Ser técnico campeón con un equipo chico y un grande no es tarea que ocurra a menudo en el fútbol hondureño. Julio González lo consiguió primero en el banquillo del Victoria y luego con Olimpia.

“Ambas ocasiones las disfruté, así que le voy a los dos. Estar en una gran final es impagable. Me gustaría estar allá. Veré cómo le hago para ver los dos partidos por Internet”, le dijo ayer a GOLAZO desde su natal Montevideo, Uruguay.

Con los jaibos en 1994 fue histórico. Empataron 0-0 en La Ceiba y en el propio Nacional un tanto de Enrique Centeno Reneau les dio el 1-1 del título (el gol de visitante valía doble).

“Teníamos un equipo balanceado, gente de experiencia, aunque inexperto en finales. Ser campeón con Victoria era distinto; era su primera vez. No se me olvida el regreso a La Ceiba, donde la gente nos estaba esperando de madrugada, la emoción de don César Nasthas (presidente) al levantar la copa, el abrazo de felicidad de Carlos Fiallos (directivo)”.

En aquella ocasión, González mandó al campo a Carlos Padilla, Miguel Güity, Raúl Martínez Sambulá, José García, Javier Martínez, Erick Fú, Geovany Gayle Alarcón, Renán Aguilera, Enrique Centeno Reneau, Álvaro Izquierdo y Juan Reyes Grueso. Ingresó Hernán Fúnez. Dejó subcampeón a su compatriota Estanislao Malinowski.

Del presente ve meritorio que los lecheros estén en los duelos por el campeonato, “a pesar de los problemas económicos. Cuando entrenas todo se olvida, pero luego volvés a la casa y tu cabeza anda en otras cosas”.

DEL OTRO LADO

Pasaron cuatro torneos más y el exportero de Peñarol se tomó la segunda copa en su cuenta personal, ahora con los merengues. Era el campeonato 1998-99, González vino a la carga para sustituir a Gilberto Yerwood en los últimos 10 partidos, “los ganamos todos. El España era el equipo al que se debía vencer. Tenía dos jugadores por puesto.

Era increíble con Flavio Ortega al mando, pero lo vencimos 1-0” gracias al gol de Denilson Costa (1-1 en la ida).

Por cosas del destino, a Julio González le tocó la suerte de hacer debutar en ese campeonato a una de las figuras más importantes de la historia del fútbol nacional: Óscar David Suazo Velásquez.

“Venía del Mundial Juvenil (Nigeria) y debutó en un 4-1 ante Motagua”, recordó.

OTRA MARCA DE ORO

A González también le correspondió investigar y decidir la contratación de una figura que brillaría ayer y hoy.

Danilo Javier Tosello, “cuando estuve con el Puebla de México lo vi jugando para Tigres, luego se fue a Defensores de Uruguay. Viajamos con Osman Madrid para saber más de él. Juan Ahuntchaín (DT de la selección charrúa en 1996-07) nos dijo que era uno de los mejores cinco pateadores de Sudamérica. Creí que exageraba; con el tiempo me di cuenta de que no era así”.

En esos días, sentados a una mesa tenía a los jugadores Gilberto Yearwood, Juan Carlos y Nahún Espinoza, “les dije que sacaran el curso de entrenadores. No estaban convencidos porque sostenían que los directivos solo miraban al exterior para contratar.

Mi satisfacción es verlos ahora dirigiendo, igual a Raúl Martínez Sambulá”, terminó diciendo don Julio, un señor campeón con grandes y chicos.