18/06/2024
02:29 PM

Taza de Excelencia los convirtió en exportadores

Santa Bárbara, Honduras.

Un sorbo basta para identificar el sabor a chocolate, fresa y durazno que caracterizan los cafés especiales que producen los hermanos Moreno Leiva en la comunidad de El Cedral, Santa Bárbara y con los cuales han logrado conquistar el exigente paladar noruego, mercado donde envían su producto desde hace cuatro años.

En el 2005, Miguel Moreno (48), el mayor de los siete hermanos, fue el primero en incursionar en la producción de café especial con el ánimo de participar en la competencia de la Taza de Excelencia que realiza todos los años el Instituto Hondureño del Café (Ihcafé).

Miguel recuerda con orgullo que en esa ocasión su lote, que participó con otras 200 muestras, clasificó a la ronda final y quedó en el puesto dieciocho.

Aunque el precio de venta por libra apenas alcanzó $1.50, el que su grano se considerara de alta calidad lo motivó a seguir luchando para conseguir un lugar importante en el podio de excelencia.

El cafetalero contó que el poco dinero que ganó en la subasta lo invirtió en mejorar el rendimiento y calidad de su finca.

“Le aposté a la cosecha. Tenía fe que saldría adelante con la producción de café; pero me quedé sin un peso para comer”, contó Miguel.

Foto: La Prensa

Los hermanos Moreno Leiva han tecnificado los procesos de preparación del grano y están generando trabajo en la comunidad de El Cedral, Santa Bárbara.
Forzado por la crisis que vivía, decidió emigrar a Estados Unidos con la esperanza de que la finca tuviera una buena cosecha para poder regresar al lado de su familia. Unos meses después de su partida, el caficultor recibió una llamada de su esposa, quien le dio la noticia que tanto esperaba: la finca había reverdecido y estaba cargada de granos.

“Corrí al aeropuerto a abordar el primer vuelo hacia Honduras, pero no pude viajar. Jamás abordé el avión, la Policía de migración me apresó. Como me habían deportado en una ocasión, me detuvieron y estuve tres meses preso, como castigo”.

Cuando al fin lo deportaron, ya el tiempo de cosecha había pasado, uno de sus seis hermanos cortó y preparó el aromático.

“Llegué aquí y me dijeron que las muestras no estaban muy buenas. Me desilusioné”.

Tanto sufrimiento y esfuerzo no serían en vano. Moreno se rehusó a quedarse de brazos cruzados y como aún le quedaba un poco de café por cortar y faltaban dos semanas para cerrar el registro de lotes que participarían en la Taza de Excelencia 2006, decidió pagar el doble para que le cortaran el grano en tres días y poder prepararlo con tiempo suficiente para que tomara el sabor y aroma deseado.

“Tenía el lote listo justo un día antes que terminaran las inscripciones. También decidí participar con el grano que un experto en café especial me había dicho que no estaba muy bueno”, detalló el caficultor.

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Una sensación de asombro se asoma por la mirada de Miguel al transportarse a ese momento y recordar que logró calificar al cuarto lugar, con la muestra que él preparó, y al onceavo con la que preparó su hermano Jesús. “Lo vendí a $8.30 y $5 la libra. Fue un milagro que le cambió la vida a mi familia”, refiere.

El cafetalero lleva diez años participando en la Taza de Excelencia, pero fue hace cuatro que la suerte tocó su puerta: el dueño de una tostadora de Noruega, que viene todos los años a ofertar en la Taza de Excelencia, le ofreció un contrato para comprarle toda la cosecha. “Como los pedidos eran grandes, convencí a todos mis hermanos para que produjeran café especiales y poder cumplir con el contrato. Hoy también trabaja con nosotros mi hijo y mi sobrino”. Miguel y sus hermanos: Mabel, Mario, Danny, Olvin, Jesús y Gerardo, participarán por separado este año en la Taza de Excelencia. “Para nosotros el café es oro”, dice Miguel.

Foto: La Prensa