La salud mental es, en definitiva, un estado del ser humano que afecta de manera positiva la forma de vivir. Es por ello que cuando no hay salud mental se ve alterado prácticamente todo, y las relaciones de pareja no son la excepción.
La pareja puede llegar a tener una comunicación deficiente porque una falta de salud mental dificulta la comunicación efectiva, y cuando hay depresión, ansiedad u otros trastornos, expresar emociones y necesidades se vuelve más difícil, lo que lleva a malentendidos y frustraciones en la pareja.
Esta situación también lleva a quien la padece a aislarse emocionalmente, lo que crea una sensación de distancia entre los miembros de la pareja.
Una mala salud mental también genera desafíos en la intimidad física y emocional, y hay trastornos como la depresión que pueden disminuir la libido.
Mientras que la ansiedad y el estrés pueden dificultar la capacidad de relajarse y conectarse íntimamente.La pareja también podría sentirse sobrecargada al tratar de apoyar a alguien que enfrenta problemas de salud mental, y el agotamiento emocional podría desembocar en poca comprensión.
Además se ve afectada la toma de decisiones, que llevaría a conflictos; se ve alterada la capacidad de mantener un trabajo estable y por ende poner en riesgo la estabilidad financiera
Lea: ¿Qué hacer si su pareja pelea mucho?
La salud mental y la familia
La salud mental positiva dentro de una familia conlleva una serie de beneficios significativos para todos sus miembros. No subestime su importancia y la necesidad de buscar ayuda si lo necesita. Esa decisión puede marcar la diferencia.
Ambiente emocional estable. Un entorno familiar con buena salud mental proporciona un espacio emocionalmente estable y seguro. Esto promueve la confianza, la comunicación abierta y la expresión de emociones de manera saludable.
Relaciones más positivas. Los miembros de la familia pueden establecer relaciones más positivas y gratificantes entre sí cuando están mentalmente equilibrados. Se fomenta la comprensión, la empatía y el apoyo mutuo.
Resiliencia ante desafíos. Una buena salud mental fortalece la capacidad de la familia para enfrentar desafíos y crisis. Los miembros pueden trabajar juntos de manera más efectiva para superar situaciones difíciles.
Modelo de comportamiento. Los padres y tutores que cuidan su salud mental actúan como modelos a seguir para sus hijos. Estos aprenden a priorizar y mantener su propia salud mental a lo largo de sus vidas.