30/03/2026
12:00 AM

Muñeco González, kilómetro a kilómetro

  • Actualizado: 03 abril 2012 /

No tener sexo en dos meses, tampoco comer ni beber en los tres días previo al pesaje para una pelea es parte del sacrificio del pugilista hondureño.

Para ser un aspirante a campeón del mundo se debe tener hambre, de esa que sufre Miguel el Muñeco González cuando deja de comer hasta tres días con tal de dar el peso pactado en el previo de una pelea.

La preparación de un combate profesional comienza a planearse dos meses antes. Aquí el primer alto: “no al sexo”, un prospecto a campeón del mundo necesita de una concentración total de energías, “tal vez sea otra de las partes más duras a soportar”, confiesa González.

Respetando el paso anterior se vienen los tres días antes de subirse a la báscula. Aquí aparece el equipo de LA PRENSA en una esquina de la colonia capitalina Santa Ana, el nuevo hogar de el Muñeco, quien sube al vehículo del Diario Líder porque va camino a Nicaragua a cumplir su novena pelea profesional, pero antes de viajar los 412 kilómetros hacia Managua, debe entrenar porque está en 135 libras y lo pactado son 130 para enfrentar al pinolero Edwin el Matador Calixto.

“Creo que estoy listo, apenas tomé un poco de café con fresco para que me dé dolor de cabeza, cuando me sucede esto es que estoy cerca del peso”.

Un par de minutos y estamos en el gimnasio de box de la Villa Olímpica, el refugio del superpluma invicto, quien con un par de guantes al cuello, una calzoneta blanca, camisa roja y unas polvorientas sandalias negras que no se baja para nada porque son parte de su vestimenta oficial cuando se sube al cayuco guardado que le espera en Cayos Cochinos para la Semana Santa.

A cada paso en su caminar va levantando la mano, es imposible que pase inadvertido, es una figura que sin duda compite seriamente en popularidad hasta con los legionarios nacionales del fútbol.

“Estas cinco libras y medias me las bajo corriendo” diez vueltas en la pista olímpica, un centenar de suizas (saltar la cuerda), 10 minutos dándole al “punching bag” (el tradicional saco acolchonado y duro para golpear en este deporte) y nos vamos a la tierra de Sandino y Rubén Darío. Ante un chorro de sudor exprimió la camisa utilizada con un plástico en el entreno. De nuevo a la pesa, ya tiene dos libras menos encima.

González suma 24 horas sin comer sólido, en su estómago e intestinos no hay nada, lleva tres intentos en vano de querer defecar y nada.

Mientras esperamos las 12:00 m. para viajar se toma la colita, el único puño de pelo que resalta de su cabeza rapada, “antes usaba trenzas, pero después de entrenar me quedaba sin fuerzas en los brazos para cuidármelas, por eso mejor me las volé. En mi pueblo, Luis el Dólar me lo corta gratis, yo solo le doy para los frescos”.

Un sorbo de un té frío comercial y el gran Muñeco se sube al Nissan doble cabina, el asiento de enfrente es para el futuro campeón, por lo menos es el sueño de varios millones de hondureños. Él se siente como rey, no importa que un mexicano piojoso en ese mismo momento va en avión a Nicaragua para pelear después de él en la cartelera que marca su regreso al cuadrilátero tras cinco meses de un retiro marcado por la polémica que terminó con divorcio de su manager y entrenador.

El ambiente en el carro lo pone el Muñeco, la humildad de su celular alcanza para llevar grabadas una decena de canciones de reggaetón panameño. Él lo baila con suaves movimientos para mitigar el hambre, ya es hora de almorzar y no hay nada para el “famy”, la nueva frase que anticipa a cada oración en presencia de verdaderos amigos.

Pasando por Danlí pide una parada técnica, “faltan las neurobión”, grita con esa voz particular y ya muestra unos labios quebrajados como signo de deshidratación. Le juega el mandado a su primo Roberto Martínez, el ex campeón centroamericano de gran estatura y ahora convertido en el entrenador de el Muñeco. El nuevo armenio se roba un puñito de cacahuates salados, “ya no aguanto el hambre”, se justifica, “con esto llego hasta mañana”.

CUANDO EL AMOR ACABA

A las 3:30 pm, llegamos a la frontera Las Manos. El trámite fronterizo y un problema de permisos para la antena que transmitirá la señal de la pelea (de la empresa que ahora lo patrocina) obliga a una espera de dos horas y media.

Aparece en escena una quinceañera vendedora de donas, bonita y pregunta qué hace la gente de LA PRENSA allí, andamos con el Muñeco se le dijo, “dónde está”, preguntó ella. En un par de segundos estaba González saludándola como todo un don Juan, aunque la sonrisa ya era más débil. El momento le sirvió para recordar que sus excesos de amor lo tenían soltero y ahora lo quería hacer papá una familiar de su ex.

