Con un cariño casi incondicional a los cigarrillos y al alcohol, el estilo de vida de la leyenda del fútbol Sócrates pudo haber causado la condena de varios entrenadores. Pero, tras su muerte el domingo, lo que nadie discute es que fue un maestro del mediocampo, una leyenda. Según versiones médicas, Sócrates murió tras sufrir un choque séptico relacionado con una infección intestinal.
Sócrates, que con su visión casi telepática y su habilidad podía desbloquear una defensa con cualquiera de sus piernas, es ampliamente recordado como uno de los grandes futbolistas de todos los tiempos.
Con su banda en la cabeza y la barba poblada, el hombre que nació como Socrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira se convirtió en el símbolo de toda una generación de aficionados al fútbol.
Nunca llenó el estereotipo de los futbolistas. Con opiniones filosóficas contundentes, haciéndole honor al gran maestro griego, Sócrates nunca se preocupó mucho por cohibirse a la hora de expresarlas.
Eso lo llevó a que al “Doctor” se le conociera no solo por sus habilidades con el balón, sino también por sus posiciones políticas y su activismo.
Política y revolución
Sus dos pasiones se fundieron a mediados de los años 80 en el seno del Movimiento Democrático Corinthians, cuando, en el ocaso del régimen militar brasileño, el club de Sao Paulo se convirtió en el único equipo del mundo que llevaba a cabo elecciones democráticas internas. Un símbolo claro de rechazo al Gobierno castrense. Probablemente, la mayoría de los futbolistas de su edad nombrarían a Pelé o a Garrincha como sus ídolos. Sócrates tenía a otros en la lista.
Entre sus héroes estaban Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, los hombres que lideraron la Revolución Cubana y el ex Beatle y activista por la paz John Lennon. “Cuando le puse a uno de mis hijos Fidel, mi madre me dijo: ‘Es un nombre un poco fuerte para un niño’. Y le respondí: ‘Madre, mira lo que me hiciste a mí’”. Como el trío anterior, Sócrates participó en la actividad política, pues sentía que era una obligación hacerlo. “La gente me dio el poder como un futbolista popular”.
“Si la gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos. Si yo estuviera del otro lado, no del lado de la gente, no habría nadie que escuchara mis opiniones”.
“Lo mejor que el fútbol me dio fue la oportunidad de conocer a los seres humanos. Conocí a personas que sufrieron muchísimo y también conocí el otro lado de la sociedad, los que lo tienen todo. Pude ver las dos caras de la sociedad en la que vivimos”.
El doctor, que se negó a jugar fútbol profesionalmente hasta que no finalizó sus estudios universitarios a los 25 años, ejerció la medicina en la ciudad brasileña de Ribeirao Preto. Lo hizo cuando decidió colgar sus zapatos deportivos en 1989. Su actitud ante la vida que se reflejaba en su estilo relajado al jugar, tuvo millones de seguidores, no solo en Brasil, sino en todo el mundo.