Consejos para ser una buena mamá

Para lograr ese objetivo lo primero es deshacerse del “perfeccionismo” y aceptar ser “lo suficientemente buena” para nosotras mismas y nuestros propios hijos.

San Pedro Sula. Ser madre es una de las más grandes bendiciones en la vida de una mujer. Ya sean hijos propios o adoptados, cuando se asume esa responsabilidad con amor y compromiso, el primer anhelo en el corazón de esa madre es convertirse en la “mejor de todas” para sus hijos.

Eso implica autoimponerse una presión que no se puede resistir ni física ni emocionalmente. La psicóloga clínica Astrid Valle nos explica cómo se puede ser una mejor mamá cada día, sin torturarnos con el estereotipo de perfeccionismo autoimpuesto.

¿En qué consiste ser una buena mamá? “Ser la mejor en cualquier ámbito en que nos desenvolvamos creo que va a ser siempre una meta que nosotros tengamos. En este caso en específico de ser mamá, a mi criterio es tratar de ser la mejor versión que nosotros podemos ser. Y eso parte de una individualidad y requiere mucha responsabilidad, conocimiento. No es lo mismo ser mamá hace 20 o 30 años como nuestras mamás lo fueron a los tiempos actuales.

Requieren darse ese permiso de desaprender quizá cosas del pasado que quizá no fueron tan agradables de experimentar y queremos hacerlo de diferente manera con nuestros hijos.Yo creo que en general es un empoderamiento que nosotros debemos tener como mujeres como mamás para cumplir con ese rol de la mejor manera que nosotras podamos.

¿Por qué las madres debemos dejar a un lado el afán de ser una mamá perfecta? Quiero hacer énfasis en que no existe una mamá perfecta porque antes de ser mamá somos mujeres, y como seres humanos cometemos muchos errores, somos imperfectos. Somos una carga demasiado grande que nos imponemos al querer ser perfectos y que jamás vamos a llegar a satisfacer, nos puede producir mucha tristeza, mucha frustración, mucha impotencia y hasta culpa, por ello quitémonos eso de querer ser la mamá perfecta.Hablémonos bonito sobre la mejor mamá que podemos ser para nuestros hijos, y eso se va a transmitir directamente a ellos.

¿Qué consecuencias tiene tanto en la madre como en los hijos tratar de seguir ese estereotipo? Es una carga demasiado fuerte que quizá se las estamos imponiendo a nuestros propios hijos. En ese sentido, ellos van a creer que al pedirles o exigirles que se comporten de cierta manera, que hablen de cierta o sientan de cierta manera no se llenan las expectativas de mamá. Entonces para los hijos puede ser triste o frustrante no llegar a lo que mamá desea. Consecuencias hay aun en la adultez, se puede incluso complicar en características de personalidad que debiliten la salud mental.

¿Por qué es tan importante la salud mental de la madre? Es de suma importancia y es una responsabilidad de cada una de nosotras. Tener espacio para nosotras mismas diariamente para cuidar nuestra salud mental. Aquí entran varios factores, como las redes de apoyo que podamos tener, la corresponsabilidad con nuestra pareja, el padre de nuestro hijo.

Él también es importante para nuestra salud mental. Es bien importante reconocer los cambios físicos, mentales y emocionales que nosotras tenemos al ser mamás. Pero hay un principio de orden y lógica, para que nuestros hijos estén bien nosotros tenemos que estar bien. Al tener eso claro, tener que cuidar nuestra salud mental en lo que nosotros consideremos importante.

¿Qué recomendaciones te gustaría darles a las madres para ser la mamá que sus hijos necesitan? Lo que habíamos hablado anteriormente, cuidar mucho nuestra salud mental, priorizar que nosotros estemos bien para que nuestros hijos estén bien, tener una red de apoyo, es bien importante.

A través de las redes sociales, estas redes de apoyo se vuelven más accesibles, por ejemplo, de lactancia, crianza respetuosa. Nuestra familia, nuestra propia mamá, hermanas, tías, todas estas personas que puedan ser de apoyo. Importante también es hablar y pedir ayuda cuando lo necesitemos. A veces nos cuesta, nos sentimos madres “superpoderosas” y a veces se vale decir ya no puedo, estoy cansada, necesito guía, necesito apoyo; saber pedir ayuda es muy importante.

