Por primera vez en décadas, los futbolistas en Libia pueden jugar con libertad.
La revuelta que derrocó a Moamar Gadafi también acabó con Al-Saadi Gadafi, que dominó el balompié e intimidó a los jugadores durante la última parte del régimen de 42 años de su padre.
“Se trata del balón, y de patearlo sin miedo ni presiones para que podamos ganar por nuestro país, por la Libia libre”, dijo Alí al-Aswad, el técnico de la selección nacional y ex jugador del club Al Ahli de Trípoli, el favorito del fallecido dictador.
El fútbol de Libia estuvo en las sombras desde febrero, cuando la rebelión contra el régimen de Gadafi estalló en el país del norte de África. Los jugadores salieron del territorio libio para jugar en equipos de naciones vecinas o se unieron a los insurgentes.
Días después de que las fuerzas que combatían a Gadafi ocuparon Trípoli a finales de agosto, el entrenador asistente Abdul Hafid Arbesh fue a buscar futbolistas en los alrededores de la todavía caótica capital. Quería armar un equipo nacional con el fin de llevarlo en una aventura épica a Egipto para el primer partido internacional de Libia bajo la bandera revolucionaria roja, verde y negra que sustituyó al estandarte verde del antiguo régimen.
Después de un largo viaje en autobús y varias escalas en avión el equipo de Arbesh estaba en un estadio en la capital egipcia para enfrentar a Mozambique en un partido camino a la Copa Africana de Naciones. Libia ganó 1-0.
Dos hijos de Gadafi, al-Saadi y Mohamed, dominaron el fútbol libio y, junto con su padre, aterrorizaron a los jugadores. Al-Saadi Gadafi fue el presidente de la federación de fútbol de Libia hasta que huyó a Níger en septiembre. También tenía ambiciones como futbolista, y usó su dinero e influencia para jugar en Libia, e incluso, brevemente, en Italia con el club Perugia.
“Todas las decisiones las tomaban ellos”, dijo al-Aswad. “El nos decía cuándo jugar, cómo jugar, y si debíamos jugar”.
Al-Saadi podía retirar de la cancha a la selección nacional minutos antes de un partido al otro lado del mundo, afirmó al-Aswad.
Sobornaba a los jugadores estrellas para que anotaran en algunos partidos y los amenazaba con palizas si marcaban en otros. Le ordenó a un equipo en Bengasi que empatara. Al-Aswad incluso culpa a al-Saadi de la muerte de un famoso jugador, Bashir Riyan, en 2004.