo suaviza bastante. El español tiene un carácter distinto al hondureño. Es más frío, más seco, pero eso no significa que sea antipático o te rechace, sino que es así. También es necesario adaptarse a que aquí se vive en pisos, en general bastante pequeños, al clima, a los horarios y comidas…

    'Benilda, por su parte, piensa que en Honduras las familias están más próximas y vinculadas que en España. En un punto, sin embargo, Alexandra Iveth considera que España es netamente superior a Honduras: 'Lo que desde luego no tiene comparación es la seguridad. Aquí se puede salir, andar por la calle de noche aunque haya como siempre algunos sitios mejores que otros. Incluso sabes que si sufres un asalto no será tan violento como allá, sino con más suavidad'. Asociados Alejandra Iveth, además de su trabajo y estudios, colabora con una asociación de protección a los perros maltratados.

    Esta faceta del asociacionismo español sí es muy valorada por los inmigrantes hondureños a la hora de comparar las sociedades, señalando que en la española se crean bastantes redes sociales –algunas de las cuales asisten a la inmigración-, ya partiendo de la iniciativa ciudadana o impulsadas por las instancias de gobierno, y es muy reivindicativa frente a sus mandatarios, y es de ese modo que consiguen mejoras. Suele compararse esa situación con ventaja con la de Honduras, donde echan en falta esa labor social, una situación que se traslada a España.

    Salvo en Cataluña, no hay asociaciones hondureñas, aunque Benilda recuerda que 'en Madrid había otra, pero se disolvió' y el principal modo de contacto entre hondureños es el boca a boca. Ronald Matute Santos, propietario de un taller mecánico en La Unión, tras diez años de vivir en España formó el año pasado el equipo de fútbol ‘Catrachos’ que juega en las Ligas Municipales de Madrid.

    El equipo lo integran 25 personas de Tegucigalpa, San Pedro Sula, Olancho, Choluteca y San Marcos, pero la forma de convocarlos fue así, el boca a boca, si bien se ha creado un grupo social a través suyo. Ronald trabaja como mozo de almacén en una cadena de supermercados, está casado con una hondureña y tiene un hijo de 4 años (Kevin), que junto a su herencia hondureña ya es español a todos los efectos. De hecho, los hondureños residentes en España aunque mantienen su identidad nacional, a ojos de los españoles son ‘invisibles’, sumergidos en el nombre colectivo de ‘latinos’, del que sobresalen colombianos, ecuatorianos y bolivianos por su número.

    Sibella Argüello, de 35 años, de Tegucigalpa, licenciada en administración industrial y de negocios (UNITEC) con un master en turismo y gestión hotelera (España) y gerente de promoción y marketing en España de CATA, organismo internacional de Promoción Turística de Centroamérica, desde hace cinco años, señala que la visión de Honduras en España se basa sobre todo en la imagen que recogen quienes visitan el país, gracias a las nuevas estrategias turísticas de los respectivos gobiernos y que vuelven encantados de la calidad humana de la población hondureña porque 'en España hay, comparativamente con otros países, poca inmigración hondureña, y en general está bien vista'.

    Sibella advierte, en relación al asunto de los estudios universitarios, que aún en el caso de tenerlos convalidados 'es difícil abrirse camino en el campo en el que has estudiado, todo lo contrario que en Honduras' si bien eso es una característica del mercado laboral español que afecta por igual a nacionales y a inmigrantes, y sobre todo en determinadas carreras saturadas.

    La vida del inmigrante hondureño en España no es, pues, fácil, aunque tampoco se trate de un infierno de persecución y desconfianza –por ejemplo, el Gobierno español ha declarado oficialmente que no va a aplicar la directiva de retorno comunitaria-. En general, al inmigrante le afectan los mismos problemas que al español nativo (inseguridad laboral, carestía de la vivienda, deficiencias de los sistemas sanitarios o educativos…) sumados a la natural dificultad añadida del desarraigo y del choque cultural, mitigado en parte por el idioma y la religión.

    Ahora mismo, sin embargo, el principal problema del inmigrante hondureño y del inmigrante en general es la crisis económica que ha hecho elevarse el índice de paro a cerca del 10 por ciento a los 2.5 millones de desempleados en España en números absolutos, cebándose sobre todo ese paro con los empleos ‘tradicionales’ de la inmigración y sobre todo del sector de la construcción, que era el que más inmigrantes empleaba.

    En España es posible, en efecto, labrarse un futuro, mejor pero no es un empeño sencillo y si se es un inmigrante ‘sin papeles’, atrapado en una burocracia de la que es muy difícil conseguir casi nada –salvo educación y asistencia sanitaria- si no se está regularizado, es aún más complicado viéndose cada cual abocado a trabajos duros y mal pagados en un país en el que el índice de precios no es precisamente de los más bajos del mundo.