Conclusión. “La madre perfecta no existe, punto”, coincide Claire Nicogossian, psicóloga clínica, y así lo explica en su audio libro “Mama, You Are Enough: How to Create Calm, Joy, and Confidence Within the Chaos of Motherhood” de venta en Amazon: Como terapeuta, uno de los temas recurrentes más comunes que surge en la terapia son las madres que luchan contra su deseo de perfeccionismo y se preguntan cómo ser una buena madre. Lo tomo como una misión clínica para ayudar a las mamás a dejar de lado esta noción de ser una ‘madre perfecta’, cómo trabajar a través de los instintos detrás del perfeccionismo y, en cambio, comenzar a abrazar la imperfección”.

Nuestros hijos necesitan aprender a través de nuestro ejemplo. Parte del proceso de crecimiento significa cometer errores a través de prueba y error. A medida que un niño crece, también lo hace una madre, adquiriendo sabiduría y experiencia a lo largo del camino, incluso cometiendo errores y fallando.

A continuación compartimos precisamente las 10 maneras de ser una mamá grandiosa e imperfecta sin morir en el intento que sugiere Nicogossian.

1. CUÍDATE: Uno de los mayores regalos que le puedes dar a tu familia es cuidarte a ti misma. Al tomarte el tiempo para cuidarte, crea una forma de ser más saludable y fuerte que te permite cuidar a los niños y otras personas en tu vida de manera más completa y placentera.

2. ÁMATE Y ACÉPTATE: Las madres son asombrosas al poder amar incondicionalmente a sus hijos. Pero, ¿con qué frecuencia tienes una voz crítica en tu mente, juzgando tus esfuerzos, menospreciándote y criticándote a sí misma? Silencia a la crítica y aumenta el diálogo interno positivo.

3. TEN PACIENCIA: Date cuenta de que eres mamá para toda la vida. A lo largo de su vida, tu hijo tendrá muchas relaciones. Comprende que ser madre de un niño es un compromiso de por vida para nutrir, enseñar, cuidar, guiar, amar y apoyar el crecimiento de otra persona a lo largo de la vida.

4. DI NO AL APEGO EMOCIONAL: Crea una vida para ti separada de tu hijo. Tu hijo te necesitará de diferentes maneras a lo largo de su vida. Estar disponible para él es fundamental siempre, pero también lo es tener una vida de amigos, intereses y actividades separada de tu hijo. Es positivo para tu salud mental.

5. APRENDE A DISCULPARTE: Cuando cometes un error, haces algo hiriente, pierdes los estribos u olvidas hacer algo es importante aprender la habilidad de disculparse. Aprende a hacerlo cuando cometas un error o tengas un comportamiento que lastime a otra persona o afecte una situación con tu hijo.

6. ESCUCHA A TU HIJO: Los niños comunican muchas cosas a través del comportamiento y de las palabras. Escucha a tu hijo cuando tenga algo que decir, enfoca tu atención en él. Si no estás de acuerdo con sus comentarios, escucharlo contribuye a su desarrollo y confianza en sí mismo.

7. TIEMPO DE CALIDAD: Pasa tiempo de calidad con tus hijos. Los padres están más ocupados que nunca en estos días. Tu hijo necesita tiempo de calidad regular y rutinario contigo. Haz de esto una prioridad todos los días. Haz preguntas y sé curiosa. Las respuestas que te dan pueden deleitarte .

8. NADA PERSONAL: A veces es más fácil entender a un niño pequeño que dice “no” y hace una rabieta que cuando un preadolescente o adolescente tiene un comportamiento similar. No tomes su comportamiento como algo personal. Es probable que tenga más que ver con el desarrollo infantil que contigo.

9. EXPRESA TUS EMOCIONES: Muestra tus sentimientos, pero no abrumes a tu hijo. Modelar cómo manejar sus emociones es una lección importante para los niños. Cuando sientas, por ejemplo, tener un mal día decirle a tu hijo: “Mami se siente molesta por algo que sucedió hoy, ¿puedo estar un poco más tranquila?”.

10. DÉJALO SER. Permite que tu hijo sea quien es. La personalidad y el temperamento son características fuertes de un niño. Por supuesto, como madres queremos influir, moldear y exponer a nuestros hijos. Parte de nuestro trabajo es encontrar un equilibrio entre el estímulo y la influencia.

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