Fomentar la “educación formativa” y predicar con el ejemplo son dos de las máximas que forman parte integral de la cultura corporativa que impulsa el empresario mexicano Carlos Kasuga Osaka.
En su reciente visita a San Pedro Sula, que forma parte de una gira por diversos países de la región, Kasuga disertó una conferencia en la que se esforzó por motivar a un buen número de empresarios y ejecutivos que se hicieron presentes a cultivar en sus respectivos emprendimientos un cambio de actitud en la forma en que dirigen sus negocios.
La experiencia de este empresario azteca de ascendencia nipona se remonta a más de 40 años atrás, en los que, según su propio testimonio, ha procurado aplicar con buenos resultados estos principios y valores, por lo que animó a los empresarios hondureños a ponerlos a prueba para que experimenten por sí mismos su validez.
En la conferencia titulada “Productividad Empresarial 2012”, Kasuga enumeró una serie de pasos que se deben tomar para formar a los colaboradores dentro de la cultura empresarial que propone. A este respecto, comentó que “la labor más hermosa de un empresario, más que hacer dinero, es formar gente”.
De acuerdo con Kasuga, esa formación consta de cuatro pasos fundamentales.
El primero es el que él llama “el bien ser”, y se refiere a una serie de hábitos sanos que toda persona trabajadora debería cultivar.
Entre estos hábitos enumera el ser puntual, honesto, trabajador y disciplinado, procurando evitar el derroche de tiempo que una vez transcurrido ya nunca se recupera. “Si en un salón de clase hay treinta alumnos y la clase comienza con diez minutos de retraso, diez minutos por treinta alumnos, son 300 minutos desperdiciados, entre sesenta minutos que tiene cada hora, son cinco horas desperdiciadas”, comentó el empresario para ejemplificar lo costoso que puede ser para una empresa la pérdida de tiempo, tanto de los trabajadores como de los ejecutivos.
El segundo paso en la lista de Kasuga es lo que llama “el bien hacer”, y que se puede resumir en hacer bien las cosas desde la primera vez, en lugar de continuar con el derroche de tiempo corrigiendo errores que se podrían haber evitado.
Un tercer paso es el que da en llamar “el bien estar”, que es el resultado de los dos primeros y es sinónimo de felicidad, de la satisfacción que se siente por los buenos resultados obtenidos por el esfuerzo realizado.
Poniendo todo lo anterior junto, se llega al cuarto paso, que el empresario llama “el bien tener”, es decir la recompensa obtenida luego de haber aplicado los pasos anteriores y todo lo que derive de ello. “No busquen tener rápido y fácil sin haberlo hecho bien, y sin estar bien”, aconseja Kasuga a los empresarios.
Otro aspecto importante de la idea empresarial del conferencista tiene que ver con el aseo. “La limpieza es el principio de la belleza, del bienestar, de la salud”, dijo Kasuga, para luego pasar a describir una situación que a menudo se da en los centros educativos, en los que se dice a los niños y jóvenes que cometen faltas, que, como castigo, deberán recoger la basura que se produce en la escuela, lo que el empresario considera una equivocación, ya que las buenas costumbres de aseo no deberían inculcarse como corrector.
“En México tenemos una escuela que se llama Liceo México Japonés y allí no tenemos personal para que recoja la basura, sino que los mismos alumnos la recogen, pero no como castigo, sino como parte de su educación”, ejemplificó.
Aplicando este principio al ámbito empresarial, Kasuga argumenta que “lo que hace falta en nuestra educación es la educación de valores. La calidad, la productividad empiezan por la limpieza. Es la virtud más noble que puede tener el ser humano”.
Productividad
Hablando de productividad, que era el eje central de su conferencia, Kasuga comentó que “la primera clave de la productividad es que el trabajador sienta seguridad en su trabajo. La mayoría de las veces el trabajador piensa que lo van despedir, pero cuando se le da esa seguridad (de mantener su puesto de trabajo) se convierte en un empleado leal”, sostiene el empresario, quien lamenta que en muchas empresas se trata al empleado como si fuera un pañuelo desechable, que una vez usado, simplemente se tira a la basura.
El empresario también aboga por aplicar lo que denomina “el sueldo moral”, que a diferencia del sueldo ordinario, no se paga en dinero, sino en reconocimiento, en agradecimiento por un trabajo bien realizado. “Quieren que el empleado trabaje sólo por el sueldo, pero nadie está contento con el sueldo, por eso es necesario el sueldo moral, que el colaborador se sienta querido, útil y respetado”, exhortó.
Finalmente, este empresario resaltó que en países con otra cultura corporativa, como los asiáticos, las grandes empresas suelen tener éxito porque sus líderes las ven como un hijo en el que hay que invertir durante por lo menos 20 años, a fin de que crezca fuerte y sana y entonces pueda producir lo suficiente, no sólo para mantenerse en el mercado, sino también para generar utilidades.
Pero en tanto, llega ese momento, todo o casi todo lo que la empresa produzca se debe reinvertir en ella misma: mejores instalaciones, mejor maquinaria, mejores equipos, sin descuidar el factor humano, que, a fin de cuentas, es el recurso más valioso que puede tener una empresa, puntualizó.