El estadio Maracaná en Rio de Janeiro: un templo para todos los amantes del fútbol.
Pero también es conocido porque vio morir los sueños del país, el 6 de julio de 1950.
Ese día, Brasil perdió la final del Mundial frente a su pequeño vecino Uruguay.
Una sorpresiva derrota 2-1 que enmudeció a la platea, y que pasó a la historia como el “Maracanazo”, una sombra que se extiende hasta nuestros días.
Con cinco títulos mundialistas, Brasil ha reforzado su reputación como potencia futbolística. Pero para muchos brasileños, sólo hay una forma de cerrar la herida que abrió el “Maracanazo”.
Por su parte, los uruguayos están invocando el espíritu del “Maracanazo” para la próxima Copa, a la que clasificaron con mucha dificultad. En una publicidad de Puma, sponsor de la camiseta oficial, el fantasma del 50 vuelve para asustar a los brasileños.
Un documental relata la mayor hazaña futbolística de Uruguay: la segunda y última Copa que ganó el país.
Entre los espectadores que asistieron al estreno se encuentra Alcides Ghiggia, único superviviente de aquel partido, y el que anotó el gol de la victoria uruguaya.
El “Maracanazo” inspira a los uruguayos como la historia de David y Goliat. A los brasileños les recuerda que nunca deben subestimar a su oponente.