Finalmente, se retoma el camino e inmediatamente la manejada es más tranquila, se terminaron los baches, ya es Nicaragua. León, Estelí y por fin la capital nica es avistada a las 9:00 pm. González ya tiene los ojos hundidos y le resaltan los duros pómulos de un garífuna puro. La delegación de ocho personas hace planes de buscar cena para todos, menos para uno. El Muñeco ya está en cama con el control del televisor en manos, diez minutos después duerme como momia en un sarcófago, evitando movimientos bruscos que le recuerden la falta de alimentos, según él.

Suena la alarma, 7:00 am es la hora de otra gran prueba. El boxeador catracho se sienta a la mesa para hacer compañía, sobre él pasan los platos llenos con el desayuno del grupo. Se le hacen bromas crueles y las contesta con una cara de “me muero ya”.

Fortalecidos gracias al gallo pinto (arroz con frijoles), huevos y frutas es hora de ver la baalla II de el Muñeco ante el peso. Se abriga y sale a la calle a correr. Una hora después a la báscula. ¡Increíble!, después de tanto sacrificio y aún le falta bajar dos libras para dar las 130. La hora del pesaje oficial es a las 3:00 p.m. y no al mediodía como se suponía. Serán tres horas más de soportar el ayuno. Hay que seguir ejercitándose para no arriesgar la pelea o pagar 25 por ciento de multa de una bolsa estimada en $2,000.

“Famy cualquiera puede aguantar tres días sin comer ni tomar agua, pero a uno le toca de remate entrenar abrigado al mediodía y bajo el intenso sol, pero otras veces me ha tocado peor. Hay un punto donde no se puede más, los huesos de nosotros los negros son más pesados que el de los blancos y esto perjudica en estos casos. Falta poco, me peso y ya luego subo hasta 15 libras al día siguiente, cuando ya me toca subir al ring”. Esas 130 las tiene que dar en la báscula, luego puede comer lo que quiera y nadie le preguntará con cuánto comienza a golpear sobre la lona.

“Ya no quiero ni caminar”, se escucha decir de un fantasma, es lo que ha quedado de el Muñeco, su rostro no tiene nada que imitarle a un infante desnutrido en Honduras o África.

El hambre apremia, 1:00 pm. y el grupo ya está almorzando. González no tiene fuerzas ni siquiera para repetir la escena de ver pasar los platos. Está loco porque sean las 3:00 pm., ya perdió su humor característico, “no quiero ni que me miren”, sentencia. No fotos, no plática de ningún tipo.

Como procesión de Semana Santa finalmente se llega al lugar donde se encuentra la pesa oficial. El consuelo, hay otros boxeadores que se ven en peor estado que el hondureño. Miguel saluda a un par y se sienta a esperar. Primero es el chequeo médico, luego comprobar los datos, pagar $25 por renovar la licencia de permiso para pelear en Nicaragua, un poco de esto un tanto de lo otro y ya dieron las 3:45.

Miguel González, grita un señor canoso y el catracho no atina a levantar el dedo en señal de “aquí estoy”. Con el último aliento llega a la báscula, levanta la planta de los pies y sube a ella, “130 libras exactas”, sentencia el encargado. De inmediato el júbilo. Misión cumplida, “he ganado una vez más esta batalla”, afirma el boxeador de 26 años.

A COMER

El Muñeco se puede comer una vaca entera pensaría cualquiera, pero no. Primero un líquido a base de suero, “con esto me lleno, mi estómago se ha reducido, no puede recibir alimentos sólidos de golpe”, explica el experto en aguantar hambre. Lo hizo desde niño por la falta de recursos económicos y ahora sigue en la línea, está a dos o tres combates para disputar de repente un fajón latinoamericano, luego vendrían un par más y ya puede retar a un campeón del mundo por una bolsa de unos $250,000 mil.

Mientras Las Vegas y los miles de dólares llegan, Miguel González ya disfruta un tesoro más valioso: un pedazo de pollo, “no quiero mucho, debo dejar espacio en el estómago para comerme a Calixto”, manifestó entre broma y serio, en relación al adversario.

Una cena ligera, un almuerzo liviano y ya a eso de las 2:00 de la tarde del sábado anterior se había inflado del rostro. Ya era un “Transfomer” o el superhéroe nacional que a pura metralla de golpes venció a Edwin Calixto en pocos menos de tres asaltos.

HISTORIAL

Nombre: Miguel Alberto González Mena.

Originario: Nueva Armenia, Atlántida

Nació: 4 de abril de 1986.

Carrera: Debutó en el boxeo profesional el 20 de noviembre de 2010, venciendo al mexicano Juan Carlos Reyes, en Monterrey. Ha derrotado a 5 mexicanos, 2 panameños y 2 nicaragüenses.
Histórico: Ningún boxeador hondureño ha llegado a tener su éxito en el profesionalismo. Es el primero de una generación que ya dio a Jorge el Chele Munguía (2 peleas invictas) y en poco se viene el debut de Josec el Escorpión Ruiz.