Los catrachos vibran y celebran, contagiados con la alegría que transmite la Selección Nacional. En cualquier parte del territorio norteamericano, la afición hondureña es siempre fiel a la Bicolor.
A Dios gracias, para ellos ya no existe la presión de saber que podemos quedar fuera del Mundial porque ya estamos clasificados.
El estadio Home Depot Center quizás no lució sus mejores galas, ya que se trataba de un amistoso entre hondureños y estadounidenses, el equipo de las barras y las estrellas contra el de las cinco estrellas.
Incluso así, quizás venciendo muchos obstáculos, como las bajas temperaturas que han imperado en ese país del norte, los aficionados llegaron en buena cantidad desde temprano, pues no querían dejar de observar una vez más a la Selección hondureña que rompió el maleficio y luego de 28 años de ausencia está entre las mejores del mundo.
Venían de todas partes del territorio gringo, como una gran familia que acudía a la cita para reunirse y festejar. Algunos incluso viajaron desde Honduras como una premonición de que en esta ocasión la Bicolor se quitaría el maleficio que nos ha perseguido mucho tiempo con Estados Unidos, que había mantenido la paternidad sobre los nuestros.
Pero Honduras demostró ayer que no cree en nadie y, con el aliento del público, no defraudó. Si la fiesta había empezado mucho antes del partido, imagínese cómo estuvo después de que Honduras cumplió con lo que la afición quería: someter a Estados Unidos en su casa.