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Recuperación revelará otra vez el atraso de AL

  • Actualizado: 17 enero 2010 /

En el siglo XIX, Karl Marx usó el término “infraestructura” para referirse a la base económica que determina la estructura social y el desarrollo y de la cual depende la “superestructura” de instituciones políticas y legales.

    Una paradoja histórica. En el siglo XIX, Karl Marx usó el término “infraestructura” para referirse a la base económica que determina la estructura social y el desarrollo y de la cual depende la “superestructura” de instituciones políticas y legales.

    Esta superestructura es creada en función de los intereses de los grupos predominantes. Cualquier cambio en la superestructura, a la cual se opondrán los grupos interesados, sólo se logra cambiando la “infraestructura”.

    La paradoja está en que, cuando las ideas marxistas parecían en retirada y en medio de la crisis capitalista más grande de las últimas décadas, sea justamente un país comunista como China el que empuje la economía planetaria. Y que la fuerza de esta locomotora global venga justamente de la inversión en infraestructura.

    Del paquete de estímulo chino de 4 billones de yuan (unos $590,000 millones), el 38% ($224,000 millones) fue asignado a trabajos de infraestructura en el país, como carreteras, vías férreas, irrigación y aeropuertos. Para hacerse una idea del tamaño, el paquete de estímulo de Estados Unidos lanzado en las postrimerías del gobierno de George Bush fue de $159,000 millones, de los cuales la mayoría vendría en la forma de exenciones tributarias.

    Después, el plan de estímulo del gobierno de Barack Obama expandió el monto nominal del plan de rescate enormemente a $759,000 millones, pero la asignación para infraestructura fue de sólo $80,900 millones, poco más de un tercio de la inversión china. Las cifras evidencian dos estrategias distintas para el estímulo económico: mientras Estados Unidos busca estimular el consumo, China tiene una visión de largo plazo en que la infraestructura es uno de sus puntos centrales.

    América Latina, por lo menos en sus declaraciones, quiso seguir el juego chino: sus planes de estímulo económico tienen a la infraestructura como una parte fundamental de su composición. Brasil posee el plan PAC, Plan de Aceleramiento del Crecimiento, por $285,000 millones entre los años 2007 y 2010, Argentina ha anunciado planes de infraestructura por $21,000 millones y Chile por $4,000 millones.

    Empleo seguirá alto en 2010
    Lo más probable es que, aunque haya recuperación económica en 2010 en casi toda la región, los programas de infraestructura seguirán ese año para estimular a las economías. “Puede haber alza en los precios de los commodities y mayor holgura fiscal en los gobiernos de América Latina”, explica Jason Schwartz, economista del Banco Mundial.

    “Pero hay que recordar que el desempleo es un indicador rezagado, por lo que seguirá alto en 2010 y se requerirán estímulos”.

    Pero, más allá de hechos puntuales, programas y anuncios rimbombantes, América Latina está invirtiendo en infraestructura menos de lo que requiere para sostener el crecimiento económico, como sí lo están haciendo muchas economías de Asia. No es que la crisis frenara la inversión privada en infraestructura y luego el sector público tuviera que recoger el guante.

    “En los últimos diez años, China ha invertido en promedio entre 4% y 6% de su PIB en infraestructura”, comenta Brian Blakely, que trabaja en el sector de financiamiento sindicado del BID. Según un estudio del Banco Mundial de 2003, ya entonces se advertía la poca inversión y se decía que para que América Latina y el Caribe lograran niveles de cobertura de infraestructura similares a Corea del Sur, tendrían que invertir al año entre 4% y 6% de su PIB a lo largo de veinte años. Y la región está muy lejos de lograrlo.

    Esto significa que, cuando la máquina económica de América Latina vuelva a funcionar en pleno, volverán a aparecer los típicos problemas de cortes de energía (que ya están sufriendo Ecuador y Venezuela), cuellos de botella en los puertos marítimos; todo esto por la falta de visión de largo plazo en nuestros Gobiernos.

    América Latina requiere cada vez más la mano visible del Estado que empuje las inversiones y que ojalá tenga una visión de largo plazo y no vaya cambiando de visión con cada cambio de gobierno, una maldición que ha aquejado a la región a lo largo de su historia.